Sábado, 4 de Febrero de 2012

La nueva rebelión egipcia ya ha costado 12 muertos

La oposición aumenta la presión para que la Junta Militar ceda el poder

LAURA M. LOMBRAÑA ·04/02/2012 - 13:32h

Manifestantes egipcios tiran piedras durante los disturbios junto al Ministerio del Interior - AP

Las fuerzas políticas en Egipto han aumentado la presión sobre la Junta Militar que gobierna el país para que acelere la transición y ceda el poder a una autoridad civil antes de la fecha prevista, el próximo 30 de junio. Ayer, mientras las calles del centro de El Cairo seguían siendo escenario de choques violentos, el candidato a la jefatura del Estado Amro Musa se sumó a los que desde hace meses piden que se adelanten las elecciones presidenciales para que Egipto pueda completar su agitado camino hacia la democracia.

"Ha llegado el momento de acabar con este Estado fallido, esta fase extendida del periodo de transición debe terminar", declaró Musa después de que el pasado miércoles por la noche al menos 74 personas murieran en enfrentamientos posteriores a un partido de fútbol en la ciudad de Port Said. Tras este suceso, miles de personas salieron a las calles del país pidiendo explicaciones por lo ocurrido y exigiendo la retirada del poder de los militares. Desde entonces, 12 personas han fallecido en enfrentamientos con la Policía, siete de ellas en Suez y cinco en El Cairo, y hay más de 1.500 heridos.

El candidato Amro Musa se suma a los que reivindican un adelanto electoral

Grupos revolucionarios como la Coalición de Jóvenes de la Revolución o el Movimiento del 6 de Abril hicieron pública en un comunicado su demanda de que la Junta Militar abandone el poder. Pero su voz se hizo oír sobre todo en la plaza Tahrir y en las calles aledañas, donde miles de ciudadanos siguieron enfrentándose a la Policía en un intento de hacer llegar sus demandas al Ministerio del Interior.

El intercambio de pedradas y gases lacrimógenos transcurrió de forma intermitente a lo largo del día. En varios momentos, grupos de manifestantes intentaron negociar una tregua y formar un cordón humano para separar a los civiles de las Fuerzas de Seguridad. Aun así, los momentos de tranquilidad duraron poco, ya fuera porque los mismos manifestantes reiniciaban la batalla sin hacer caso de las llamadas a la calma de sus compañeros, o porque la misma Policía lanzaba botes de gas.

En el centro de la capital "ya no se puede vivir", se queja un comerciante

Tras tres días de luchas callejeras y un año de manifestaciones masivas casi semanales, los habitantes del centro de El Cairo miran ahora sus calles con la extrañeza de quien ha visto invadido su espacio vital.

En las paredes, pintadas en todas las lenguas recuerdan a los transeúntes que "la revolución continúa" y que "la Junta Militar debe caer". Además, cada uno de los episodios de violencia que han tenido lugar en estas calles ha dejado un edificio calcinado, un muro de hormigón que corta una avenida o un trozo de acera que ha visto sus adoquines convertidos en proyectiles improvisados.

Negocios arruinados

En una callejuela próxima a la calle Mohamed Mahmud, donde tienen lugar los enfrentamientos, el zapatero Salah Abdel Hamid señala con resignación las tiendas cerradas a su alrededor. Sólo su pequeño puesto, un agujero de apenas dos metros de profundidad por uno de ancho, y una tienda de bombillas permanecen abiertos. "Los vecinos han dejado sus casas y se han ido a otros barrios, han buscado cobijo con otros familiares porque aquí ya no se puede vivir", se lamenta el zapatero.

Abdel Hamid, que arregla zapatos en este rincón desde 1959, asegura sentir simpatía por la causa de los manifestantes, pero precisa que se siente cansado: "Hace un año que todo esto está muerto, no hay trabajo porque la gente ya no duerme aquí y los pocos que quedan tienen miedo de salir a la calle".

Este anciano zapatero explica que "ya no queda vida" en un barrio donde antes los vecinos pasaban buena parte del tiempo en la calle, ya fuera trabajando, comiendo, bebiendo té o fumando shishas, las humeantes pipas de agua árabes. "Claro que es difícil que las cosas sean normales, con tantos heridos yendo y viniendo", reflexiona lanzando una mirada triste al único zapato que tiene para arreglar.

Noticias Relacionadas