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Domingo, 18 de Diciembre de 2011

El otro Santos

Sólo con Pelé fue lo que puede ser hoy: el mejor club del mundo

ALFREDO VARONA ·18/12/2011 - 08:00h

ALFREDO VARONA - Neymar, durante el entrenamiento de ayer de su equipo en Yokohama - EFE

Edu Dracena, de 31 años, es el jefe en el Santos. Ha jugado en Grecia y en Turquía y procura esa estampa de futbolista religioso y familiar. Lleva dos años en el Santos en los que no le gusta escuchar que el equipo tiene "una defensa débil y un ataque maravilloso". "No es verdad", juzga antes de enfadarse. Pelé le recuerda el valor de los prejuicios. "De los grandes equipos siempre se dice eso". El secreto está, pues, en no preocuparse: "Si un equipo sólo tuviese talento", pregunta O Rei a Edu Dracena, "¿cómo podría ordenarse?".

Ramalho, el técnico victorioso, lo ha logrado. Por eso el Santos de hoy también es Arouca, el futbolista que cuida la economía en medio campo sin perder un segundo. No se desconcentra jamás. Llegó del Fluminense, donde perdió una Libertadores en Maracaná por penalties. Y no iba a ser titular. Pero Ramalho ya no iría a la guerra sin él. "Los jugadores no son especiales, se hacen especiales".

Los brasileños ganaron dos Copas Intercontinentales seguidas

En realidad, el Santos, que hoy se mide al Barça es algo más que una casa de muñecas. No todo es un trozo de cielo. No sólo juegan Neymar, Ganso o Danilo. No todos son tan jóvenes. También hay futbolistas con arrugas. Gente que fue de la clase proletaria y que, sin querer, conoció la tormenta como el delantero Borges. Con esa pinta tan ambiciosa y esa cabeza rapada, la realidad es que ha jugado en casi todo Brasil. En el extranjero sólo tuvo una liviana experiencia en Japón. Sin embargo, ahora es un hombre feliz, el máximo goleador del campeonato paulista y, al fin, se siente compensado por el destino. Y, aunque siga vendiendo poca publicidad, Neymar se refiere a él como "un seguro de vida". "Te inventa un gol desde cualquier parte". Y como Borges ya tiene 31 años, Neymar aprende escuchando sus historias que son historias de fútbol, un deporte en el que a veces está lleno de calabazas. "La única solución es esforzarse como buenos hermanos".

Elano también lo sabe. Ha vivido días de lluvia. A los 30 años ha vuelto al Santos tras jugar en Shaktar Donestk, Manchester City o Galatasaray. Quizá en Europa los árboles no le dejaron ver el bosque, no lo niega. Por eso olvidó y volvió al Santos, donde ya ha ganado la Libertadores que le negó Boca en 2003. La edad lo ha convertido "en algo más que un futbolista". Lo dice Neymar, que se refiere a Elano como "un ángel caído del cielo" en su vida. "Antes, era un hincha suyo y ahora comparto habitación con él". Y al revisar viejos vídeos y trozos antiguos de periódicos, Ney-mar sabe que Elano no se inventa nada. Él también perteneció a una generación fantástica en el Santos, la de Renato, Robinho o Diego, a la que no les ha ido tan bien en Europa.

Y las cosas no siempre se pueden arreglar. Elano le recuerda a Neymar que la paciencia no sólo es necesaria en el campo. "También en la vida que, a veces, te sorprende". Por eso hay que valorar el momento como pide el técnico Mauricy Ramalho que, pese a todo, es un hombre acostumbrado a presumir de sus victorias. Tiene ese aire orgulloso de las Fuerzas Aéreas. "Llevamos casi medio siglo esperando un día como este", reivindica. ¿Qué significa la presión en un momento así? Neymar resolvió a su favor esa pregunta en la final de la Copa Libertadores ante Peñarol. "No era fácil después de tantos años". También Ganso, que volvía de una lesión, y Danilo, que marcó el gol decisivo.

También cuenta con futbolistas currados que sueñan con emular a 'O Rei'

Pero ¿y hoy? Neymar contesta: "Creo que no sólo es una cuestión táctica ganar al Bar-ça. Creo que vamos a tener que rezar y encomendarnos a Dios antes de saltar al campo". Y entonces se parece a Pelé: él también rezaba. Y puestos a comparar en Vila Belmiro también se pretende igualar a Ganso y Neymar con la alianza entre Pelé y Coutinho, que hicieron del Santos un equipo del otro mundo en los sesenta. O Rei, por si acaso, le pone freno: "Aún les faltan 1.200 goles para llegar a nuestro nivel".

Pero el hecho de que hoy estén en Japón, con la posibilidad de parecerse a él, a Zito, a Dorval, a Pepe y, en definitiva, al equipo de los sesenta, representa algo maravilloso en Santos, que sigue siendo una ciudad tan saludable como hace 50 años. Sus siete kilómetros de playa impiden ídolos falsos y el túnel Waldemar Leao, que separa el estadio de Villa Belmiro del centro urbano, recuerda dónde empiezan los sueños. La siguiente escena se siente al traspasar las puertas del estadio, que siempre hizo las paces con la nostalgia.

La fotografía de Pelé, inmensa, decora las paredes de los vestuarios. También la estructura es la de los sesenta, los bancos, las perchas, todo. Y quizá sea normal. Sólo entonces el Santos fue lo que puede ser hoy: el mejor equipo del mundo. Ganó dos Copas Intercontinentales seguidas. Según la leyenda, hasta paró una guerra en África. Y, sí, porque jugó en todos los rincones del planeta desde que el gasolina entró en su vida. Así llamaban a Pelé al principio. Y Neymar, que lo sabe, quiere ser como él con una ligera diferencia: la cresta. El resto del paquete por qué no va a ser el mismo. "Otra rara inteligencia", como escribe Antonio Falcao en su libro Los artistas del fútbol brasileño.