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Lunes, 3 de Octubre de 2011

ENFOQUE-Sobrevivientes Sri Lanka, atormentados por horror guerra

Reuters ·03/10/2011 - 12:29h

Por Nita Bhalla

Ranjini se despierta a los gritos. El cuerpo de su madre está en llamas, su hermana adolescente está cubierta de sangre y los cadáveres mutilados y carbonizados de sus parientes yacen dispersos por todas partes.

Esa es una pesadilla recurrente.

"Veo el rostro de mi madre quemándose (...) ella me pide que la ayude, pero no puedo o también moriré por el bombardeo", dice la menuda mujer de 23 años, secándose las lágrimas de su rostro con un pañuelo a cuadros azules y blancos.

"Mi hermana pequeña está tirada con sangre por toda su falda, pero no puedo ver la herida. Ella no puede hablar pero sus ojos están tratando de decirme algo. Ella muere. Yo quiero morir también", relata Ranjini.

A más de dos años desde el final del conflicto de más de dos décadas en Sri Lanka, expertos en salud mental dicen que miles de personas están viviendo un calvario típico de los sobrevivientes de guerra.

Ellos viven atormentados por recuerdos de los últimos meses de enfrentamiento entre los separatistas Tigres de Liberación Tamil Eelam y las fuerzas del Gobierno.

"En el horroroso y abrupto final de la guerra las personas fueron testigos de la muerte de familiares, pero la mayoría no pudo hacer más que huir, forzados a abandonar los cuerpos de sus seres queridos sin llevar a cabo los ritos fúnebres", dijo un trabajador humanitario occidental, quien habló bajo condición de anonimato por temor a disgustar al Gobierno.

En consecuencia, muchas de las personas afectadas por la guerra no han podido dejarla atrás y son atormentadas por flashbacks, alucinaciones, pesadillas, pensamientos suicidas y conductas anti-sociales.

Los expertos sugieren que la mala salud mental ha empujado a muchos hombres al alcoholismo y ha dado lugar a numerosas denuncias de violencia doméstica, abuso infantil y rupturas familiares en las comunidades golpeadas por la guerra en el azotado norte de esta isla del Océano Indico.

Pero si bien los trabajadores humanitarios celebran la política del presidente Mahinda Rajapaksa de reconstruir económicamente el norte y fomentar el crecimiento, dicen que las "heridas invisibles" de la guerra siguen abiertas.

HORROR Y DESESPERACION

Sri Lanka ahora vive su tercer año de paz tras vencer a los Tigres Tamil en una cataclísmica batalla final en mayo de 2009, cuando los separatistas usaron a casi 300.000 civiles como escudos humanos en una pequeña franja de tierra a medida que los militares se acercaban.

En el distrito de Kilinochchi al norte de la isla -la capital autodeclarada de los Tigres- los 120.000 habitantes fueron forzados a huir o refugiarse en campos de desplazados cuando el Ejército avanzaba para poner fin a la guerra.

A un año de su regreso a casa, muchos todavía viven en hogares temporarios hechos de hierro corrugado o bajo lonas sostenidas por postes de madera. Ellos relatan historias de constantes disparos de artillería y bombardeos aéreos.

Ahora, las madres que no tuvieron tiempo de hacer el duelo por sus hijos muertos, muestran apatía frente a los que sobrevivieron, a la vez que los niños muestran signos de conductas anti-sociales en la escuela.

Los docentes hablan de tener que calmar a estudiantes que gritan -algunos de sólo seis años- quienes se tiran al piso con sus manos sobre la cabeza al escuchar el ruido de un trueno o el estallido de una pinchadura de neumático, creyendo que empezaron a tirar proyectiles nuevamente.

Casi todo el mundo habla con la condición de conservar el anonimato, temiendo represalias si develan los detalles de lo que ocurrió en las etapas finales de la guerra -un tema que remueve susceptibilidades de un Gobierno bajo presión occidental por acusaciones de crímenes de guerra.

Pero si bien un pequeño número de mujeres y niños ahora están empezando a pedir orientación, los hombres en esta comunidad Tamil conservadora, patriarcal y mayormente hindú se muestran renuentes.

Reacios a hablar sobre lo que vieron, los asesores dicen que su difícil situación se ve agravada por la desesperación de ver sus hogares destruidos, sus pertenencias perdidas y la falta de empleo.

Muchos buscan un escape en bebidas alcohólicas baratas o permanecen sin hacer nada a la sombra de pequeños comercios y edificios agujereados por balas que bordean la principal carretera que atraviesa la ciudad de Kilinochchi.

SIN RECONOCIMIENTO, SIN RECURSOS

La estrategia del Gobierno ha sido concentrarse en el desarrollo económico, invirtiendo en la construcción de carreteras, ferrocarriles y puertos en el norte.

"Nuestras prioridades son proveer vivienda y oportunidades laborales para la comunidad. Necesitamos de la inversión del sector privado y actividades para generar ingresos para los desplazados que regresan", dijo R. Ketheeswaran, el agente de Gobierno a cargo del distrito Kilinochchi.

"Ni siquiera tenemos suficientes médicos y enfermeras en la zona. La salud mental no es un asunto importante", agregó.

Con solo un psiquiatra por cada 120.000 personas y unas pocas decenas de asesores, menos del 5 por ciento de quienes necesitan tratamiento lo están recibiendo, dicen trabajadores humanitarios.