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Miércoles, 4 de Julio de 2012

Todos somos Iniesta

El MVP de la Eurocopa recuerda que juega "para ser feliz, no para ganar Balones de Oro"

ALFREDO VARONA ·04/07/2012 - 11:03h

REUTERS - Iniesta saluda a los aficionados a su llegada a Madrid.

Un cuerpo sin tatuajes también admite al mejor futbolista de la Eurocopa. Buenafuente lo definió una vez como "el hombre que se bebe las copas de tres en tres". Ayer no era fácil de reconocer en la Plaza de Cibeles, con un bombín en la cabeza, hasta que Reina le pasó el micrófono. Entonces Andrés Iniesta (1984) se acordó que él es un hombre de pueblo y que su vida es parte de la nuestra. Al menos, su vida pública de futbolista en la que tantas veces desafió a lo imposible.

Hoy ya tiene 28 años, porque el tiempo pasa, pero el balón no se separa de él. De hecho, descendió del avión, que lo trajo desde Kiev, con el balón de la final entre los brazos. Llevaba razón Iniesta. No era día para separarse de él. Ni siquiera para olvidarse del SMS que le acaba de pasar Neymar en el que le cita para la final del Mundial de Brasil 2014. Iniesta ya tendrá 30 años, pero probablemente no sean demasiados para un futbolista que sabe vivir en paz. "Juego para ser feliz, no para ganar Balones de Oro".

Iniesta es una parte del éxito, un hombre con más literatura en los pies que en los labios. Su vida empezó casi en la España profunda ("mi padre y sus hermanos han trabajado siempre en la obra y en el campo"). Pero aprendió a arriesgar, a desafiar al músculo, a coger un micrófono y a decir lo que siente. Y descubrió que no pasaba nada porque los defensas fuesen más altos que él y tuviesen más músculo. Iniesta descubrió la seguridad en sí mismo y la potenció hasta lo excepcional.

Hoy, forma parte de ese catálogo reservado para gentes escasas. "Sabía que me costaría, pero estaba convencido de que iba a triunfar". A los 11 años, comenzó testa historia que ahora le tiene con "el corazón alegre", como si fuese la letra de una canción de los Estopa. Acaba de ser elegido MVP de la Eurocopa y en el viaje de regreso de Kiev, que ha sido más feliz del que realizó a los once años desde Albacete a Barcelona por carretera, han regresado esas imágenes que nunca desaparecen.

Aquel día, "en el que no teníamos fuerza ni para comer", Iniesta dio un paso decisivo en su vida, olvidó la felicidad del niño de pueblo, se separó de sus padres y de su hermana pequeña y se alistó, solo, en La Masia. "Éramos una familia muy unida, pero me quedaba otro remedio. Era el único modo de intentar conseguir mi sueño". Hoy, que está más que conseguido, Iniesta no olvida ese pasado ni los tres meses que su padre necesitó ahorrar dinero para comprarle unas Adidas Predator, porque entre las familias humildes pasan estas cosas. "Cada vez que miro aquellas botas me acuerdo de ese detalle, y no me importa todo el dinero que puedo tener ahora".

Sin ser un líder, Iniesta es un futbolista con enorme capacidad de contagio. "Un pedazo de persona", gritó Reina en Cibeles, "que ha llegado al corazón de todos los españoles". Máximo accionista del Albacete (el equipo de su tierra), es ahora un futbolista de una reputación incalculable. A su lado, podría hacerse un tratado de la vida en el que sólo habría un problema: el guión difícilmente sería más exitoso. "En La Masia creces rápido y vives a velocidad de crucero". Sus respuestas casi siempre son breves, aunque naturales. Ha aprendido de gente culta, que también la hay en el fútbol y que le recordaron a él lo fácil que puede resultar perder el norte "entre tanto dinero para un futbolista".

Pero Iniesta, sin necesidad de apuntarse a lo superficial, no tiene miedo. "Llevo una vida muy normal". Y en esa vida no todas las fotografías son perfectas. "Me como mucho la cabeza. La gente me dice que no lo haga, pero me afectan mucho las cosas, las vivo muy de cerca". A los 28 años, ya tiene una edad madura y una memoria imborrable. Ha comprobado que el fútbol, como a veces pasa con la vida, te devuelve lo que le das y que el éxito no tiene por qué hacernos peores personas. Él vive a su lado desde los 15 años cuando Serra Ferrer le llamó para entrenar con el primer equipo del Barça. ¿Acaso era normal a esa edad? No, en realidad fue algo excepcional como el Mundial, la Eurocopa... O sea, Iniesta en estado puro.