Miércoles, 15 de Febrero de 2012

Un hijo de la élite que fue campesino

FERNANDO VICENTE ·15/02/2012 - 02:10h

Xi Jinping será este año secretario general del Partido Comunista Chino (PCCH) y el que viene presidente del Estado que ya ejerce como la única potencia global capaz de disputarle su hegemonía a EEUU. Nacido en 1953 en Shaanxi, es un hijo de la más alta oligarquía del aparato, pero también procede de la China rural más humilde. Su padre, gracias a su organización del PCCH en el norte del país, que posibilitó La Larga Marcha de la revolución que llevaría a Mao Tse Tung al poder en 1949, llegó a ser su viceprimer ministro y jefe de propaganda del partido. Pero, cómo no, en 1962, una de las periódicas purgas de Mao lo llevó primero a la cárcel y luego a un campo de trabajo.

Es ahí donde empieza la historia de por qué "el público ve a Xi como un hombre del pueblo", como dice en el The New York Times Ho Ping, autor de La Biografía de Xi Jinping, aún no traducida del chino. Con su familia condenada a la pobreza y con sus escasos 15 años, Xi Ping acabó en el tosco norte rural de su familia, en provincia de Shaanxi, en "una aldea golpeada por la pobreza, donde, durante siete años, trabajó con los campesinos, comiendo pan de paja de maíz y durmiendo en una cama infestada de pulgas", cuenta Ho Pin. El futuro hombre fuerte chino llegó a vivir en una cueva.

Xi Ping no es sólo considerado como uno de los suyos por un pueblo llano que, según Ho, está desilusionado con el presidente saliente chino Hu Jintao, "cauteloso tecnócrata carente de talento y voluntad política para llevar al país en una nueva dirección". También está convencido de que su duro pasado le convierte en un futuro reformador social, defensor de los intereses del pueblo. Una vez más, las raíces de esa imagen se hunden en la historia de su padre, Xi Zhongxun.

El camino al poder

Un hombre que, tras sobrevivir a la Revolución Cultural, fue rehabilitado por Deng Xiaoping en 1979 para convertirse en uno de los escasos líderes reformistas del país y en uno de los mucho más escasos que se atrevieron a criticar la matanza de Tianan-men el 4 de junio de 1989.

Es cierto que a Xi, el encarcelamiento de su padre, lejos de rendirlo, lo llevó a seguir sus pasos políticos para trepar desde el atrasado mundo rural chino hasta la cúpula de su clase dirigente.

Otra parte de su historia que no adorna precisamente su imagen reformadora con un baño de rebeldía, pero que vuelve a recordar la biografía de su padre. En ese mundo de subsistencia que pinta el biógrafo, en 1974, Xi ya era uno de los responsables de la comuna en la que trabajaba y, un año después, con sólo 22 años, conseguía ser readmitido en la élite del partido y volver a Pekín con una beca en el bolsillo para hacerse ingeniero químico en la Univesidad Tsinhua.

A partir de ahí, se inicia su exitosa carrera política de cargo en cargo, que da el primer paso importante con su nombramiento como alcalde y, después, gobernador de la provincia de Fujian, frente a la Isla de Taiwán. Allí, de su capacidad para atraer inversiones de la antigua Formosa, nace su fama de pragmático defensor del mercado. Xi incluso estuvo en Muscatine, una pequeña localidad de Iowa, en 1985, integrado en una delegación china que viajó a Estados Unidos para conocer algunos de sus programas agrícolas.

Su imagen de sobriedad y sencillez, alimentada por su uso cotidiano del transporte público, es populista, pero logra contrarrestar su pertenencia al exclusivo grupo de sangre azul de los hijos de dirigentes del PCCH y a su consiguiente sofisticación, de la que da muestra su matrimonio con Peng Liyuan, embajadora de China ante Unicef y famosísima cantante especialista en música popular.

Otros datos indican que Xi no vive ajeno a privilegios impensables para la mayoría de los chinos, como enviar a su hija a la prestigiosa y muy norteamericana Universidad de Harvard, donde se inscribió a la joven bajo un seudónimo, según ha revelado The New York Times.

En realidad, su pertenencia por cuna a la élite dirigente china, con el entramado de relaciones que ello conlleva, no ha sido en absoluto ajena a su fulgurante ascenso hasta el núcleo del Buró Político y su exclusivo Comité Permanente del PCCH en 2007, así como a la vicepresidencia del Estado siete meses después.