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Domingo, 16 de Octubre de 2011

Los dos candidatos se diferencian más en el tono que en el fondo

El control de los mercados financieros marca la agenda

A. PÉREZ ·16/10/2011 - 10:00h

Encontrar reales diferencias de fondo entre Martine Aubry y François Hollande exige usar microscopio, y aún así no es seguro encontrarlas. Por el contrario, en términos de táctica y de imagen, un universo entero separa a los dos rivales por la investidura del Partido Socialista. Hollande combatiría al presidente Nicolas Sarkozy desde el centro; Aubry, desde un vocabulario voluntarista y obrerista.

Hollande quiere encarnar un "presidente normal" y hombre de diálogo, aunque ello le cueste pasar por "blando" y "Flanby", como le apodan sus enemigos. Además, prefiere hablar de la Francia a ras de suelo, que dice conocer bien por ser presidente de la Diputación de Corrèze, una de las provincias más rurales de Francia. Por otra parte, no pierde el tiempo hablando de proyectos europeos o mundiales. Cosa que ha generado un chiste en el equipo de Sarkozy: "Cuando durante la campaña, Hollande diga que ha hablado con fulano de tal, aficionado a los champiñones, el presidente podrá decir que ha hablado con Obama y Hu Jintao", han filtrado.

Por el contrario, Aubry pone por delante su reputación de mujer enérgica y voluntariosa. Presume de su experiencia de número dos del Gobierno Jospin, cuando logró imponer la semana laboral de 35 horas y la cobertura médica universal, para acreditar que sabe "enfrentarse con los privilegiados", algo que los franceses le reconocen. Y asegura tener apoyo internacional y suficientes contactos para negociar de tú a tú con los dirigentes a escala mundial, escenario en el que defiende un proyecto federal para Europa.

El principal punto de choque entre los dos programas se ha producido en el tema del control estatal del mundo de las finanzas, un debate que fue impuesto por el diputado Arnaud Montebourg, que fue tercero en la primera vuelta de las primarias. Aubry se ha apuntado a su propuesta de entrada del Estado en el consejo de administración de los bancos, pero se olvidó de aceptar el derecho a veto. Hollande la sorprendió adelantándola por la izquierda, ya que, in extremis, colocó ese compromiso del derecho de veto en su propia respuesta a lo planteado por Montebourg. No obstante, ninguno de los dos había defendido tal propuesta en sus respectivas campañas iniciales.

El segundo choque se produjo en torno a la "regla de oro", el intento de anclar la reducción del déficit en la Constitución. Hollande se ha declarado favorable a la regla de oro. Es más, hace de la reducción del déficit su objetivo político número uno, asegurando que no guarda conexión con la creación de empleo o programas coyunturales. Aubry carga duramente contra esa visión contable y pone por delante la necesidad de fomentar el crecimiento y la creación de empleo, incluido empleo público. Para ello cuenta con 50.000 millones de euros por año al revertir la supresión de exoneraciones fiscales que fueron instauradas por la derecha.

Estrategias electorales

En materia de energía, Aubry es partidaria de planificar ya el cierre del sector electronuclear, mientras que Hollande habla sólo de reducirlo al 50% de la electricidad producida en 2025.

Con esas posiciones, la opción Aubry u Hollande representan también dos tácticas diametralmente opuestas de cara a la primera vuelta presidencial, de abril de 2012. Hollande busca captar ante todo el voto centrista, sin arañar en esa vuelta a las otras formaciones de izquierda. Aubry, por el contario, se enfrentaría a ecologistas y al Frente de Izquierda.