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Viernes, 3 de Agosto de 2012

'Prometheus', entre película existencial y de alienígenas

Ridley Scott regresa al género de ciencia ficción treinta años después de ‘Blade Runner'

MARÍA JOSÉ ARIAS ·03/08/2012 - 10:51h

Este viernes llega a los cines Prometheus, una película que ha generado una enorme expectación por partida doble. Primero, porque supone el regreso a la ciencia-ficción de Ridley Scott, que no tocaba este género desde que estrenase en 1982 la mítica Blade Runner. Segundo, porque Prometheus nació como una precuela de Alien, el octavo pasajero que fue creciendo y ganando entidad propia hasta convertirse en una película con un universo propio ajeno, hasta cierto punto, al creado en la ‘cuatrilogía' de Alien. A medio camino entre la película existencial y la espectacularidad del cine de alienígenas, Prometheus navega entre dos puertos sin terminar de atracar en ninguno de los dos.

Prometheus parte de preguntas existenciales que han perseguido a la humanidad desde sus inicios. ¿De dónde venimos? ¿Quién creó al ser humano? Una serie de pictogramas encontrados en varias pinturas ancestrales que distan entre sí varios siglos ponen sobre la pista a una pareja de científicos formada por Shaw (Naomi Rapace) y Holloway (Logan Marshall-Green). Esas pinturas son un mapa, una invitación de seres de otro mundo a buscarles. Sus descubridores aceptan el reto. Ella quiere respuestas, conocer a esos ‘dioses' que dieron la vida al ser humano. Él, más incrédulo, busca emociones fuertes, un desafío.

¿De dónde venimos? ¿Quién creó al ser humano? son cuestiones que se plantean en la pregunta

Descubierto el mensaje, una poderosa empresa pone en marcha una expedición espacial con el fin de encontrar a lo que han dado en llamar los 'hacedores'. Esos seres que crearon al  hombre y lo colocaron sobre  la Tierra. La nave Prometheus, que debe su nombre al dios griego, es la encargada de transportar a los escogidos miembros de la expedición. En ella viajan una cantidad limitada de personas con funciones y personalidades opuestas. Además de Shaw y Holloway, los inspiradores del viaje, con ellos navegan la fría y calculadora Vickers (Charlize Theron); Janek (Idris Elba), un hombre duro cuya misión es pilotar y mantener a salvo a su tripulación y David (Michael Fassbender), un androide con ínfulas cuya misión, a priori, es ejercer de sirviente. Hay más personajes, pero contribuyen más al relleno y a alargar la carnicería alienígena que a otra cosa.

 El germen de Prometheus se encuentra en ese ser que aparecía en un segundo plano en Alien, el octavo pasajero y que los seguidores de la franquicia conocen como Space Jockey. Una criatura que a Ridley, director de aquel primer Alien, siempre interesó y que ha querido explotar más de 30 años después. La idea original era rodar una precuela de aquella historia de 1979. Sin embargo, a medida que el guión se fue escribiendo y el proyecto avanzando, Prometheus empezó a ganar peso por sí misma y a distanciarse del universo Alien originando uno propio. Sin embargo, por mucho que lo que se ideó como una precuela ahora no lo sea, es imposible no ver en esta película reminiscencias del mundo Alien.

Una atmósfera asfixiante

Como en sus cuatro predecesoras, en Prometheus se explota de nuevo la idea de un grupo de personas muy dispares entre sí acosadas por unos seres de otro mundo cuyo único propósito es acabar con ellos. En circunstancias normales, no serían capaces de hacer nada juntas, pero en una situación de tensión y riesgo para sus vidas, no les queda otra que unirse para plantar cara a la criatura que quiere acabar con ellos. La unión hace la fuerza, dicen. Como debe ser -el género lo manda así-, irán cayendo uno a uno. Una atmósfera de tensión, angustia y juegos de sombras acompañan a Prometheus, unas sensaciones que se han repetido a lo largo de toda la franquicia. Pasillos circulares que evitan tener una visión completa de la zona, recovecos, espacios cerrados y oscuros... Una escenografía pensada para potenciar la angustia y la claustrofobia.

Scott recupera elementos de 'Blade Runner' y 'Alien'

Ridley Scott, considerado todo un maestro de la ciencia ficción, regresa al género que lo encumbró recuperando elementos que ya explotó tanto en Blande Runner como en la primera Alien. En Prometheus los personajes femeninos tienen una fuerte presencia y la idea de la maternidad frustrada también aflora. No llegan al nivel de la teniente Ripley, pero son capaces de imponerse a otros masculinos con empaque como el 'tipo duro' de Idris Elba o el androide de Michael Fassbender. Sí, en esta, como en las anteriores, hay un androide. Un ser creado a imagen y semejanza del ser humano del que es mejor no fiarse. Algo que el espectador notará desde el minuto uno, no como la 'ingenua' tripulación.

El coguionista, Damon Lidelof, incorpora guiños de la serie 'Pérdidos'

Pero además de la mano de Scott, se nota la de Damon Lidelof, coguionista del guión de la película y un viejo conocido para los seguidores de la serie de Perdidos. Algo hay en el desarrollo de la trama prometeica de lo que vivieron los personajes de la isla. Los llamados ‘losties' no tendrán problemas para captar las ideas recurrentes. Para los seguidores de la saga de Alien también hay algún que otro guiño, como el diseñó de la nave, que recuerda a la media luna que se veía en Alien, el octavo pasajero. Prometheus no es una precuela de Alien, queda claro, pero tiene mucho de ella. Es algo así como un esqueje de la originaria y sin ella no podría haber existido.

Más preguntas que respuestas

Dicen los responsables de este proyecto que con esta película han creado un universo nuevo, que navega solo y que es el principio de una nueva saga. Se habla de una segunda entrega para 2015 y lo cierto es que la que se estrena este viernes deja la puerta abierta de par en par a nuevas entregas. Prometheus plantea muchas más preguntas de las que responde, se olvida de las explicaciones y parece más un prólogo que un primer capítulo.

La película deja al espectador con más preguntas que respuestasA caballo entre la película existencial y la pura ciencia-ficción alienígena, se queda a medias en ambas ideas. A ratos Scott se centra en el entretenimiento puro y duro, en explotar los recursos del cine que hace tres décadas no tenía para el primer Alien. Y por momentos parece que se acuerda de las preguntas existenciales que planteaba de inicio volviendo a ellas de forma recurrente. Un ir y venir que deja al espectador con más preguntas que respuestas y la esperanza de que en la próxima se expliqué el porqué de muchas ideas que sobrevuelan Prometheus sin llegar a aterrizar.