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Martes, 27 de Diciembre de 2011

Un año que viene a salto de página

2012. Paso de maldiciones fin de fiesta: me asusta más que el chisme abandone lo frívolo por Política y Actualidad

 

BOB POP ·27/12/2011 - 08:00h

Igual que el caso Urdangarín ha cambiado el enfoque de todo chisme relacionado con la monarquía que pagamos todos y ha convertido las portadas de la revista ¡Hola! en una versión coloreada y recortable de Wikileaks para dummies, me inquieta que el año que viene los cotilleos más jugosos del famoserío patrio acaben en las buenas manos de los expertos en tribunales -Isabel Pantoja y su juicio marbellí del próximo junio de 2012 por un blanqueo de capitales que nosotros creímos que era sólo dental, dental, que es lo que nos jode...-, de los compañeros de la sección de Ciencias -las aventuras y desventuras maritales y viajeras de la duquesa de Alba tienen más de milagro médico que de banal crónica de sociedad muy limitada-, o bien de los analistas políticos; siempre y cuando la carrera municipal de Ana Botella en Madrid cumpla con lo que amenazaron los mayas en esos calendarios benéficos donde posaban sus dioses desnudos por una buenísima causa: el fin del mundo.

Mucho me temo que la transversalidad de lo íntimo que se nos avecina en este año que viene puede hacer que nada sea lo que parezca, que lo emocional lo invada todo y el lado humano de los otros, de quienes nos van a acabar arrebatando el nuestro, se mezcle tan bien con esas tres cosas que hay en la vida -salud, dinero y amor- que no sepamos distinguir muy bien con qué mano nos entretienen y con cuál nos atizan. Sabremos, eso sí, cuándo nos tocará celebrar natalicios palaciegos -calculo que en Londres y en Montecarlo, por ejemplo, vamos a saber de nuevas bocas que alimentar-, anunciar gratis las cositas que venden las celebridades y organizar necrológicas a destiempo, que son las más difíciles pero las más espectaculares porque, con permiso de Pavese y mucho apuro por mi parte, vendrá la muerte y tendrá sus ojos, y los nuestros puestos sobre ella para acabar celebrándola como lo único cierto de un turbio negocio del espectáculo donde cada vez se confunde más todo y nos cuesta tanto distinguir entre las cortinas de humo, el polvo de metralla, los restos de cocaína y la niebla.

Vendrán recién nacidos y tendrán su cara; la muerte y tendrá sus ojos; y Lady Gaga todavía estará allí cuando despertemos de las pesadillas que nos esperan y que volverán a protagonizar, por orden de aparición espectral según mis peores miedos: Justin Bieber, algún pariente cercano de Michael Jackson, la subasta de los restos de alguna reliquia de Marilyn o Elvis que alguien descubra guardada en algún desván. Tendremos que conformarnos con las migajas de una realidad cada vez más difusa y confiar en que el nombre del sucesor de Galliano en Dior nos dé algo de juego, con que Lucía Etxebarría ahora que ha dejado de escribir, justo cuando ha descubierto que hay gente que la lee se decida a continuar con su carrera en el mundo del espectáculo y nos dé alguna tarde de gloria que nos compense de lo que tendremos que ver. Ya verán.