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Lunes, 28 de Mayo de 2012

Cannes premia a Haneke por su obra maestra 'Amour'

El director austriaco es recompensado con la Palma de Oro a la mejor película.

ÁLEX VICENTE ·28/05/2012 - 08:38h

Dos películas habían marcado un Festival de Cannes al que le costó bastante arrancar. Cuando lo hizo, cedió un lugar a obras tan mayores como Amour, de Michael Haneke, y Holy Motors, de Leos Carax. El jurado oficial presidido por Nanni Moretti ha atorgado todos los honores a la primera, pero dejando al margen del palmarés a la segunda. Ambas hubieran merecido repartirse a medias los premios principales de esta 65ª edición del festival.

A falta de ese escenario tan ideal como improbable, habrá que conformarse con una merecidísima Palma de Oro a Amour, una durísima experiencia sobre la proximidad de la muerte, la decrepitud del cuerpo y la supervivencia del cariño a cargo de uno de los directores menos capacitados para inspirar alegría de vivir. "Es culpa de los periodistas, que siempre te ponen un sello en la frente. Se dice que soy el director de la violencia. Esta vez he querido serlo del amor", explicó ayer Haneke tras recibir el premio.

Es cierto que en su nueva película se detectan brotes verdes de ternura infrecuentes en su filmografía, aunque no prescinda del todo de una visión monstruosa del ser humano, transformado en terrible criatura a su pesar en la recta final de la vida. Se trata de la segunda Palma de Oro para el director austriaco, sólo tres años después de La cinta blanca. Las leyes de la probabilidad parecían invalidar la posibilidad de un nuevo premio, pero el sentido común terminó dominando, ni que fuera durante un rato, la deliberación del jurado.

El jurado prefirió promocionar el cine de autor ajeno al circuito hollywoodiense

No se puede decir lo mismo respecto al resto del palmarés, repleto de películas menores y poco consensuales, que habían recibido críticas generalmente tibias, cuando no algún que otro abucheo. Empezando por los injustos premios de interpretación para el danés Mads Mikkelsen por su papel de maestro de preescolar acusado de pedofilia en The Hunt, a cargo de Thomas Vinterberg, uno de los fundadores del Dogma 95. Mikkelsen, que fue el eurovillano de turno en Casino Royale, está más que correcto. Pero su interpretación es digna de un cortometraje de escuela de cine al lado de la potestad de Jean-Louis Trintignant, inmenso en la cinta de Haneke, que supone su regreso tras trece años alejado del cine.

El jurado también apostó por afianzar a talentos desconocidos ante intérpretes consagrados premiando a Cristina Flutur y Cosmina Stratan, las dos actrices protagonistas de la cinta rumana Dupa Dealuri (Más allá de las colinas), lo nuevo del director Cristian Mungiu, ganador de la Palma de Oro en 2008 por Cuatro meses, tres semanas y dos días. Moretti y sus acólitos olvidaron así a la que parecía gran favorita: Marion Cotillard, sobre la que los últimos (y falsos) rumores decían que volaba desde Los Angeles para recoger el premio.

Tampoco el cine estadounidense, que representaba cerca de un tercio de la competición, salió victorioso de la cita en la Croisette. Mud, del prometedor Jeff Nichols, que había sonado como posible sorpresa de última hora, se marchó con las manos vacías, igual que David Cronenberg, Wes Anderson, John Hillcoat, Andrew Dominik, Lee Daniels y Walter Salles. "A título personal, diré que algunos realizadores parecen más interesados en su estilo que en sus personajes", dijo Moretti desde el principio en la rueda de prensa inicial, sin precisar cuáles. Más tarde, al ser interrogado sobre la ausencia de cine estadounidense, que cabe decir que había decepcionado y mucho, Moretti no se cortó. "Si el festival hubiera ido a buscar películas de bajo o bajísimo coste, tal vez hubiera encontrado cintas menos bien acabadas y más en bruto, pero también más auténticas y vitales", dejó caer.

El mexicano Carlos Reygadas se lleva el premio al mejor director El jurado prefirió promocionar el cine de autor ajeno al circuito hollywoodiense. De entrada, concediendo el Gran Premio del Jurado a Reality, del italiano Matteo Garrone (Gomorra), una reflexión sobre la telerrealidad entre ingenua y condescendiente, rodada por un director incapaz de aceptar Gran Hermano ni como placer culpable. El mexicano Carlos Reygadas, que había generado abucheos con un experimento pretencioso pero hipnótico, Post Tenebras Lux, se llevó el premio al mejor director. "Gracias a los periodistas, que hace tres o cuatro días que no dejan de elogiarme", ironizó desde el escenario al recoger su premio.

Tal vez lo más injusto sea conceder el Premio del Jurado, que tradicionalmente se atorga a una película pequeña pero prometedora, al veterano Ken Loach por una de sus películas más menores e irritantes, The Angels' Share, donde reformula su tesis habitual -la clase obrera irá al paraíso-, aunque con un estilo tosco, una historia tramposa y un mensaje dudoso. Siempre comprometido, el director dedicó el premio a "todos los que padecen los programas de austeridad y recortes".