Archivo de Público
Viernes, 2 de Diciembre de 2011

Justicia antipoética

 

 

ÁLVARO SALVADOR* ·02/12/2011 - 03:33h

Parra, en agosto de 2001. efe

Si aún queda entre nosotros alguno de los grandes poetas revolucionarios, profetas, rompedores, que volvieron del revés la tradición poética en el siglo XX, ese es sin duda el chileno Nicanor Parra. Miembro de una familia de folcloristas de prestigio, desde muy joven se interesó por la poesía popular, por los cancioneros asociados a la música tradicional de su país, conocimiento que completaría más tarde con una asimilación profunda del neopopularismo de la Generación del 27 española. Producto de todo ese aprendizaje fue su primer libro Cancionero sin nombre (1937) y la primera parte del segundo, los "Poemas" de Poemas y antipoemas (1954). "No recuerdo ni el nombre que tenía.../ La olvidé sin quererlo, lentamente,/ como todas las cosas de la vida".

Cuando me interesé por Nicanor Parra en el año 1972, nadie lo conocía en nuestro país, hasta el punto de que la antología de su obra que publicó Seix Barral para iniciar su Biblioteca Breve de Bolsillo, iba prologada por un crítico de apellido rimbombante que resultó ser un sacerdote chileno llamado Valente. Muy pronto, a través de amigos chilenoespañoles como Lorenzo Saval Prados, conseguí la mayoría de sus libros y su recién publicada Obra Gruesa (1969) y pude dedicar mi tesina de licenciatura al estudio de su obra. Aquella tesina era un trabajo deficiente de iniciación investigadora con bastante empacho de lacanismo y marxismo estructuralista, pero tuvo la suerte de gustar a unos editores universitarios y se publicó en 1975. Fue mi primer éxito en el género ensayístico y el primer libro sobre Nicanor que se publicaba en España, incluso me atrevo a aventurar que también en Europa. Mi libro tuvo éxito, pero no tanto la poesía de Parra. A mi trabajo siguieron otros y al estudio de su obra se incorporaron investigadores más jóvenes como Niall Binns o María Ángeles Pérez López, pero la poesía de Parra seguía sin calar en las jóvenes generaciones de poetas españoles.

Al margen de algunos prejuicios, como los derivados de la actitud de los distintos intelectuales hispánicos tras el golpe militar en Chile, era difícil que en un país obsesionado por escapar del lenguaje realista de la poesía social y que se arrojaba con los brazos abiertos en el limbo de los culturalismos o los neoexperimentalismos, tuviese éxito un poeta tan subversivo, tan irreverente, tan conversacional, tan prosaico, tan descreído de toda la mitología estilístico literaria. Un poeta que, además, no tenía que vivir ni de la poesía ni tampoco con ella, un poeta venido del país de la ciencia. Más tarde, cuando el realismo y lo conversacional se imponen en España en los años ochenta, la obsesión por huir de los neovanguardismos y de las supercherías de la experimentación, impiden que un poeta que "hacía" poemas "artefactos", especie de híbridos entre los aforismos y los eslóganes publicitarios, y que era capaz de poner en solfa con sus sermones cristológicos cualquier tipo de utopía futurista, fuese reconocido en toda su grandeza.

Como escribí a comienzos de los años noventa, la antipoesía de Nicanor Parra era lo más parecido que teníamos en español a una poesía posmoderna, a una poesía de las "intensidades" y de las subjetividades esquizoides. Parece que desde entonces las nuevas generaciones han comenzado a entenderlo así, y ahora, cuando se armonizan perfectamente las sentimentalidades más radicales con los experimentalismos más arriesgados, la extraordinaria obra de Nicanor Parra ("La poesía morirá si no se la ofende") ha comenzado a leerse y asimilarse como lo que siempre fue: la mejor herencia posible de los realismos y las vanguardias del ya fenecido siglo XX:

Jóvenes

Escriban lo que quieran

En el estilo que les parezca mejor

Ha pasado demasiado sangre bajo los puentes

Para seguir creyendo -creo yo

Que sólo se puede seguir un camino:

En poesía se permite todo.

 

¡Salve maestro! ¡Y larga vida a la antipoesía!

* Catedrático y autor de 'Para una lectura de Nicanor Parra'