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Miércoles, 1 de Agosto de 2012

Ni los mejores analistas occidentales previeron la inminente revuelta siria

El influyente 'The Economist Intelligence Unit' vaticinó un futuro tranquilo para Damasco. Los servicios de inteligencia de las potencias tampoco vieron venir la insurrección

EUGENIO GARCÍA GASCÓN ·01/08/2012 - 09:27h

Refugiados sirios participan en una manifestación en contra del presidente de Siria, Bashar Al-Assad, en Amman. Ali Jarekji /Reuters

En febrero de 2011, apenas unos días después de que el exdictador egipcio, Hosni Mubarak, fuera apartado definitivamente del poder en El Cairo, su colega sirio, Bashar al Asad, manifestó pública e inequívocamente que las recientes revoluciones de Túnez y Egipto jamás podrían repetirse en su país puesto que el pueblo sirio apreciaba al régimen y su resistencia contra el sionismo y el imperialismo.

Apenas había formulado Al Asad este pronóstico, miles de habitantes de la ciudad de Derá, al sur del país, salieron a la calle para protestar contra la detención y el interrogatorio de varios adolescentes que habían escrito pintadas contra el régimen. Era el 15 de marzo, el primer día de una rebelión que inicialmente fue pacífica, pero que desde el principio sufrió una represión rotunda y sangrienta.

El pronóstico de Al Asad no fue el único erróneo. Expertos en Oriente Próximo muy cualificados formularon augurios similares en los meses precedentes, lo que indica que algunas veces las profecías de los expertos pueden equivocarse tanto como las de personas corrientes, y esto fue exactamente lo que sucedió en Siria.

Los e-mails del régimen sirio descubiertos por Wikileaks --y a los que Público ha tenido acceso en exclusiva mundial en lengua española-- indican que Al Asad se sentía sólido y seguro, y no adivinaba lo que le esperaba a la vuelta de la esquina: una rebelión en toda regla que enseguida puso en jaque a los gobernantes y que pronto se extendió desde el epicentro de Derá hasta las provincias más alejadas del país.

Al Asad manifestó en febrero de 2011 que las revoluciones de Túnez y Egipto no podrían ocurrir en su país

Un informe de The Economist Intelligence Unit (EIU) de junio de 2010 que analiza la evolución de la situación política y económica en Siria para el futuro inmediato –abarca la segunda mitad de 2010 y todo 2011-- comenta que el régimen de Al Asad “tal vez realice algunas reformas políticas limitadas” en ese periodo, pero insiste en que su posición no está amenazada. “El presidente Al Asad previsiblemente se mantendrá en el poder durante 2010 y 2011, y a pesar de ciertas tensiones en el interior del régimen, no hay ninguna amenaza significativa para su Gobierno”, vaticina el informe.

La rebelión siria cogió por sorpresa a prácticamente todos los analistas, y no sólo a los de EIU, de la misma manera que las revueltas de Túnez y Egipto no fueron pronosticadas por nadie, incluidos los propios regímenes, hasta que ya se encontraban en marcha, y esto incluye a los servicios de inteligencia de las potencias occidentales, entre las cuales está Estados Unidos.

El informe de EIU también vaticinaba una mejora de las relaciones de Siria con Occidente y con los “principales países árabes”. Sin embargo, la realidad ha ido por un camino completamente distinto, especialmente con Arabia Saudí, un país suní que combate encarnizadamente el chiísmo en todos los frentes: Irán, Irak, Siria y Líbano, Bahrein o la propia Arabia Saudí, y que en el último año y medio ha sufragado generosamente el aprovisionamiento de armas de los rebeldes suníes de Siria.

Mejores relaciones entre Damasco y Washington

Las previsiones con las que trabajaban los sirios incluían la del establecimiento de un nuevo embajador estadounidense en Damasco, que en junio de 2010 ya había sido nombrado aunque aún no contaba con la aprobación del Senado. En ese momento Estados Unidos llevaba cinco años sin embajador en Siria, de manera que los analistas de EIU creyeron que en 2011 se podría experimentar un acercamiento entre Damasco y Washington, al margen de Israel, lo cual se ha mostrado siempre inviable.

Es más, inmediatamente después del inicio de las protestas en Derá, Washington aprobó una serie de sanciones económicas y políticas contra Siria, incluido el Commercial Bank of Syria y Syriatel, la principal compañía de telefonía móvil del país, que está en poder del clan de Al Asad, y que enseguida se extendieron a responsables políticos y militares del régimen.