Sábado, 11 de Febrero de 2012

El 11-S como melodrama

Stephen Daldry presenta fuera de concurso 'Tan fuerte, tan cerca'

A. V. ·11/02/2012 - 08:00h

- REUTERS - Stephen Daldry, junto al niño Thomas Horn y Max von Sydow.

Pese a ser el niño mimado de las letras estadounidenses, Jonathan Safran Foer sigue sin tener suerte con sus adaptaciones al cine. La primera, Todo está iluminado, pasó con tremenda discreción por la cartelera mundial a causa de una calidad igual de comedida. La versión en celuloide de su segunda novela, Tan fuerte, tan cerca, que fue presentada ayer fuera de concurso en la Berlinale, tampoco consigue reflejar la genialidad intermitente de las páginas originales. Lo último que le podría pasar ahora es que su tercer libro, Comer animales, un ensayo sobre el consumo de carne que hacía publicidad subliminal del vegetarianismo (¿o era sólo una oda lírica al tofu y la quinoa?), lo acabe llevando al cine un adicto a las chuletas de cerdo.

La adaptación cinematográfica ha sido realizada por Stephen Daldry, director teatral que debutó en el cine hace década y media con Billy Elliot. Desde entonces, su trayectoria ha dibujado una filmografía pomposa y con un gusto cargante por la trascendencia, aunque no del todo exenta de virtudes, por mucho que no siempre sea fácil reconocerlo en público. Daldry se concentra ahora en la historia de Oskar Schell, un niño superdotado y asustadizo, hijo de un joyero fallecido durante los atentados del 11-S y enfrentado a la difícil tarea de exterminar el recuerdo paterno para seguir adelante. Lo interpreta Thomas Horn, descubierto por el director en un concurso televisivo, que dota de humanidad a un personaje desprovisto de la irritante voz literaria de la novela. Lo cierto es que Daldry ha manipulado el libro a su gusto, a veces con acierto y otras con torpeza, aunque siempre con tendencia al efectismo hollywoodiense y al melodrama mal entendido.

Hanks y Bullock, protagonistas de la cinta, no estuvieron ayer en Berlín

El pudor y la controversia

Cabe decir que Daldry sabe rodearse de actores que le ponen el trabajo algo más fácil. Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore se pusieron a sus órdenes en Las horas. Kate Winslet y Ralph Fiennes hicieron lo mismo en El lector. Daldry vuelve a contar aquí con un aliado de excepción. No hablamos de Tom Hanks ni de Sandra Bullock, que interpretan a los padres del protagonista y que ayer causaron baja en el festival, sino del actor sueco Max von Sydow. Intérprete fetiche de Ingmar Bergman y Bille August, interpreta aquí al misterioso inquilino de la abuela del protagonista, un alemán que decidió dejar de hablar tras vivir el trauma de los bombardeos de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial. Bullock, por su parte, consigue extraer de vez en cuando un ápice de emoción de una sepultura de bótox.

En el libro, Safran Foer trazaba paralelismos entre la historia del protagonista y la de sus abuelos, ejemplificando cómo la historia en mayúsculas siempre se interpone en los pequeños relatos personales. Daldry ha preferido dejar a los ancianos en segundo plano y centrarse en la historia del protagonista, que iniciará una excursión por todo Nueva York para encontrar la cerradura que corresponde a la llave que su padre guardaba en el armario.

El filme es una adaptación de una novela del escritor Jonathan Safran Foer

El director, que aborda los atentados de las Torres Gemelas con excesivo pudor, reconoció ayer haber temido "la controversia", por lo que pidió consejo a asociaciones de familiares. "Pero me sorprende que no se hagan más películas sobre el 11-S, porque hay millones de historias que se podrían contar", matizó Daldry, lamentando que el 11-S todavía no figure en los currículos escolares en EEUU. "De la misma manera, se tendrían que contar más historias sobre lo que sucede en Irak y Afganistán. Es importante que esas historias sean escuchadas", añadió. Lo que no dijo es que hay muchas maneras de contarlas.