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Miércoles, 28 de Diciembre de 2011

Estudio asocia obesidad con riesgo de caídas en adultos mayores

Reuters ·28/12/2011 - 18:03h

Por Amy Norton

Los adultos mayores obesos son más propensos que sus pares delgados a tener una caída potencialmente discapacitante, aunque los obesos mórbidos estarían de alguna manera más protegidos de las lesiones.

Las caídas suelen ser un problema para los mayores delgados y frágiles porque sus huesos son especialmente propensos a romperse. Pero la obesidad también tiene sus riesgos, según indicó Christine L. Himes, coautora de un nuevo estudio.

"Las personas obesas perderían el equilibrio", dijo Himes, de la Syracuse University, en Nueva York. Cuando eso sucede, los adultos mayores no podrían reaccionar rápido y evitar la caída.

Himes y Sandra L Reynolds hallaron que los mayores obesos eran entre un 12 y un 50 por ciento más propensos a sufrir una caída en dos años que los mayores con peso normal.

Ese riesgo aumentó con la gravedad de la obesidad. El 50 por ciento del riesgo más alto se registró en el grupo con un índice de masa corporal (IMC) de 40 o superior (unos 45 kilogramos de sobrepeso en los hombres y unos 36 kilos en las mujeres).

El IMC es una medición del peso en relación con la estatura de una persona.

Los resultados, publicados en Journal of the American Geriatrics Society, surgen de 10.755 estadounidenses mayores de 65, entrevistados cada dos años. Entre 1998 y el 2006, el grupo tuvo 9.621 caídas y más de 3.100 lesiones graves como para necesitar atención médica.

El 23 por ciento de los que sufrieron esas caídas era obeso, comparado con menos del 20 por ciento de los adultos mayores que no se cayeron durante el estudio.

El equipo consideró enfermedades asociadas con la obesidad y el riesgo de sufrir caídas, como artritis, dolor en las piernas, diabetes y accidente cerebrovascular (ACV). Pero la obesidad fue la única que mantuvo la relación con el mayor riesgo de sufrir caídas.

Los menos propensos a lesionarse con una caída fueron los adultos mayores con obesidad mórbida (un IMC de 40 o superior). Ellos tuvieron un tercio menos de posibilidad de lesionarse que los participantes con peso normal.

Las personas con obesidad leve, en cambio, no tuvieron esa protección; de hecho, registraron más posibilidades de sufrir discapacidad prolongada que los hombres y las mujeres con peso normal.

En los ocho años de estudio, se registraron 4.324 situaciones de discapacidad nueva o agravada después de una caída, aunque Himes descartó la certeza de esa asociación.

Las personas con obesidad leve (un IMC de 30 a 34,9) eran un 17 por ciento más propensas que las personas con peso normal a sufrir una discapacidad después de una caída, mientras que el grupo con un IMC de 35 a 39,9 tenía un 39 por ciento más riesgo.

Para Himes, esos patrones tienen sentido. Las personas obesas serían más propensas a caerse que las más delgadas. Y cuando se caen, los más obesos estarían más protegidos. Pero si se lesionan, les costaría más reponerse.

De modo que la prevención de las caídas y la discapacidad debería ser un motivo más para mantener un peso corporal saludable con la edad.

Además, los adultos mayores deberían reducir el riesgo de sufrir una caída con otras medidas, como hacer ejercicio de intensidad moderada (caminar o practicar tai chi para mejorar el equilibrio y la coordinación); eliminar del hogar toda amenaza (alfombras sueltas y obstáculos que puedan provocar tropiezos), y usar dispositivos de asistencia, como las barras de la ducha.

Se estima que cada año más de un tercio de los estadounidenses mayores de 65 años sufre una caída y que existe la misma proporción de adultos mayores obesos, una tendencia que, según la autora, empeorará.

FUENTE: Journal of the American Geriatrics Society, online 8 de diciembre del 2011