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Miércoles, 18 de Abril de 2012

La terapia más costosa no es más efectiva contra el cáncer de próstata inicial

Reuters ·18/04/2012 - 18:32h

Por Genevra Pittman

Un estudio sugiere que la terapia de protones tan costosa y de alta tecnología no sería más efectiva contra el cáncer de próstata que las opciones más comúnmente utilizadas.

Esa terapia de alto costo, muy promocionada por las instituciones que la utilizan, puede causar más efectos adversos que la radioterapia de intensidad modulada (RTIM).

"Este estudio es la evidencia más sólida hasta ahora de que la terapia de protones no sólo no es mejor, sino que probablemente tampoco es tan buena como la RTIM", dijo el doctor Matthew Cooperberg, urólogo de la University of California, en San Francisco, quien no participó del estudio.

Los resultados sugieren que los pacientes contarían con múltiples opciones terapéuticas cuando se trata de tumores prostáticos iniciales y localizados, como la cirugía o la espera vigilada.

El equipo del doctor Ronald Chen, de la University of North Carolina, en Chapel Hill, utilizó datos de un registro oncológico nacional con información sobre el tratamiento de unos 13.000 beneficiarios de Medicare con cáncer de próstata diagnosticado a partir del 2000. Los hombres tenían más de 66 años.

En ese momento, menos del 1 por ciento de los tumores localizados en la glándula se trataban con RTIM, una terapia mínimamente invasiva para no dañar los órganos alrededor de la próstata. El resto recibía radioterapia conformal, que era el tratamiento estandarizado anterior.

En el 2008, casi el 96 por ciento de los hombres recibió radioterapia focalizada de alta dosis.

La RTIM estuvo asociada con un 10-20 por ciento menos riesgo de padecer problemas estomacales y fracturas de cadera que la radioterapia conformal, en la que más órganos quedan expuestos a la radiación. Pero la RTIM también aumenta un 12 por ciento el riesgo de desarrollar disfunción eréctil.

En cada año posterior a la radioterapia, el 2,5 por ciento de los hombres que habían recibido RTIM necesitó más tratamientos oncológicos, comparado con el 3,1 por ciento del grupo tratado con radioterapia tradicional. Esto sugiere que la enfermedad reapareció.

Según un análisis más reducido, los pacientes de Medicare tratados con terapia de protones, que es la radioterapia más avanzada, no evolucionaron mucho mejor ni peor que los tratados con RTIM. Pero el primer grupo tuvo más efectos adversos estomacales.

El uso de ambas tecnologías aumentó cientos de millones de dólares el costo del tratamiento del cáncer prostático, como señalan los autores en Journal of the American Medical Association.

Ahora, con la pérdida de popularidad de la radioterapia conformal, las opciones radiológicas tienden a ser la RTIM y la terapia de protones, que no está disponible en todos los centros.

El equipo estima que la construcción de las instalaciones para administrar la terapia de protones puede superar los 100 millones de dólares. Una ronda de tratamiento les cuesta a las aseguradoras hasta 100.000 dólares por paciente, mientras que la RTIM cuesta unos 50.000 dólares.

"Es un ejemplo de una terapia más costosa sin que exista evidencia de que sus resultados son superiores", dijo el doctor Eric Klein, de la Clínica Cleveland y que no participó del estudio.

"Existe una tendencia en el país a adoptar tratamientos más nuevos, costosos y promisorios, sin contar con demasiadas evidencias que prueben su superioridad", agregó Chen.

"Nuestro estudio demuestra que la RTIM es un buen tratamiento contra el cáncer de próstata", dijo. Hasta disponer de estudios más rigurosos, "los pacientes deberían optar por ese tipo de radioterapia", sugirió.

Otra buena opción para los hombres con un tumor prostático en estadio inicial es no recibir tratamiento y esperar para ver si el cáncer crece o si no produce daño alguno.

"Muchos hombres con enfermedad temprana, en especial los que son más grandes, no suelen necesitar. La vigilancia activa es muy importante. El cáncer de próstata es una enfermedad que cuenta con muchas opciones", dijo el doctor W. Robert Lee, radiooncólogo de la Facultad de Medicina de la Duke University, en Durham, quien tampoco participó del estudio.

FUENTE: Journal of the American Medical Association, online 17 de abril del 2012