Sábado, 19 de Enero de 2008

La FAD pide a los políticos que no bajen la presión en sus programas electorales

EFE ·19/01/2008 - 13:01h

EFE - El director de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Ignacio Calderón, durante una entrevista con Efe en la que dijo que ha pedido que los partidos políticos no "bajen la presión" contra la drogadicción, un asunto que, apuntó, deberían incluir en sus programas electorales.

El director de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Ignacio Calderón, pidió hoy que los partidos políticos no "bajen la presión" contra la drogadicción, un asunto que, apuntó, deberían incluir en sus programas electorales.

Calderón aventuró, en declaraciones a Efe, que la situación de "normalización" de las drogas en la sociedad actual, como si fueran "un producto más de consumo", puede tener "una deriva enormemente peligrosa".

Se refirió a que el mundo institucional y los responsables políticos pueden incurrir en una desatención más o menos explícita de la lucha contra estas adicciones, al decaer la alarma social, una amenaza velada que la FAD contempla con "preocupación".

A su juicio, la situación actual exige un compromiso de toda la sociedad, un cambio de mentalidad y un planteamiento transversal de todas las administraciones que, de alguna manera, se ven involucradas en las causas o consecuencias del uso de drogas.

El experto abundó en que los consumos de sustancias han tenido una evolución "enormemente rápida" en relación a los años 80, cuando el protagonismo era de la heroína, momento a partir del cual se creó el "imaginario social" de este fenómeno.

Fue entonces cuando la sociedad y sus representantes políticos se defendieron contundentemente del problema al percibir "personas enormemente degradadas físicamente, con un nivel de marginalidad muy alto y que, además, producían una delincuencia añadida que causaba alarma y miedo".

Calderón comparó ese contexto caduco con el presente, donde otro tipo de drogas, con consecuencias igualmente graves aunque no tan perceptibles, se consumen como cualquier otro producto de ocio y han entrado a formar parte de "los estilos de vida", sobre todo en lo que respecta al mundo joven.

"Los jóvenes utilizan estas sustancias como elemento imprescindible en los momentos de ocio y de diversión, como acompañamiento que potencia esos deseos de pasarlo bien que lógicamente tienen", argumentó.

Sin embargo, subrayó que la alarma social es menor porque son sustancias que a corto plazo "no producen ese deterioro" y no conllevan "esa imagen tan esperpéntica" que acompañaba a la heroína, por lo que son observadas "como un problema ajeno o del otro".

"Esta situación tiene entre otros riesgos el de que parezca que no pasa nada, al no apreciarse los efectos inmediatos de estos consumos", lamentó, para agregar que, si se registran problemas de salud a largo plazo, se dejan en manos del ámbito sanitario.

Comentó que es "algo que hay que contemplar con inquietud" porque estas adicciones tienen sus consecuencias nocivas para el conjunto de la sociedad y no sólo afectan al drogadicto a título individual.

Exigió de los partidos políticos que, ante los comicios del 9 de marzo, "contemplen ese problema que incide en la sociedad y sobre todo en la juventud, con una intensidad importante".

Calderón reclamó también que promuevan una "reflexión" sobre una realidad que demanda una "adaptación" a los nuevos tiempos pero que, no por eso, deja de tener "unos visos de preocupación relevantes".

El director técnico de la FAD, Eusebio Megías, agregó que hay "realidades absolutamente distintas" en el contexto actual, que deben ser analizadas y comprendidas para afrontar este fenómeno de una manera realmente efectiva.

Megías instó a las instituciones a reflexionar y clarificar la percepción de esta lacra que, en su opinión, pasa por un cambio de los factores a través de los que se estudia o determina su gravedad.

Adujo que estos indicadores, como muertes por sobredosis, urgencias, detenciones o decomisos, deben ser sustituidos por un seguimiento de la relación de las drogas con el fracaso escolar, la creación de grupos marginales, la violencia social, el vandalismo urbano o los accidentes de tráfico, entre otros.