Jueves, 4 de Octubre de 2007

El erotismo andalusí

La mujer en Al-Andalus gozó de una independencia inimaginable en otros reinos musulmanes

B.P. ·04/10/2007 - 20:23h

Las mujeres celebraban su libertad en los baños públicos.

La "gran" historia de Al-Andalus fue protagonizada por califas, guerreros y emires. Por Abderramán I, que pisó la península Ibérica en 756 y puso la primera piedra de la dinastía Omeya y el posterior califato de Córdoba, y por Almanzor, el brillante primer ministro del califa Hisham II.

Pero existe otra historia, la de las mujeres andalusíes que, tras el velo, lograron unas cotas de libertad y expresión muy superiores a sus contemporáneas en otros reinos musulmanes. Desde luego, no llegaron a ser soberanas o profetas, pero sí místicas, médicos, qabilas (comadronas), profesoras y, sobre todo, poetisas. Vivieron durante el periodo del califato y el los posteriores reinos de Taifas, cuando Córdoba era una de las capitales europeas con mayor relieve social y cultural. La ciudad llegó a tener más de 80 colegios, 400 mezquitas, 4.000 comercios y 600 baños públicos donde las mujeres andalusíes se reunían varias veces por semana.

Tras la celosía

El lugar de la mujer estaba detrás de las celosías, en los espacios privados. Su reino era el harén -desde el que ejercían un legendario poder en la sombra- y, por lo tanto, sólo podían cumplir profesiones que no las expusiesen o facilitasen su contacto con el exterior. También es cierto que la mayoría de las que pudieron expresarse con relativa libertad pertenecían a la clase alta o la nobleza y desarrollaban su obra cobijadas y alentadas por un culto ambiente familiar. Hubo numerosos ejemplos a lo largo del siglo XI: la cordobesa Aisa bint Ahmed, las granadinas Hafsa bint ar'Rakkunniyya y Nazun bint al-Qalai, la sevillana Butayna o la almeriense Umm al-Qiram.

Pero el caso más paradigmático fue el de Wallada, la joven princesa omeya que en 1025, con apenas 17 años, abrió su palacio para ofrecer instrucción a hijas de familias poderosas e instruir a esclavas en la poesía, el canto y las artes del amor. Su turbulenta relación con el poeta Ibn Zaydun nos ha dejado algunos de los versos amorosos más bellos del periodo... y también los más satíricos, en los que se burla de su amado tras ser traicionada: "A pesar de sus méritos, Ibn Zaydun ama / las vergas que se guardan en los calzones / si hubiera visto el pito en las palmeras / se habría convertido en pájaro abâbîl".

Ridiculizando al amante

Todas las poetisas andalusíes, con Wallada a la cabeza, utilizaron su pluma para plasmar su mundo interior y loar a Alá, pero también para ridiculizar sin sonrojo a sus amantes, describir sin pudor sus artes amatorias o satirizar a sus enemigos. La cordobesa Muhya dedicó una parte de su obra a zaherir a la propia Wallada: "Ha dado a luz y no tiene marido, se ha desvelado el secreto, ha imitado a María, mas la palmera que la virgen sacudiera para Wallada es un pene erecto". El erotismo de sus poemas, en ocasiones explícito, se vislumbra en cada rima.

Ese mismo erotismo es el que destilan las protagonistas de La cortesana de Taifas, la última novela de Magdalena Lasala. En ella relata la lucha de un grupo de mujeres andalusíes en el convulso ambiente político posterior a la desintegración del califato de Córdoba cuando, tras una guerra civil, Al-Andalus se dividió en 24 estados. Ellas -la protagonista Büstan y su hija Marjân- pertenecen a una clase social diferente a la de Wallada. No gozan del ambiente protector de una familia y utilizan la sátira, el engaño y la sensualidad no como forma de expresión, sino como supervivencia.