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Miércoles, 17 de Agosto de 2011

Terapia supresora de andrógenos no eleva riesgo cardiovascular

Reuters ·17/08/2011 - 18:25h

Por Will Boggs

Un nuevo estudio revela que los usuarios de la terapia supresora de andrógenos (TSA) para tratar el cáncer de próstata no tienen una mayor mortalidad por causas cardiovasculares, según publica Journal of Clinical Oncology.

"Me tranquiliza saber que la mayoría de los estudios que habían identificado un aumento del riesgo cardíaco habían sido retrospectivos y que los análisis secundarios de ensayos clínicos randomizados no identificaron un incremento de la mortalidad por causas cardíacas", indicó el doctor Matthew R. Cooperberg, de la University of California en San Francisco.

El equipo de Cooperberg evaluó la tasa de mortalidad en los 7.248 hombres del registro CaPSURE para determinar la relación entre el tratamiento y la causa de muerte.

Los tratamientos estudiados fueron: localizado (el 71,3 por ciento), TSA primaria (el 15 por ciento), localizado más TSA (el 6,7 por ciento) y espera vigilada/activa (el 7 por ciento). En total, murieron 103 hombres por cáncer de próstata; 195 por enfermedad cardiovascular, y 678 por otras causas.

Según el análisis de los riesgos, se registró un 94 por ciento más riesgo de morir por problemas cardiovasculares con TSA primaria que con terapia localizada, aunque no se observó ese aumento con la combinación terapia localizada-TSA.

El grupo en espera vigilada/activa tuvo 2,46 veces más riesgo de morir por enfermedad cardiovascular que los hombres tratados con terapia localizada.

En cambio, al comparar a los pacientes según la posibilidad de recibir TSA mediante un análisis de variables múltiples con probabilidad ajustada, el uso de TSA aumentó un 25 por ciento la mortalidad por todas las causas, pero sin una diferencia significativa en la mortalidad por cáncer de próstata o por causas cardiovasculares.

"No pudimos hallar una relación entre el uso de la TSA y la mortalidad cardiovascular", concluye el equipo.

"Esto sugiere que en los estudios previos habrían actuado como factores confundentes ciertas variables no medidas que alteraron la selección del tratamiento y varios resultados no relacionados con el cáncer de próstata, incluida la mortalidad cardiovascular", añadieron los autores.

Cooperberg dijo: "Conocemos bastante sobre la mortalidad por cáncer y por todas las causas después del uso de distintos tratamientos del cáncer prostático y sabemos cuándo la TSA es útil y cuándo no lo es".

"Reconocer cada vez mejor las posibles complicaciones, como los efectos adversos esqueléticos y metabólicos, no modifica las indicaciones de tratamiento, pero sí ofrece una oportunidad de reducir esos problemas", agregó el experto.

"La pérdida ósea se puede controlar con medicamentos y ejercicio. El riesgo cardíaco se puede reducir con dieta, ejercicio y fármacos si es necesario", explicó.

En Estados Unidos, la causa más común de muerte en los hombres con cáncer de próstata es la enfermedad cardíaca, de modo que a esos pacientes se les debe indicar cómo reducir el riesgo cardíaco, estén o no utilizando TSA como tratamiento, indicó.

"Aunque el estudio (...) no resolvió la controversia sobre la toxicidad cardiovascular de la TSA, abrió un nuevo camino de investigación", escribe en un artículo editorial el doctor Shabbir M. H. Alibhai, de la University of Toronto, en Canadá.

"Más análisis con información de grandes bases de datos (por ejemplo, SEER-Medicare) podrían confirmar estos resultados, aunque esas bases carecen de información clínica detallada", añadió.

FUENTE: Journal of Clinical Oncology, online 15 de agosto del 2011