Viernes, 24 de Febrero de 2012

Una marcha de discapacitados es reprimida con violencia cerca del Palacio de Morales

EFE ·24/02/2012 - 00:50h

EFE - Centenares de discapacitados bolivianos ingresan a La Paz (Bolivia), al término de una caravana de cien días para exigir al presidente Evo Morales un subsidio anual de 341 dólares.

La caravana de discapacitados que llegó hoy a La Paz tras recorrer Bolivia en sillas de ruedas o con muletas durante 100 días, para pedir al presidente Evo Morales un subsidio, terminó con choques violentos cuando la Policía reprimió su intento de llegar al Palacio de Gobierno.

Los discapacitados marcharon 1.400 kilómetros por carreteras de cinco de las nueve regiones del país, para tratar de sensibilizar a Morales, hasta ahora sin éxito, y pretendían entrar a la plaza Murillo, donde está el Palacio Quemado, sede de la Presidencia, resguardada por cientos de antidisturbios.

Oficiales de la Policía explicaron que la orden del Gobierno era impedir el paso de la marcha hasta la plaza, lo que desató violentos choques que duraron casi dos horas.

Los discapacitados, algunos semidesnudos para mostrar sus lesiones, usaron sus muletas y partes de las sillas de ruedas para enfrentarse a los policías, según comprobaron corresponsales de Efe.

Los agentes golpearon a los manifestantes con sus escudos, lanzaron gases lacrimógenos y usaron descargas eléctricas, aplicándolas a los metales de las sillas de ruedas, lo que originó una mayor reacción de los discapacitados y la solidaridad de gente que pasaba por el lugar.

La refriega dejó heridos en ambos lados, más algunos desmayados por los gases, y la policía detuvo a cuatro familiares de los manifestantes, que piden un subsidio anual de 431 dólares.

En la caravana iban madres que cargaban a sus hijos con parálisis cerebral, lisiados en diverso grado y cojos que empujaban sillas de ruedas, carretillas artesanales y diversos vehículos improvisados para llevar a otros aún más discapacitados.

El choque tuvo un momento de gran tensión cuando un lisiado trepó con dificultad a una camioneta llena de agentes antidisturbios y rompió a puñetazos y piedra el parabrisas del vehículo, aún en movimiento, hasta hacerlo retroceder.

Otro momento difícil se produjo cuando los discapacitados hicieron caer a unos de los antidisturbios en medio de la trifulca y lo golpearon hasta que fue rescatado por agentes de inteligencia.

Un grupo se desnudó parcialmente para mostrar sus problemas físicos, se bajó de las sillas de ruedas y se arrastró hasta donde estaban los policías, para intentar así vencer la barricada, nuevamente sin éxito.

El representante del Defensor del Pueblo, Gregorio Lanza, dijo a Efe que fue lamentable la violencia policial contra uno de los grupos más vulnerables de la sociedad, mas aún cuando se había pedido la instalación de una mesa de diálogo con el sector.

"Estos hechos de violencia lo único que hacen es degradar la democracia, porque al final no resuelven los problemas", afirmó Lanza, y lamentó que el Gobierno no pueda tender puentes

Varios discapacitados criticaron a Morales porque en su Palacio recibe a productores de hoja de coca, materia prima de la cocaína, y a otros sectores leales, pero les cierra el paso a ellos.

En sus cánticos reclamaban un trato digno y no limosnas, porque, según dijeron, el subsidio para los presos es mayor que el aprobado por Morales para ellos.

Los dirigentes de la movilización, entre ellos el diputado de oposición Jaime Estivaris, afirmaron que el subsidio que comenzó a pagar el miércoles el Gobierno, de 143 dólares anuales, es insuficiente para las necesidades de los discapacitados graves.

La suma representa una ayuda diaria de apenas 40 centavos de dólar, que los dirigentes consideran escasa porque Morales creó en 2008 un fondo para ellos que en este momento debería tener 23 millones de dólares, pero el Gobierno solo planea darles un 10 %.

Una mujer que caminó desde la Amazonía a La Paz, Julia Torrillo, cuyo hijo de 13 años padece parálisis cerebral, dijo que sólo en medicamentos gasta 600 dólares mensuales.

La caravana, respaldada en varias ciudades por vigilias de limitados físicos, tuvo dos bajas fatales, la de un niño que murió ahogado durante la marcha y la de un hombre de 55 años que falleció tras dejar una de las protestas.