Miércoles, 3 de Octubre de 2007

El matrimonio McDonald vuelve a su vida normal

Estabilidad en el caso McDonald. El matrimonio ha vuelto a su vida normal, con Will en Vitoria y Eva en Madrid.

LADISLAO JAVIER MOÑINO ·03/10/2007 - 22:19h

Eva González, en la rueda de prensa que ofreció su marido Will McDonald.

Después de la presentación en sociedad del pasado lunes en el Fernando Buesa Arena, el matrimonio McDonald ha vuelto a su normalidad. Ella en Madrid; él, en Vitoria. En la capital vasca, el pívot formado en la Universidad de Carolina del Sur aguarda con preocupación la resolución que le hará saber si puede inscribirse en la ACB bajo pasaporte comunitario o americano. O de ninguna de las maneras. Por si acaso, el club busca refuerzos con urgencia en el mercado.

El conflicto desatado por la polémica de su matrimonio ha generado que McDonald afronte cabizbajo la rutina diaria de las dobles sesiones de entrenamiento. Bajo una gorra de visera y en chanclas, camina con andares de rapero abatido de su Toyota Jarys plateado al pabellón de entrenamiento. El recinto no está a más de 500 metros de su domicilio, pero lo hace en coche, huyendo de los cazautógrafos y de los hostigamientos.

En la urbanización de cuatro portales en la que reside desde este verano se le conoce vida en solitario, sin pareja ni nada que se le parezca. Es un piso coqueto, en una zona bien de Vitoria. Allí, hasta que la televisión dio imagenes suyas el martes, nadie sabía nada de su esposa Eva Fernández. “Yo la vi ayer por vez primera en la tele, en ese programa de famosos, El Tomate”, comentaba una vecina. “A él si le vemos entrar y salir, pero a ella no la hemos visto”, afirmaba otro inquilino de la urbanización.

Dos días después de su aparición pública, Eva Fernández no da señales de vida en el inmueble vitoriano. McDonald digiere alicaído y en soledad el problema que puede dejarle sin licencia para jugar. Entrenamiento hasta media mañana y comida en el centro comercial Boulevard, casi siempre acompañado de su compatriota Singleton. Almuerza en el restaurante que el club tiene allí, pero también frecuenta su franquicia preferida de comida americana, donde tampoco le han visto en compañía de su esposa.

El hotel

Tampoco en las tiendas fashion ni en las de los grandes diseñadores con sucursal en la capital vitoriana han sido vistos juntos con asiduidad. A las seis de la tarde le toca entrenarse de nuevo. De la segunda sesión preparatoria regresa a casa, donde no le espera su esposa, quien pasó la noche del lunas al martes en una habitación de hotel de Vitoria. El régimen disciplinario interno del TAU le impide a McDonald tener una vida nocturna ajetreada y menos ahora con la que cae.

En el club tampoco nadie de las personas consultadas supo explicarle el lunes a los redactores gráficos quién era la señora McDonald, que más tarde iba a ser presentada en sociedad. No la habían visto nunca. Las lentes más potentes de los reporteros rastreaban con afán las gradas del Fernando Duesa Arena. Buscaban una chica morena de cabello largo y negro y curvas voluptuosas. Ayer, la hubieran podido fotografiar en una calle céntrica de Madrid, donde fue vista. El matrimonio McDonald ha vuelto a su normalidad. Ella en Madrid; él, en Vitoria...

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