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Sábado, 4 de Agosto de 2012

El primer gabinete democrático egipcio genera incertidumbre

Está en juego saber si los islamistas son capaces de gobernar para todo el país, incluidas las minorías liberal y cristiana.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN ·04/08/2012 - 12:34h

EFE/Gobierno egipcio - El presidente Mohammad Mursi da una rueda de prensa durante su visita a Luxor (Egipto) el 3 de agosto de 2012.

El primer gabinete democrático que ha asumido el poder en Egipto esta semana consta de 35 miembros y su composición refleja cierta perplejidad e indecisión por parte de los dos islamistas más poderosos del país que lo han formado, el presidente Mohammad Mursi y el primer ministro Hisham Qandil. En el Gobierno tan solo hay cuatro ministros de los Hermanos Musulmanes, cuyo partido ganó holgadamente en primavera las elecciones legislativas, con el 40% de los votos, unas elecciones que posteriormente fueron anuladas por el tribunal constitucional. Esto puede indicar que Mursi y Qandil desean aparentar que no se sienten ligados a su propio partido y quieren gobernar para el conjunto de Egipto.

Y eso es precisamente lo que está en juego, si los islamistas son capaces de gobernar para todo el país, incluidas las minorías liberal y cristiana. El talante del flamante Gobierno muestra que se ha dado un paso en esa dirección; no obstante, el tiempo dirá si el deseo de calmar y satisfacer a los liberales y a las demás fuerzas políticas minoritarias es tan solo coyuntural u obedece a una estrategia consolidada de los islamistas.

El hecho de que no figure ningún ministro del principal partido salafista, Al Nur (aunque hay un ministro salafista de otro partido), responde a la resistencia de esta corriente radical, que en las legislativas obtuvo el 30% de los sufragios, a participar en una aventura que consideran fracasada desde el principio ya que no tiene un programa claramente islamista, así como a la marcha atrás que han dado los Hermanos Musulmanes en varios compromisos que alcanzaron con Al Nur.

Nuevas legislativas en otoño

Las legislativas anuladas se celebrarán de nuevo en otoño, cuando se aclarará la composición del parlamento que debe controlar al gobierno. En los meses que faltan hasta entonces los egipcios podrán evaluar el comportamiento de los ministros y sobre todo de los islamistas. Esta circunstancia también ayuda a pensar que Mursi y Qandil aspiran a dar una imagen de moderados que atraiga votantes indecisos a los Hermanos Musulmanes.

Si la escasez de ministros islamistas puede suscitar rencor entre los seguidores de los Hermanos Musulmanes, la continuidad del mariscal Hussein Tantawi, de 76 años, como ministro de Defensa ha disgustado a egipcios de prácticamente todas las tendencias, y señala que los militares se reservan una gran parcela de poder. La decepción viene de que Tantawi desempeñó ese mismo cargo bajo la tutela de Hosni Mubarak.

Siete ministros del gobierno saliente que fue designado por los militares se mantendrán en el nuevo ejecutivo, incluidos los titulares de Finanzas y de Asuntos Exteriores, que son dos ministerios clave, una decisión que tampoco ha sentado bien a muchos egipcios. De hecho, el diario Al Hayat ha comentado que el nuevo gobierno es una filigrana que tiene dos pivotes con aspiraciones distintas, los islamistas y los generales.

Uno de los ministerios clave, el de Información, ha ido a parar a manos de un islamista, lo que significa que la televisión estará por primera vez en sus 50 años de historia a las órdenes de un hermano musulmán, una decisión polémica que han criticado los liberales.

En el gabinete hay dos mujeres y una de ellas es cristiana copta. Los cristianos comprenden aproximadamente el 10 por ciento de la población egipcia y se sienten profundamente discriminados. Esta misma semana se han registrado en El Cairo enfrentamientos sectarios entre coptos y musulmanes, algo que ocurre con relativa frecuencia.

"Hemos de dejar de preguntar quién es copto, quién es musulmán y quién es salafista", dijo Qandil en la ceremonia de presentación del gobierno. Sin embargo, el sectarismo está tan arraigado que se necesitará mucho tiempo hasta que la sociedad egipcia logre cambiar su visión.

Egipto ha experimentado un continuo viraje hacia el islamismo conservador desde mediados de los años setenta, cuando Arabia Saudí empezó a exportar el islamismo wahhabí hacia el resto de Oriente Próximo y Europa. Esta ideología profundamente conservadora ha calado en amplios sectores de la sociedad egipcia y ahora por primera vez tiene la oportunidad de dirigir la política del país.