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Viernes, 9 de Diciembre de 2011

El Nobel de Química 2011 asegura que "ha visitado tanto la Alhambra que podría hacer de guía"

EFE ·09/12/2011 - 12:36h

EFE - El Nobel de Química 2011, el israelí Daniel Shechtman, firma una silla en el Museo Nobel de Estocolmo, Suecia.

El profesor israelí Dan Shechtman, laureado este año con el Premio Nobel de Química por el descubrimiento de los "cuasicristales", asegura que ha visitado tantas veces la Alhambra de Granada que hasta podría hacer visitas guiadas a este monumento.

De todos los Nobel de este año, Shechtman tiene una de las historias más llamativas, no solo porque su descubrimiento supuso una revolución, ya que se consideraba algo imposible en la naturaleza, sino porque tuvo que enfrentarse al rechazo de la comunidad científica y demostrar que no estaba equivocado.

Aunque entender lo que es un cuasicristal o "materiales casiperiódicos", como prefiere llamarlos Shechtman, no es fácil, la forma en que los átomos se agrupan dentro de ellos (que es lo que le ha valido el Nobel) crean simetrías similares a las encontradas en los mosaicos de la Alhambra de la Granada.

Shechtman explicó a EFE que no son exactamente el mismo tipo de simetrías pues a los mosaicos de la Alhambra les falta estar organizados de una manera cuasiperiódica (que siguen una regla matemática pero nunca se repiten a sí mismos) para tratarse de lo mismo.

"Yo he estado en la Alhambra muchas veces. Puedo guiar visitas en la Alhambra, y he mirado las simetrías que muestran los mosaicos que hay allí", aseguró Shechtman (Tel Aviv, 1941).

En los dibujos que forman esos mosaicos hay simetrías binarias, ternarias e incluso "en algunos lugares" quinarias -como las de los cuasicristales- pero "todas ellas juntas no tienen una organización cuasiperiódica".

"Pero los mosaicos (de la Alhambra) son maravilloso", aseguró el químico con determinación.

Shechtman se topó con el primer cuasicristal en abril de 1982 y él mismo pensó que se trataba de algo imposible. En el cristal que estaba analizando los átomos estaban organizados de una manera que creaba una simetría no periódica.

Esa afirmación suponía cuestionar la verdad más fundamental de la cristalografía, es decir, que todos los cristales estructurados en formas periódicas se repiten de manera constante, pues hasta ese momento se creía que cualquier cosa diferente era imposible en la naturaleza.

"Se trata una nueva estructura de la materia", explicó el químico, quien tras asegurarse de que no había errores, concluyó que era la comunidad científica quien estaba equivocada.

Así empezó una larga batalla para el químico, que defendió los cuasicritales frente a la oposición e incluso la burla de algunos de sus colegas y vio como alguna reputada revista del sector rechazó su artículo sobre el tema.

"Tuve que hacer frente a dificultades en los primeros momentos, cuando estaba yo solo", recordó, pero poco a poco contó con el apoyo de renombrados científicos como el critalógrafo francés Denis Gratias.

"Aunque aún había oposición, nuestra verdad iba creciendo y cada vez éramos más fuertes", hasta que aparecieron otros expertos que habían obtenido resultados similares pero habían pensado que esas simetrías imposibles se debían a cristales gemelos.

Finalmente ha quedado demostrado que Shechtman llevaba razón, hasta el punto de ser laureado con el Premio Nobel, la máxima distinción para un científico.

De esta historia vital se puede aprender una lección, según Shechtman: "hay que convertirse en un experto en alguna materia y cuando logres algo, sé persistente y sigue trabajando en ello (...) así podrás hacer grandes descubrimientos".

En cuanto a sus aplicaciones prácticas, se está experimentado en productos como revestimiento de sartenes, motores diesel y agujas para oftanmología, gracias a su dureza y por ser malos conductores de la electricidad.

El químico, que es un apasionado de su descubrimiento, lleva incluso una corbata con dibujos que recuerdan a los que forman los átomos de los cuasicritales. "Mire, mire mi corbata", dice señalando el diseño para añadir que es bonito.

Y es que esta nueva estructura de la materia, que guarda relación con la proporción aúrea y la serie de Fibonacci, "tiene un valor estético" que ha dejado "muy impresionados" a arquitectos y artistas por las formas que dibujan estos "cuasicristales" que son "cuasiartísticos", bromeó.

Carmen Rodríguez.