Archivo de Público
Lunes, 12 de Diciembre de 2011

El alma de Tito Vilanova

ANTONIO SANZ ·12/12/2011 - 11:08h

Solventado el trámite ante el BATE, la mañana del miércoles amaneció indiferente en Barcelona. Sin embargo, el grupo recuperó gran parte de ese espíritu de unidad que comparte y que tantos éxitos ha fraguado. El retorno de Vilanova al trabajo, algo más que la mano derecha del jefe, era la imagen soberana del día. Su breve discurso en el rondo previo al comienzo de la práctica concitó a todos a disfrutar del presente. Esa inyección de moral aupó a los jugadores, quienes requirieron la presencia del segundo entrenador en el Bernabéu. No pudo viajar en avión, por prescripción médica, pero sí en tren. Y no faltó. Incluso, recibió los mejores deseos de recuperación de Mourinho, su sempiterno enemigo.

Tras la conquista de Wembley, Zubizarreta y Raúl Sanllehí se reunieron con el cuerpo técnico -Guardiola y Tito-. Pep solicitó a la dirección deportiva una prioridad y un esfuerzo para reforzar al campeón. La necesidad era imperiosa: Cesc. “Decidle al presidente que es fundamental para nosotros. Nos va a ayudar mucho, muchísimo”, apremió. El esfuerzo, un punta más. Y aportó el nombre: Rossi. Cuando el Villarreal decidió no negociar, la opción de Alexis priorizó. Precisamente, el destino ha querido que abrieran y cerraran el marcador del Barça en la victoria del clásico. Quizá hoy se piense que el míster ya ficha bien.

La euforia por el golpe en la mesa, antes de volar a Japón para tratar de sumar la tercera copa de la vigente temporada, no debe ensombrecer el enésimo problema de Guardiola con los arietes de su equipo. Si Etoo, Ibrahimovic y Bojan se convirtieron en historia y los tres se marcharon renegando del técnico, aparece en penumbra la figura de David Villa. El internacional asturiano apareció en el césped a siete minutos del final con todo decidido. Nulo protagonismo para quien vive acostumbrado a salir bien enfocado en la fotografía. Esta ausencia de foco provoca un nuevo cisma de Pep con otro ‘9’.