Viernes, 5 de Octubre de 2007

Final del cromosoma, fin de la célula

Investigadores descubren nuevas pistas sobre la relación entre el envejecimiento celular y el cáncer

JAVIER YANES ·05/10/2007 - 00:02h

Los telómeros, en verde

Cada uno de los cromosomas que cifran la información genética de la célula es una larga cadena de ADN empaquetada en una estructura prieta, como un rollo de cuerda.

El cabo de este rollo debe mantenerse protegido para que no se deteriore, y esto se consigue mediante los telómeros, extremos de los cromosomas que los científicos suelen comparar a los remates de plástico de los cordones de los zapatos.

Pero el papel de los telómeros no se limita a una mera necesidad estructural. Su presencia y su funcionamiento inciden de modo fundamental en los mecanismos que regulan el envejecimiento y su alter ego, la inmortalidad, que a escala celular se traduce en un resultado indeseable: el cáncer.

Relojes moleculares

Los cromosomas se copian cada vez que la célula se divide, de manera que las dos células hijas heredan un genoma completo. En este proceso, los telómeros actúan como relojes moleculares, marcando el tiempo de vida que le resta a la célula: en cada división, se acortan.

Al cabo de 10 ó 12 divisiones, los telómeros ya no superan la longitud mínima necesaria para que la célula prosiga su ciclo normal. Es el momento conocido como senescencia. Si la célula trata de seguir dividiéndose, el tamaño inadecuado de los telómeros provoca una ruptura de los cromosomas que suele desencadenar la destrucción de la célula.Esta semana, un equipo de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), bajo la dirección de Duncan Baird, ha publicado en la revista Genes & Development cuál es este límite mínimo de la longitud de los telómeros que permite a la célula seguir progresando: 12,8 copias de una corta secuencia de ADN que se repite una y otra vez en esta región del cromosoma.

En total, unos 77 pares de bases.Algunas células evitan el destino fatal de la vejez reparando el deterioro progresivo de los telómeros. Para ello cuentan con una enzima denominada telomerasa, que completa los fragmentos perdidos en cada división. Las células madre y las embrionarias necesitan esta capacidad para mantener su potencial replicativo, pero las cancerosas hacen un uso perverso de este rescate para burlar al reloj.

ARN telomérico

Otro avance publicado hoy en la revista Science se adentra en los mecanismos que ligan a los telómeros y la telomerasa con el destino final de la célula. Científicos de Suiza e Italia, dirigidos por Joachim Lingner, han roto uno de los dogmas que manejaban los expertos. Hasta ahora, se asumía que el ADN de los telómeros no ejercía como código genético; en otras palabras, que su misión era estructural, pero que a diferencia de otras porciones del cromosoma, no contenía información cifrada.

El trabajo de Lingner muestra que el ADN del telómero se copia a ARN, un paso intermedio necesario para que el código genético se lea. Los resultados sugieren que este ARN está implicado en la regulación de los telómeros. El cómo, será cuestión de futuras investigaciones.