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Viernes, 23 de Marzo de 2012

Una dosis alta de eritropoyetina no reduce el tamaño del infarto cardíaco

Reuters ·23/03/2012 - 15:21h

Por James E. Barone

En un estudio aleatorizado realizado en Francia, el uso de una dosis alta de eritropoyetina (EPO) ayudó en el corto plazo, pero no redujo el daño del músculo cardíaco después de un infarto.

Los participantes tuvieron un infarto de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI, por su nombre en inglés).

"El ensayo, con el que probamos la dosis más alta de EPO que se haya inyectado jamás en pacientes con STEMI minutos después de la reperfusión, no pudo demostrar una reducción del tamaño del infarto de miocardio a los tres meses", dijo el doctor Fabrice Prunier, autor principal del estudio.

"De hecho, todos los ensayos clínicos aleatorizados no pudieron identificar efecto alguno en el tamaño del infarto", agregó.

El otro enfoque, que se está investigando con el ensayo Intra-Co-EpoMI, es el uso de una inyección de una dosis alta en la arteria coronaria inmediatamente antes de la reperfusión, explicó Prunier.

"Si este estudio no obtiene buenos resultados, será hora de suspender la investigación clínica sobre el uso de EPO en el STEMI", añadió.

En estudios con animales, el uso de EPO no sólo redujo el tamaño del infarto sino también mejoró la función del ventrículo izquierdo, según publicó el mes pasado American Heart Journal.

Los 110 pacientes del nuevo estudio recibieron el tratamiento habitual con anticoagulantes, medidas de soporte convencionales e intervención coronaria percutánea. Además, recibieron al azar 1.000 UI/kg de epoetina beta inmediatamente luego de la reperfusión o formaron parte de un grupo de control.

A los cinco días y a los tres meses se les realizaron resonancias magnéticas del corazón para determinar el tamaño del infarto y la función cardíaca.

A diferencia de los 53 pacientes del grupo de control, en los 57 tratados con EPO mejoró la función ventricular izquierda a los cinco días, aunque los niveles pico de creatinina quinasa (CQ) fueron similares en ambos grupos.

A los tres meses, no hubo diferencia en el tamaño del infarto o la función cardíaca entre los grupos.

El equipo de Prunier, de CHU Angers, planteó en el artículo publicado por qué los resultados obtenidos en los animales no se replicaron en los seres humanos.

"La EPO tendría distintos efectos en las distintas especies. Aunque la EPO redujo el tamaño del infarto en la mayoría de los modelos de infarto de miocardio en ratones, ratas y conejos, no pudo hacerlo en ovejas y cerdos. Además, el momento de administración de la EPO en los ensayos clínicos no habría sido la indicada", detalló.

Los autores no precisaron el costo de la dosis de epoetina beta, pero según la información del sitio de internet de la Johns Hopkins, el costo de venta promedio de una dosis de 1.000 UI de epoetina alfa en Estados Unidos es de unos 18 dólares.

El doctor Harlan M. Krumholz, profesor de medicina Harold H. Hines Jr. (Cardiología) de la Facultad de Medicina de la Yale University que no participó del estudio, comentó que la investigación es "un adecuado ensayo abierto de Fase II".

Pero aseguró que, por ahora, no observa un papel de la EPO en el tratamiento del infarto de miocardio o para seguir investigando de manera más exhaustiva.

"Me gustaría más ver estudios independientes de Fase II antes de expresar mi entusiasmo por un ensayo más grande. Este estudio no es lo suficientemente sólido como para modificar la práctica clínica o promover un ensayo clínico más grande", dijo Krumholz.

Y Prunier coincidió: "Por ahora, la administración de EPO a pacientes con STEMI no tiene valor alguno".

FUENTE: American Heart Journal, 2012