Martes, 14 de Febrero de 2012

La aldea gala

·14/02/2012 - 18:59h

Toda organización necesita discrepancias para poder avanzar y asegurar su crecimiento. Una discrepancia leal y sincera pero a la vez valiente y segura que mantenga activos a los miembros y les ponga ante nuevos retos a superar.

Solo así se ha logrado siempre dar nuevos pasos, de ahí nace la innovación y es la fuente necesaria de todo progreso. Técnicamente se encaja dentro de la Sociología de la desviación, que explica cómo la discrepancia con la norma asegura la evolución del conjunto y que una sin la otra apenas podrían existir en el tiempo.

Esta realidad, que en forma de filosofía han recogido siempre bien los superhéroes —con su "alter ego" negativo— está perfectamente representada, sin estridencias ni malos que son muy males y buenos muy buenos- en las viñetas de René Goscinni.

Tomás Gómez es tan PSOE como el resto

Cercana a la resistencia pasiva, a la trinchera, la aldea gala irreductible mantenía en constante evolución a los romanos y a los galos, superándose en cada encuentro. De estos enfrentamientos salían los mejores nombres, se ponían en práctica las más modernas técnicas de lucha o se inspiraban los artistas para describir la vida de estos dos grupos incluyentes.

El Partido Socialista no es ajeno a esta necesidad, como organización que es y por estar liderado en estos momentos por alguien que ha demostrado comprender el valor de los contrapesos. Lo ha repetido en campaña y lo esgrime a la hora de modificar las nuevas formas de organizar el partido cuando Alfredo Pérez Rubalcaba alerta del peligro de los "hiperliderazgos", conocedor de que llevan a la desaparición del grupo. Sabe que es necesario que siempre haya fuerzas opuestas y voces que se pronuncien desde perspectivas alternativas.

Rodeado de una necesaria Ejecutiva en la que básicamente hay próximos y leales, debe comprender que la discrepancia y la crítica constructiva lejos de desparecer debe ser respetada allí donde surja, al menos como garante de la evolución del conjunto.

Muchos han señalado al Partido Socialista de Madrid como esa emblemática aldea gala que sin pócimas milagrosas ha enarbolado la bandera del respeto hacia Madrid desde el aparato Federal y se han enviado a Sevilla el mayor número de enmiendas en el sentido de más participación y transparencia.

No sólo se solicitaron debates entre candidatos que Ferraz rechazó, también se defendió la elección directa de los Secretarios Generales por voto directo de los militantes, las listas abiertas para la elección de delegados y hasta parte de las Ejecutivas o se impulsó la figura del Defensor del Militante.

Cambios en la estructura del Partido que antes o después deberán ser tenidos en cuenta y debatidos por la inevitable evolución social de su base de votantes, cada vez más implicados y participativos hasta el punto de haber asimilado que el voto no se pide, se merece.

Los votantes próximos al PSOE necesitan confiar en el Partido como tal

Más allá de una alternativa económica real, que también se defiende en la aldea madrileña desde hace tiempo en voz de su Secretario General -habituado a explicar la necesidad de un impuesto a la banca-, los votantes próximos al PSOE necesitan confiar en el Partido como tal, poder ver procesos de máxima transparencia y democracia.

La punta de lanza que empuje al PSOE hacia ese futuro, donde los Socialistas se encontrarán a gusto y con la fuerza suficiente para poder convencer a los votantes, tiene mucho que ver con la Plaza de Callao. Un contrapoder leal en lo externo pero firme en lo interno sin el cual muchos militantes, tras la derrota de la alternativa a Rubalcaba, no se verían capaces a impulsar.

Este es, entre otros, el valor y la necesidad de que Tomás Gómez pueda seguir desarrollando su proyecto; porque es tan PSOE como el resto, porque en estos momentos comparte tantos problemas como el resto... electoralmente hablando. Y porque ya es hora de se acepte que es ahora, como portavoz en la Asamblea, cuando el PSM está confrontando a diario con Esperanza Aguirre. Y el que se quiera sumar, que se sume.

* Alberto Sotillos Villalobos es militante Partido Socialista de Madrid