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Martes, 27 de Diciembre de 2011

Opiniones divididas sobre estrategia de vacunación "en capullo" para proteger a bebés

Reuters ·27/12/2011 - 18:23h

Por Andrew M. Seaman y Frederik Joelving

Un grupo médico de Estados Unidos dio luz verde a los pediatras para vacunar a los familiares directos de bebés muy pequeños como para aplicarles vacunas.

Este enfoque, conocido como estrategia en capullo, apunta a impedir que las enfermedades infecciosas alcancen a los bebés y cuenta con el respaldo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por su sigla en inglés).

Pero a principio de este mes, un equipo de Canadá sugirió que la estrategia tenía su costo, por lo menos cuando se aplica a la prevención de la tos convulsa. Los autores estimaron que para prevenir una muerte infantil por esa infección en Quebec o Columbia Británica, habría que vacunar a por lo menos 1 millón de padres a 20 dólares canadienses por dosis.

"Este programa no sería efectivo. De hecho, el criterio para que dé resultado es casi imposible de aplicar. No estamos diciendo que los bebés no nos importen, pero debemos utilizar los recursos finitos de manera inteligente", dijo la doctora Danuta Skowronski, del Centro de Control de las Enfermedades de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá.

El nuevo informe de la Academia Estadounidense de Pediatría sobre la estrategia en capullo publicado en la revista Pediatrics, no recomienda directamente que los pediatras empiecen a ofrecerles a los padres las vacunas.

"Lo que dice es que si un profesional elige hacerlo, está bien", aclaró el doctor Herschel R. Lessin, de la academia y que participó de la redacción del informe.

"La vacuna antigripal se aplica en aeropuertos y farmacias. No hay motivo por el cual un médico matriculado no pueda darlas también", agregó.

PROTEGER AL BEBE

Lessin señaló que el objetivo principal apunta a la vacuna antigripal y la que protege contra el tétanos, la difteria y la tos convulsa.

Ya existe una recomendación nacional en Estados Unidos de aplicarles esas vacunas a toda la población, incluidas las embarazadas. Pero los bebés deben tener por lo menos seis semanas para recibir la vacuna contra el tétanos, la difteria y la tos convulsa, y seis meses para la antigripal.

Mientras, la única protección es a través de los anticuerpos que recibieron en el útero materno y obtienen a través de la lactancia, si sus madres fueron vacunadas o tienen inmunidad natural contra esas infecciones.

Lessin consideró que como no todas las embarazadas están vacunadas, la estrategia en capullo es una medida razonable para proteger a los bebés.

Según los CDC, más de la mitad de los menores de 1 año que desarrollan tos convulsa necesitan atención hospitalaria. Y aunque la cantidad de infecciones disminuyeron en las últimas cinco décadas, volvieron a aumentan en los últimos años.

Uno de cada 1.000 bebés de Estados Unidos se infectó el año pasado con la bacteria de la pertussis, sólo según los casos notificados.

"El objetivo es que todos estén vacunados. Como pediatras, pensamos que la inmunización es el máximo descubrimiento en la historia de la humanidad", dijo Lessin.

Pero dado que es "complicado" que los pediatras puedan facturarles las inyecciones a los seguros de salud de los padres, consideró que lo más práctico es que las personas abonen las vacunas. En el caso de la vacuna antigripal, se trata de unos 30 dólares.

Lessin reconoció que no existe demasiada evidencia de la efectividad de la estrategia en capullo. "Es un concepto relativamente nuevo. No sé si alguien estudió su efectividad", indicó.

El estudio de Canadá, publicado en Clinical Infectious Diseases, dio un paso en esa dirección, aunque incluyó cálculos en lugar de un experimento real.

El equipo de Skowronski revisó estudios previos y estimó que el 35 por ciento de los casos de tos convulsa en los bebés es por transmisión de los padres.

A partir de las tasas de la enfermedad de Quebec y de Columbia Británica entre el 2005 y el 2009, que son similares a las de Estados Unidos, el equipo observó que deberían vacunarse entre 10.000 y 20.000 personas para evitar la internación de un bebé.

Y para prevenir el ingreso de un bebé en una unidad de terapia intensiva, habría que vacunar a unas 100.000 personas, mientras que para evitar una muerte, la vacunación debería extenderse a 1 millón de padres a un costo total de unos 20 millones de dólares canadienses.

Un editorial publicado con el estudio señala que los resultados no necesariamente se aplican a áreas con altas tasas de tos convulsa o que tuvieron brotes recientes. La doctora C. Mary Healy, coautora de esa investigación, agregó: "En el costo total de tener un bebé, el valor de una vacuna no es muy grande".

FUENTES: Pediatrics, online 26 de diciembre del 2011, y Clinical Infectious Diseases, online 8 de diciembre del 2011