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Martes, 13 de Diciembre de 2011

Cónclave de los líderes de China para planear su apuesta económica

El presidente, Hu Jintao, promete impulsar grandes importaciones

DAVID BRUNAT ·13/12/2011 - 05:10h

El presidente chino, Hu Jintao, en Pekín. LIU JIN / EFE

China afronta 2012 como la mano decisiva en una partida de póker. El azar le ha deparado cartas ganadoras, pero sabe que un error ahora podría hacerle perder muchísimo dinero y, tal vez, meterle en un grave problema. Por eso, la plana mayor del Gobierno chino inició ayer la Conferencia de Trabajo Económico Central, una reunión anual en la que se trazan los ejes de la política económica del país, con un objetivo claro: no errar la estrategia en un año en el que China crecerá a su menor ritmo en una década por la crisis global y en el que comenzará el traspaso de poder en la cúpula del Partido Comunista.

Todo son turbulencias para China en las últimas fechas. La caída de las exportaciones está convirtiendo las huelgas y las revueltas de trabajadores en una epidemia cada vez más extendida, mientras Europa, su mayor socio comercial, sigue hundiendo los pies en el fango. El cambio de modelo económico el paso de una economía focalizada en las exportaciones y el crecimiento desbocado del PIB a una más lenta pero sostenible respaldada por el consumo interno está siendo más traumático de lo esperado.

La caída de las exportaciones ha multiplicado las huelgas laborales

La clase media no consume al ritmo que debería y la inflación sigue por las nubes, alentada por el plan de estímulo de los últimos años. Y precisamente porque Occidente se hunde, Pekín ve cómo el valor de sus divisas extranjeras se evapora, obligándole a realizar un enorme esfuerzo para rescatar a sus socios enfermos, cuyo próximo episodio será la inyección de 225.000 millones de euros en las economías de EEUU y de Europa.

Eso sin contar que hasta el mes de octubre China será regida por una inquietante bicefalia. La del actual gabinete presidido por Hu Jintao y la de su sucesor, Xi Jinping. Cada traspaso de poderes trae turbulencias a la política china, algo que hoy no conviene nada a la segunda economía del planeta si quiere encauzar su 12º Plan Quinquenal, hoja de ruta clave para el régimen.

El mundo, necesitado de oxígeno, le reclama a China que equilibre su balanza comercial (con superávit) y comience a importar bienes, lo que reactivaría las economías occidentales. Para calmar los ánimos, Hu Jintao prometió importaciones por valor de ocho billones de dólares en los próximos cinco años que "traerán enormes oportunidades para todos los países del mundo".

El fomento del consumo interno está resultando traumático

¿Qué podría hacer China para alimentar su insaciable locomotora sin el combustible de Occidente? Tal vez, paralizar su conversión en economía de mercado y girar el timón hacia un capitalismo de Estado que proteja al país de la vorágine exterior. De eso le acusan algunas voces dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad en la que China fue aceptada hace exactamente diez años.

"Cada vez más, las fricciones comerciales con China se basan en acciones de su Gobierno que distorsionan el comercio para promover o proteger a sus empresas estatales e industrias locales", denunció el mes pasado Michael Punke, embajador de EEUU ante la OMC. Según un sondeo de la UE, el 31% de las compañías consideran que China es incapaz de implementar sus compromisos adquiridos con la OMC, mientras un 23% opina que Pekín ni siquiera lo intenta y que, incluso, crea lagunas legales premeditadamente para eludir las normas.