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Viernes, 30 de Diciembre de 2011

"Estábamos obsesionados con no hacer algo cursi"

Cameron Crowe y Matt Damon explican las claves de 'Un lugar para soñar'

 

ISABEL PIQUER ·30/12/2011 - 08:00h

ISABEL PIQUER - Cameron Crowe estrena esta semana en España Un lugar para soñar', con Matt Damon y Scarlett Johansson. afp

Cameron Crowe recuerda muy bien cuando era el "niño prodigio" de la revista Rolling Stone, el periodista adolescente que seguía a los roqueros, como el personaje principal de Almost Famous. "Lo tengo muy fresco en la memoria. Volví al ver el hotel Plaza hace unos días y me acordé de cuando estuve por primera vez, con Led Zeppelin. Y me di cuenta de que mi presente actual era el futuro en el que pensaba en aquel momento, cuando me pasaban tantas cosas que no podía procesar".

Hacía seis años que el director de Jerry Maguire y Vanilla Sky (la versión estadounidense de Abre los ojos) no dirigía una película, tiempo que dedicó a escribir guiones y rodar documentales. "Pero echaba de menos dirigir una película", reconoce Crowe.

Ahora ha vuelto con la adaptación de un best seller británico, We Bought a Zoo (Un lugar para soñar, en su traducción española, que se estrena esta semana en nuestro país). Cuenta la historia real de Benjamin Mee, un periodista que decidió comprar un zoo en Devon para compensar la muerte de su mujer y dar a sus hijos otro tipo de vida. La película ha trasladado la acción a California con Matt Damon en el papel de Mee y Scarlett Johansson de guardiana de animales.

Según Crowe, en la génesis de esta película "había un sentimiento de amargura y de dulzura, de que todo es posible, una mezcla de cosas que se pierden y de esperanza". Y para transmitirlo, dio a su equipo recopilatorios con canciones que ilustraban el tono del filme. "Es parte de una atmósfera que existe en tu cerebro mientras estás escribiendo la historia", explica el director. "Nunca había trabajado así", dice Matt Damon, "pero me ayudó mucho". Y añade: "Cameron aceptaba ideas de todo el mundo y te hacía realmente partícipe del proyecto".

El mapa del tesoro

En su momento, Crowe reconoció que el fracaso en taquilla de su último filme, Eliza-bethtown (2005), fue un duro golpe. Esta vez lo tenía todo previsto. "Antes jugaba al jazz con las escenas", una forma de trabajar que le costó la reputación de ser un director que improvisaba demasiado, pero "esta vez tenía un mapa" que trazó cuidadosamente durante un año. Pero incluso en el fragor del trabajo, Crowe nunca paró de escribir: "Tengo cuadernos y cuadernos con ideas que quiero llevar a la pantalla". Y sigue escribiendo a mano, porque "hay una poesía en la escritura".

Crowe, que coescribió el guión con Aline Brosh McKenna, no puede ni quiere deshacerse de su vida anterior: "Sigo pensando que soy un periodista. La otra noche, mientras caminaba juntaba ideas para la próxima película. Es la mejor sensación del mundo, intentar capturar la vida".

En Un lugar para soñar, que aborda temas como la familia y las segundas oportunidades, tanto él como MattDamon no querían caer en la trampa del sentimentalismo. "Los dos estábamos preocupados por lo mismo, en no hacer algo cursi", cuenta Damon, "Cameron me dio el guión y el DVD de Local Hero para darme la sensación que quería dar a la película". Crowe, opina Damon, "es muy bueno trabajando justo al límite de lo excesivo. Al fin y al cabo, es el que le hizo decir a Tom Cruise enséñame la pasta' (en Jerry Maguire), y cuando lo lees te dices: joder, esto está realmente al límite", cuenta el actor en una ataque de risa. "Crowe apunta a un blanco muy pequeño pero acierta", sostiene.

Billy Wilder, que Crowe entrevistó largamente en un libro magistral, sigue siendo su referencia. "Oigo mucho su voz", dice el director. En una secuencia de la película, el personaje de Matt Damon le dice a su hijo que en la vida a veces sólo se necesitan 20 segundos de valor insensato para conseguir lo que se quiere. "Wilder hubiera dicho", cuenta Crowe, imitando el acento alemán del legendario realizador, "¿Sólo 20 segundos? Eso sería el mínimo, 20 minutos sería mejor. Wilder era un estudioso y lingüista de la vida. La gente dice que era un cínico, pero no, era un optimista realista, no se dejaba engañar por el optimismo ni se dejaba seducir por el cinismo. Era alguien que tuvo, hasta sus últimos días, gran curiosidad por la vida".