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Martes, 10 de Abril de 2012

Trasplante renal de donante vivo EEUU favorece a pocos pacientes

Reuters ·10/04/2012 - 16:08h

Los estadounidenses que reciben un riñón de un donante vivo que no es un familiar suelen ser personas blancas, con alto nivel educativo y que viven en vecindarios más adinerados, según un estudio que insta a un mayor alcance en la promoción de la donación en vida.

Los investigadores, cuyos resultados aparecen en Journal of Urology, dijeron que los hallazgos demuestran que las barreras educativas y financieras dificultan el acceso de los pobres y de las minorías a la donación y recepción de un órgano.

"No estamos haciendo lo suficiente en este país para remover los desincentivos de la donación en vida", dijo Gabriel Danovitch, autor del estudio y director del programa de trasplante de riñón y páncreas de la University of California en Los Angeles (UCLA).

El riñón es uno de los pocos órganos que una persona puede donar en vida manteniendo una vida saludable, al conservar otro.

Desde 1990, los avances en la inmunosupresión han vuelto cada vez más segura la recepción de un órgano de alguien con quien no estamos biológicamente relacionados. Las técnicas de cirugía menos invasivas también facilitan la donación.

Pero mientras que los costos médicos para un donante vivo suelen ser cubiertos por el seguro de salud, hay otros gastos adicionales -como el viaje y el tiempo fuera del trabajo- que no.

Para ver quién era más propenso a donar, Danovitch y sus colegas observaron información sobre el total de 39.000 trasplantes renales adultos realizados en Estados Unidos entre 1997 y el 2007 que se produjeron con un donante vivo.

El equipo reunió información sobre educación, raza, tipo de cobertura médica, código postal y si las personas eran parientes.

Danovitch y sus colegas hallaron que las donaciones de riñón de personas no parientes se volvieron más comunes, trepando del 7 por ciento de los donantes vivos en 1997 al 26 por ciento en el 2006.

La amplia mayoría de los donantes sin vínculo familiar tenían una relación emocional con el paciente, como ser amigos. En pocos casos, no obstante, los órganos provenían de voluntarios sin relación alguna.

Con todo, el equipo descubrió que tanto los donantes como los receptores sin relación eran generalmente mayores y solían vivir en vecindarios de mayores ingresos que los donantes y receptores con relación, además de ser más propensos a tener un título universitario.

Los pacientes con mayor nivel socioeconómico eran probablemente más propensos a tener acceso a posibles donantes con recursos y propósitos similares, escribieron los autores.

"No se trata de que (las personas de grupos socioeconómicos más bajos) se preocupen menos por sus seres queridos, sino de que no pueden pagar el vuelo o el hotel ni perder su empleo", dijo Danovitch a Reuters Health.

Los donantes de riñón suelen tener que tomarse seis semanas fuera del trabajo luego del trasplante. Además, las barreras informativas explicarían por qué los receptores de órganos de donantes no relacionados son más proclives a haber tenido mayor educación.

Las diferencias culturales también serían un factor importante, según los investigadores.

Amber Reeves-Daniel, directora médica de trasplante de órganos abdominales del Centro Médico Bautista de Wake Forest, dijo que ha visto a receptores de trasplantes afroamericanos recibir casi siempre un riñón de donante vivo de un pariente.

"Creo que hay un sentimiento de cercanía en la estructura familiar afroamericana de 'vamos a hacer este trabajo'", dijo Reeves-Daniel, que no participó del estudio. "Si eso no funciona, entonces dicen 'solo recibiré un riñón de un donante fallecido'".

Pero el número de personas que espera un riñón de donante muerto supera enormemente la disponibilidad. Según datos oficiales, 91.000 personas están esperando ese órgano en Estados Unidos.