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Viernes, 13 de Abril de 2012

"Ni me creí el 'España va bien' ni me he creído ahora el 'España se hunde'"

'Madrid, 1987' llega a las salas. Una película en la que David Trueba retrata la colisión de dos generaciones en un cuarto de baño

THAÏS MUÑOZ ·13/04/2012 - 11:55h

Trece días y cinco metros cuadrados para rodar un breve encuentro entre dos personajes. Y hablar de toda una época. O de cómo los hombres que construyeron la Transición dieron paso a una generación indolora que, si apenas presenció los penúltimos estertores del franquismo, sí asistió a la fundación de la España europeizada que aceptó una aparente estabilidad a cambio de soberanía.

En Madrid, 1987, David Trueba nos mete en un baño con un buen guión y dos periodistas: Miguel (José Sacristán), un reputado articulista que viene de vuelta de todo, y el objeto a seducir, Ángela (María Valverde), una estudiante vocacional de lo que entonces eran Ciencias de la Información, hija de un militar fascista y admiradora de las buenas tintas.

Ninguna elección de esta película plagada de referencias literarias y cinematográficas es casual. Desde la estética de las imágenes, que en muchos momentos se inspira en los interiores retratados por el pintor Antonio López, hasta la elección del actor protagonista, una de las caras clave en el cine de la Transición. Todo remite a una historia y a un sentir que Trueba conoce bien y que le sirven para recordar que no podemos desprendernos de lo que fuimos ni de lo que seremos.

¿Qué es lo más difícil de rodar en tan poco espacio?

Generar la distancia entre los personajes habiendo tanta cercanía física. Hacer que dos personas que están pegadas en un sitio aparezcan totalmente distantes, incomunicadas. Y que la emoción del espectador lo entienda así. Eso es cine.

"Cuando uno cree que ha conseguido algo es el primer día de la pérdida" 

¿Un cuarto de baño también puede ser una cárcel?

Creo que los jóvenes siempre tienen la sensación de vivir en una prisión, casi siempre generada por el entorno social, de país, de pocas posibilidades de ver un futuro... Esa prisión de Ángela yo la he representado en un váter y metiendo dentro al personaje que representa el poder (Miguel). En ese momento el poder intelectual, que es el que a ella le fascina, porque no le fascina el poder económico, como le ha fascinado a tantos idiotas en los años posteriores. Encerrados ahí ella se da cuenta de hasta qué punto es débil ese poder intelectual y hasta qué punto ella tiene más fuerza.

¿Y de eso se sale?

No. Va con nosotros y luego lo que hacemos es aprender a convivir, a decir: 'En los contornos de esta prisión voy a tratar de ser libre'.

La película habla de toda una época únicamente a través de dos perfectos desconocidos

Son mucho más importantes. Damos demasiada importancia a la Historia como agente de la ficción cuando en realidad el ser humano, siendo siempre un personaje irrelevante, explica mejor que nadie lo que ocurre en su tiempo. Más que las grandes batallas o los grandes personajes. La película forma parte de una idea que tengo de contar los últimos cincuenta años de España a través de escenas íntimas entre personajes no históricamente relevantes.

"Detesto la autoridad. En eso soy totalmente contrario a lo que defiende el ministro del Interior" 

En 1987 era estudiante de periodismo: ¿Bueno, malo o regular?

Yo era un tipo bastante 'tocapelotas' (sonríe). No me conformaba con la explicación de que antes había sido muy duro y de que 'ellos' habían vencido al franquismo y que por lo tanto teníamos que estar satisfechos. En esos años entramos en el mercado común y en la OTAN a cambio de estabilidad. Aceptamos todos los chantajes y caímos de bruces en el pragmatismo. Perdimos los ideales.

Y usted no parece de esos...

La satisfacción siempre trae insatisfacción. Cuando uno cree que ha conseguido algo es el primer día de la pérdida. Yo he sido siempre un hombre insatisfecho y lo digo como un elogio. He sido una persona que no me he creído nunca los cuentos, ni los muy malos, ni los muy buenos. Ni me creí el 'España va bien', ni me he creído ahora el 'España se hunde'. Siempre pensé que iba igual de mal cuando crecíamos al 3% que ahora, porque iba bien solamente para unos cuantos.

"Yo era un tipo bastante 'tocapelotas'. No me conformaba con la explicación de que antes había sido muy duro" 

De algún modo, Ángela también se rebela contra la autoridad

Yo detesto la autoridad. En eso soy totalmente contrario a lo que defiende el ministro del Interior este que tenemos ahora. Yo estoy en contra. Creo que la autoridad es un engaño. Porque obliga a fingir: 'Este señor tiene una porra, por lo tanto yo tengo que fingir que estoy de acuerdo con lo que él me dice, pero porque tiene una porra'.

Generación tras generación... tampoco hemos cambiado tanto

El mundo es siempre igual, la gente es igual. Cada generación tiene un grado de herencia y un grado de ruptura. Y todas las generaciones, todas, por sucesos determinados de su país pierden la inocencia, entre los 16 y los 20 años.

José Sacristán, María Valverde y David Trueba, durante la presentación. EFE/Emilio Naranjo

 José Sacristán, María Valverde y David Trueba, durante la presentación. EFE/Emilio Naranjo.

 ¿Ser joven está sobrevalorado?

Siempre lo ha estado y ahora más. Les han elogiado mucho para que consuman la 'película' que 'ellos' quieren. Por eso les dicen: 'No hagas caso de lo que te digan, tú eres el que tiene la razón...' Nadie tiene la razón. No hemos aprendido a aceptar que nuestra piel envejece y que nos hacemos mayores. Constantemente nos dicen: 'Sólo se puede ser joven, sólo se puede ser bello'.

"El ser humano, siendo siempre un personaje irrelevante, explica mejor que nadie lo que ocurre en su tiempo"

Uno de los puntos fuertes de la película es la manera en que habla Miguel, la potencia de sus palabras

Yo lo llamo la retórica de la Transición. Quería que hablara con el tono característico de muchos intelectuales de la época. Era apabullante la forma que tenían de hablar, la corrección y la sentenciosidad. La primera vez que conocí a Vázquez Montalbán y que estuve hablando con él, lo primero que me llamó la atención es que hablaba puntuando y, cuando acababa, el párrafo era una columna.

La austeridad de la película trae a la mente el actual sometimiento a los recortes, la crisis...

Esa austeridad es pretendida, pero no es por las circunstancias económicas. Es una película que escribí cuando ya se empezaba a hablar de la crisis, pero no tiene una relación, digamos directa, con ella. Por ejemplo, algunas imágenes remiten muy conscientemente a las pinturas de Antonio López, pero lo que intentan reflejar con esa austeridad es la desnudez humana.

¿Qué fue antes, la crisis o la crisis del cine?

Creo que en general el cine y sobre todo el cine español vive en una anticipación a esta crisis. Creo que entró en crisis en 1916 (ríe)... ha vivido siempre con presupuestos muy pequeños, en posibilidades propagandísticas muy pequeñas. Las escuelas están llenas de gente que quiere hacer cine y la industria no tiene la envergadura para ello. España en otras cosas ha conseguido que la sociedad perciba que es un país que fabrica... algunas cosas ¿no? no sé... en el chorizo, en el embutido, somos una potencia mundial. Pero en el cine siempre hay que trabajar por debajo de las posibilidades.