Archivo de Público
Lunes, 16 de Abril de 2012

Griñán ya no es el que era (y Rubalcaba, tampoco)

ANTONIO AVENDAÑO ·16/04/2012 - 10:17h

EFE - Rubalcaba y Griñán aplauden durante un mitin.

Acertamos quienes confusamente intuíamos que el verdadero congreso federal del Partido Socialista se celebraba el 25 de marzo y no un mes y medio antes, que fue cuando oficialmente se celebró. Pero se trató un acierto al revés, como cuando alguien está soñando que al otro lado de la colina hay un río fluyendo hacia el sur, se dirige a la cima y, en efecto, hay un río al otro lado, pero su corriente avanza en sentido contrario al imaginado por el caminante.

Dábamos por hecho que las elecciones matarían al presidente y candidato socialista José Antonio Griñán y que, por tanto, tras esa noche del 25 de marzo habría que iniciar a toda prisa los trámites de su enterramiento, que algunos calculaban incluso despachar apenas terminado el recuento y recién proclamado ganador absoluto el aspirante popular Javier Arenas. El 25-M pasó algo importante, pero nadie lo previó: resultó que el río de la derrota no fluía hacia sur, sino hacia el norte. El 25-M no mató a Griñán, sino que lo resucitó.

El congreso federal de febrero que dio una ajustadísima victoria a Alfredo Pérez Rubalcaba frente a Carme Chacón aun a pesar del apoyo de Griñán a la dirigente catalana se celebró, como es obvio, antes de las elecciones andaluzas, y no pudo por tanto hacerse eco de lo que habría de ocurrir en ellas.

Fue un congreso conjetural al que los resultados electorales han hecho, de manera retrospectiva, doblemente conjetural. Lo ocurrido el 25-M ha convertido en una ficción lo que salió de ese cónclave de Sevilla porque el perdedor entonces fue Griñán y la cita electoral de marzo en Andalucía ha resucitado lo que la cita congresual de febrero en Sevilla había matado.

Griñán sufrió entonces una derrota orgánica, pero jamás ha habido derrota orgánica que no se cure con una victoria electoral, y eso es lo que arrojó el 25-M: una rotunda victoria electoral del secretario de los socialistas andaluces, pues, como muy bien saben CiU en Cataluña o Álvarez Cascos en Asturias, las victorias electorales no se miden en número de votos, sino en opciones de poder. El 25-M el PSOE andaluz nominalmente perdió las elecciones, pero realmente ganó el poder: es decir, ganó las elecciones.

25-M: un congreso federal por libre

Los comicios andaluces han sido una especie de congreso federal por libre que ha modificado sustancialmente la relación de fuerzas salida del cónclave de Sevilla. El 25-M ha tenido el efecto de desplazar hacia el sur el centro de gravedad del Partido Socialista: el verdadero poder interno ya no está en Ferraz, sino en San Vicente. Formalmente puede que siga estando en la sede federal de la madrileña calle Ferraz, pero realmente empieza a estar en la sede andaluza de la sevillana calle San Vicente. Ese es el nuevo hecho político que Griñán y Rubalcaba están obligados a gestionar conjuntamente: un hecho que no les va a ser fácil gestionar porque ambos tienen una opinión demasiado buena de sí mismos y eso siempre complica las cosas.

Antes del 25-M Griñán dependía de Rubalcaba, y todo indica que este no iba a dudar en enterrar a aquel incluso la misma noche de la derrota, pero tras el 25-M es Rubalcaba quien depende de Griñán, y todo indica que este no va a cometer el error ni a caer en la tentación de preparar el enterramiento inmediato de su frustrado sepulturero. Sin embargo, un secretario federal que no cuente con el respaldo y la complicidad de la principal agrupación socialista y de la única que tiene un poder institucional significativo en todo el país es un secretario general de mentira.

A lo cual hay que añadir además el hecho de que Rubalcaba salió elegido secretario general contra el criterio de Griñán, cuya victoria del 25-M trastoca retrospectivamente el significado y la importancia de aquel desencuentro, que antes del 25-M operaba en contra de Griñán, pero tras el 25-M lo hace en contra en Rubalcaba. Y Rubalcaba lo sabe. Lo sabe porque no puede no saberlo. Ambos líderes están obligados a gestionar con sumo tacto, es decir, respetando la dignidad del otro, la nueva situación.

Griñán ya sabe que hoy no es el que era antes del 25-M. La pregunta es si Rubalcaba sabe que tampoco él es hoy el que era antes del 25-M. La pregunta es si Rubalcaba sabe que el gran río del socialismo español ya no fluye de norte a sur sino al revés, y que la gestión eficiente y sostenible de su cuenca depende mucho más depende mucho más de lo que haga la confederación hidrográfica del sur que de lo que quieran hacer los desconcertados ingenieros del norte.