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Martes, 23 de Agosto de 2011

Hormona de crecimiento purificada no genera enfermedad cerebral

Reuters ·23/08/2011 - 17:54h

Por Genevra Pittman

Los niños de baja estatura tratados con la hormona de crecimiento humana a partir de 1977, cuando los científicos comenzaron a purificarla, no son tan propensos como los que la recibieron antes de esa fecha a una enfermedad cerebral devastadora similar a la "vaca loca".

Estudios previos habían identificado un patrón preocupante de casos de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) en los usuarios de la hormona entre los años 60 y mediados de los 70. La ECJ provoca un deterioro rápido del funcionamiento mental y la muerte en un año.

Aunque ahora la hormona se produce en el laboratorio, sin riesgo de contaminación con la ECJ, la enfermedad puede demorar varios años en manifestarse. De modo que quienes recibieron inyecciones de hormona de crecimiento hasta 1985, cuando aún era un derivado humano purificado, estarían preocupados por el riesgo de desarrollar la enfermedad cerebral.

Un nuevo estudio, según afirman sus autores, eliminará ese temor.

"SIEMPRE EN FALTA"

Durante muchos años, los científicos intentaron tratar a personas con enanismo y niños muy bajos con hormonas de origen animal, que nunca funcionaron.

Luego, al final de la década de 1950, un investigador descubrió que las hormonas extraídas de seres humanos ayudarían a los niños bajos a crecer y, pronto, comenzó un programa en Estados Unidos para proporcionarles la hormona de crecimiento humano (hCH) a los endocrinólogos pediátricos que atendían a esos pacientes.

"Fue un programa muy popular. Mucha gente exigió que sus hijos recibieran la hormona, por lo que siempre estaba en falta", recordó el doctor Lawrence Schonberger, coautor del estudio e investigador de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, en Atlanta.

La glándula pituitaria, ubicada cerca de la base del cerebro, produce la hormona de crecimiento. Los científicos sabían que las hormonas no eran tan puras y que existían algunos riesgos, dijo Susan Cohen, periodista.

Cohen es autora de Normal at Any Cost: Tall Girls, Short Boys (Normal a Cualquier Costo: Niñas altas, niños bajos) y Medical Industry's Quest to Manipulate Height (Búsqueda de la Industria Médica por Manipular la Estatura).

UN PRODUCTO MAS PURO

La producción de la hCH cambió en 1977 en el laboratorio del doctor Albert Parlow, del Centro Médico Harbor de la UCLA, en California. Parlow asegura que su laboratorio inició una purificación muy cuidadosa, a diferencia de los científicos que querían producirla en serie.

Ocho años después, los médicos comenzaron a detectar algunos casos de ECJ, que aparece en la edad adulta, en pacientes jóvenes que habían recibido hCH no tan pura.

La enfermedad aparece cuando un prión, un tipo de proteína patógena, hace que otras proteínas del cerebro se plieguen de manera anormal y dejen de funcionar.

Dado que la enfermedad puede tardar 20 años o más en manifestarse, "cuando se descubrieron los casos de la ECJ en niños tratados con la hormona parcialmente purificada, ya era muy tarde", dijo Parlow a Reuters Health. Al poco tiempo de haberse suspendido la producción de la hCH en Estados Unidos, apareció su versión sintética.

Investigadores buscaron a todos los pacientes del programa nacional para determinar cuándo habían tomado las hormonas y si alguno tenía la ECJ diagnosticada.

Y así surgieron los datos del nuevo estudio, publicado en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, sobre 5.570 personas tratadas en Estados Unidos entre 1963 y 1985. Todas habían comenzado el tratamiento antes de 1977 y a 22 se les diagnosticó ECJ.

El estudio no prueba que ninguno niño tratado entre 1977 y 1985 vaya a desarrollar ECJ, pero sí que son mucho menos propensos a enfermarse que los pacientes tratados antes de 1977. "Ahora podemos decir que el riesgo será mucho más bajo que antes", señaló Schonberger.

Otros países indemnizaron a las personas tratadas con la hormona impura y sancionaron judicialmente a algunos de los médicos que la administraron.

"Esto nos recuerda: 'La lección es que no sabemos tanto como pensamos'. Este debería ser uno de los hechos más trágicos de la medicina", dijo Cohen.

FUENTE: Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, online 3 de agosto del 2011