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Viernes, 3 de Agosto de 2012

La Antártida vuelve sobre sus pasos: calor y bosques de pinos

Dos estudios británicos respaldan la teoría de temperaturas de 20ºC en los Polos hace 50 millones de años

DAVID BOLLERO ·03/08/2012 - 10:09h

©Emiliano Peralta-Medina

Hace una semana, la NASA revelaba con alarma que la superficie helada de Groenlandia había sufrido un deshielo sin precedentes en la historia reciente. Ahora, dos investigaciones británicas sostienen que los Polos podrían haber estado cubiertos bosques hace millones de años, sugiriendo la imagen insólita de la costa antártica salpicada de palmeras.

Así se desprende de una reciente investigación llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Glasgow, que ha determinado que hace 50 millones de años la temperatura en las regiones polares podría haberse situado por encima de los 20 grados centígrados.

El doctor James Bendle de la Universidad de Glasgow, se embarcó hace dos años en una expedición de perforación en la costa oriental de la Antártida, en la región de Wilkes Land. Allí, los científicos perforaron el lecho marino hasta un kilómetro de profundidad y extrajeron muestras fosilizadas de polen, conservadas en ese espacio durante millones de años tras haber sido transportados a esos sedimentos por la acción del viento, el agua o los propios insectos

Tras el análisis de estos fósiles, los expertos determinaron que durante el Eoceno, hace entre unos 48 y 55 millones de años, la concentración de gases de efecto invernadero era tan elevada que las temperaturas medias subieron en todo el Planeta, manifestándose sus efectos con más crudeza en ambos Polos. Así, las temperaturas en la Antártida rondarían los 16ºC en las costas, con veranos de 21ºC. En cuanto a los inviernos, éstos serían mucho más templados que en la actualidad a pesar de que, como ahora, las horas de luz eran mínimas.

Los expertos han determinado que el polen procede de plantas que vivían en dos entornos diferentes: por un lado, el procedente de la llanura y tierras bajas, con un ambiente tropical cálido y plagado de helechos, baobabs y palmeras. Por el otro, la montaña, donde se extendían los bosques de hayas y coníferas.

El doctor James Bendle, que concibe todo el proceso de investigación como una especie de viaje en el tiempo, sostiene que "las muestras de sedimento del Eoceno constituyen la primera evidencia que tenemos de lo que sucedió en la Antártida durante esta era tan vital". El científico asegura que las moléculas orgánicas que se han preservado desde el período eocénico en las bacterias del suelo confirman que la temperatura era al menos tan cálida como indica el polen.

Crecimiento el doble de rápido

Los resultados de esta investigación van muy en la línea con la realizada por otros dos expertos hace unos meses. Los paleontólogos de Royal Holloway de la Universidad de Londres, el mejicano Emiliano Peral-Medina, y el británico Howard Falcon-Lang -descubridor el año pasado de fósiles inéditos recogidos por Darwin- también establecieron este aumento de la temperatura apoyándose en el análisis de fósiles del Cretáceo, hace unos 100 millones de años.

Después de crear una base de datos de cada bosque fosilizado descubierto a partir de esta edad -varios miles de muestras- y haberlos situado en el mapa, su estudio sugiere que "los bosques de araucarias (coníferas) cubrían la mayor parte del Planeta, especialmente en los trópicos. En las latitudes medias, habría cipreses y cerca del Polo Norte, la vegetación predominante serían los pinos", explica el mejicano. Habría sido justo antes de la extinción de los dinosaurios cuando "todo habría cambiado", continúa el científico, "y arboles florales parecidos al magnolio habrían aparecido por primera vez".

Este mismo estudio también ha abordado la anchura de los anillos en los troncos de árboles fosilizados, utilizándolo como una métrica para establecer la tasa de crecimiento. En base a ello, los expertos concluyen que los árboles del Cretáceo crecían dos veces más rápido que sus actuales descendientes; un efecto, además, que se acentuaría según la proximidad a los Polos.

En este sentido, Falcon-Lang, desvela que "algunos de los árboles fosilizados de la Antártida tenían anillos de más de dos milímetros de ancho de media. Ese ritmo de crecimiento es muy usual en árboles que crecen en climas cálidos, lo que nos dice que las regiones polares en la era de los dinosaurios habrían tenido un clima muy parecido al actual en Reino Unido".

Coincidiendo con sus colegas escoceses, Falcon-Lang atribuye este fenómeno a las "extremadamente altas concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, al menos 1.000 partículas por millón (ppm), comparado con las actuales 393 ppm".

Resultados aleccionadores

Ambas investigaciones hayan su propia moraleja. Falcon-Lang advierte de que "si no frenamos el crecimiento de las concentraciones de dióxido de carbono, alcanzaremos los niveles del Cretáceo en menos de 250 años. Si eso sucede, podríamos volver a ver bosques en la Antártida aunque", bromea, "es improbable que los dinosaurios regresen".

Por su parte, Bendle explica que "los niveles de CO2 eran naturalmente altos a principios del Eoceno, pero los niveles actuales de CO2 están aumentando rápidamente como consecuencia de la acción del hombre, de la combustión de combustibles fósiles y la deforestación".

Desde su punto de vista, "todavía no hemos llegado a los niveles del Eoceno, pero estamos creciendo a un ritmo más rápido, nunca antes visto en la Historia de la Tierra", hasta el punto de que "los niveles de CO2 ya se encuentran en un máximo sin precedentes desde el período cálido del Plioceno hace unos 3,5 millones de años". De alcanzar temperaturas en los Polos como en el Eoceno, el nivel del mal se elevaría al menos 60 metros, engullendo literalmente la mayor parte de las ciudades costeras como Nueva York, Hong Kong o Sídney.