Archivo de Público
Jueves, 31 de Enero de 2008

El Guadiamar vuelve a su cauce

El CSIC inaugura una muestra diez años después del desastre de Aznalcóllar

OLIVIA CARBALLAR ·31/01/2008 - 21:36h

Llenar 630 veces el volumen de La Giralda, dos veces la pirámide de Keops o 4.600 campos de fútbol con los lodos tóxicos vertidos al río Guadiamar tras la rotura de la balsa minera en Aznalcóllar (Sevilla), en abril de 1998, habría sido posible. Han pasado diez años del mayor desastre ecológico de Europa y la Estación Biológica de Doñana (CSIC) rinde homenaje a aquellas personas que contribuyeron a la limpieza de la zona con la exposición Guadiamar: ciencia, técnica y restauración. La muestra, que se inaugura hoy en Sevilla, pretende contar a los ciudadanos la mayor descontaminación hidrológica del continente.

"Queremos enseñarle a la gente qué es hoy el Corredor Verde del Guadiamar, un espacio privado que pasó a ser público y cuya salud ambiental es actualmente mejor que la que tenía antes del desastre", afirma el director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), Fernando Hiraldo. Tras la adquisición pública de la propiedad de los terrenos, la Junta de Andalucía ejecutó los trabajos de restauración, construyó equipamientos recreativos de uso público e incluyó la zona en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía.

Hiraldo lamenta, sin embargo, que fuese necesario un desastre ecológico para que las administraciones pusieran en marcha planes de actuación en un espacio que debería haberse protegido mucho antes. "Tuvimos la frustración de no tener la suficiente fuerza para concienciar a las administraciones del problema".

Desde varias ópticas

La exposición, que se podrá visitar hasta el 30 de junio en el Pabellón del Futuro de la Isla de la Cartuja, aúna la visión del desastre y su recuperación desde varias ópticas: colectivos implicados, humoristas gráficos, jóvenes grafiteros, niños... "Además, queremos transmitir a la gente que las catástrofes mineras son más frecuentes de lo que pensamos", afirma Hiraldo.

¿Cuánto tiempo se tarda en recorrer la exposición? "Pues depende del interés de cada uno, pero, como mínimo, una hora", adelanta. Los 2.000 metros cuadrados de espacio la convierten en la mayor muestra celebrada en España de temática ambiental, según sus organizadores.

El único fleco que puede enturbiar el final feliz del Corredor Verde es la dura batalla legal que aún mantiene enfrentadas a las administraciones central y autonómica con Boliden Apirsa, la multinacional sueco-canadiense que explotaba la mina. La vía penal quedó archivada al no demostrarse indicios de delito. Y todas las sentencias administrativas contra Boliden han sido recurridas. Así que para conocer al completo el final de la historia, aún habrá que esperar.

 

El accidente de las minas de Aznalcóllar

Por Miguel Ferrer, director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) en 1998 

La catástrofe de Aznalcóllar fue, sin duda, uno de los desastres ambientales que mayor interés despertó en el mundo y uno de los más graves de Europa occidental, no sólo por su envergadura, sino también por haber ocurrido en las proximidades de uno de los parajes naturales más importantes y emblemáticos de Europa: Doñana.

Las denuncias sobre la falta de estabilidad de la presa por parte de ecologistas y técnicos se habían sucedido durante más de una década antes de la rotura final. Tan sólo ocho meses antes del accidente, la Estación Biológica de Doñana (CSIC) volvía a pedir un plan de emergencia ante la eventualidad de una rotura de la balsa, petición que fue de nuevo desestimada. Por tanto, el accidente no se puede considerar inesperado y es evidente que no fuimos capaces entre todos de evitar que ocurriese, a pesar de los numerosos antecedentes. Una mayor atención a las advertencias previas avaladas por informes científicos y técnicos parece necesaria.

La normativa europea de contaminación en ecosistemas terrestres, revisada tras los accidentes de Doñana y el Danubio, obliga ahora a las empresas responsables a asumir el gasto de la recuperación de la zona afectada, lo que sin duda es un gran avance. No obstante, la existencia de un plan de emergencia es la mejor garantía para limitar el daño y el costo de la limpieza y debería ser una obligación normativa para este tipo de balsas, incluso cuando la actividad minera ya ha cesado. Debido a la ausencia de un plan de emergencia, las primeras horas de la catástrofe fueron de enorme incertidumbre. La reacción de los responsables ambientales, especialmente del entonces director del Parque Natural de Doñana y de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, fue acertada. El primer objetivo en una situación como la vivida el 25 de abril de 1998 es limitar la extensión afectada y tratar de confinar el agua contaminada en un lugar donde su depuración y tratamiento sea factible.

La creación, por iniciativa del entonces presidente del CSIC, César Nombela, de un comité científico de seguimiento de la catástrofe, que emitió su primer informe sólo cuatro días después del accidente, tuvo un papel fundamental en el asesoramiento directo a las administraciones y en la comunicación pública, constituyéndose en referente riguroso e independiente en un momento de alarma social, contribuyendo así a serenar la situación para que las propuestas razonables se pudieran llevar a cabo. Desgraciadamente, algunos accidentes posteriores demostraron que, lejos de ser un ejemplo, el papel de los científicos en Aznalcóllar sólo fue una excepción en un panorama donde los condicionantes políticos suelen imponerse.