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Lunes, 27 de Junio de 2011

ENFOQUE-Suicidios, luz de alerta en la ostentosa Dubái

Reuters ·27/06/2011 - 12:28h

Por Praveen Menon y Amran Abocar

El obrero indio Athiraman Kannan cumplió con su turno habitual horas antes de saltar desde el edificio más alto del mundo.

Hace tres semanas llegó al Burj Khalifa en Dubái temprano en la mañana, dejó constancia de su hora de entrada y se dirigió al lugar en el que trabajaba, en los tramos superiores de la torre de 163 pisos.

Aproximadamente una hora más tarde, el hombre de 38 años y padre de un hijo se arrojó desde el piso 147 del Burj Khalifa, muriendo instantáneamente al caer sobre el piso 108.

"Hablé con él la noche anterior y parecía estar bien. Todavía no puedo creer que haya hecho esto", dijo otro obrero indio, un amigo y ex compañero de cuarto que lo había conocido siete años antes.

El salto de Kannan desde el Burj Khalifa fue el vigésimosexto suicidio de un obrero indio del que se tiene conocimiento en el país en lo que va de 2011.

El año pasado, 113 indios cometieron suicidio, aproximadamente uno cada tres días.

Las muertes pusieron la atención sobre la difícil situación de los trabajadores migratorios en los Emiratos Arabes Unidos, donde ejércitos de obreros laboran en obras en construcción, rara vez percibidos por quienes se pasean en extravagantes edificios de oficinas y centros comerciales.

Muchos obreros cobran menos de 1.000 dirhams (270 dólares) al mes y tienen grandes deudas.

Los trabajadores se quejan de sueldos impagos, cargas horarias excesivas, altos gastos de reclutamiento, aislamiento y de empleadores que retienen sus pasaportes para restringir su movimiento.

Kannan llegó hace una década al glamoroso Estado del desierto del Golfo Arabe desde una ciudad del sur de India, pero quedó enredado en una disputa sucesoria familiar cuando falleció su hermano mayor.

Aislado y estresado, dijo a sus amigos que planeaba regresar a casa y resolver el asunto días antes de su muerte. Los medios locales dijeron que a Kannan le habían denegado el permiso de licencia, una acusación que su empleador Arabtec rechaza con firmeza.

Kannan había hablado sobre su depresión por los problemas financieros que tenía. Ganaba más de 2.500 dirhams al mes y mantenía a sus padres ancianos, esposa e hijo de cuatro años.

"Estaba tratando de regresar a su país y solicitó una licencia dos días antes de quitarse la vida", dijo su amigo.

Emiratos Arabes Unidos, un pequeño pero adinerado miembro de la OPEP con ambiciones de convertirse en un gran centro financiero y cultural, es hogar de 1,75 millones de indios. Ellos constituyen la mayor población extranjera y tres de cada cinco son obreros, según cifras del Gobierno indio.

INVISIBLES

A la muerte de Kannan le siguió el suicidio de otro trabajador indio, quien se lanzó desde el tercer piso del edificio de su campamento de trabajo días después.

Poco después de la muerte de Kannan, la embajada india en EAU lanzó una campaña radial de tres meses en cinco idiomas informando a sus ciudadanos sobre una línea de asistencia directa y un centro de ayuda creado en noviembre, el Centro de Rescate de Trabajadores Indios.

La línea directa recibió muchos llamados por asuntos legales, dijo el embajador indio en EAU, M.K. Lokesh, mientras que unos pocos llamaban por problemas personales.

Funcionarios de la embajada han llevado a cabo programas de alcance comunitario en campos de trabajo, sucios complejos de viviendas alejados de las glamorosas torres de Dubái, y también presionaron por un salario mínimo.

"Estamos resolviendo cosas a un nivel mayor como haber incrementado el salario mínimo, hemos creado el centro y también se ha organizado una campaña de salud", indicó Lokesh.

La tasa de suicidios entre trabajadores indios ha disminuido desde 2008, dijo la embajada, con más de 110 suicidios registrados en 2010, comparado con las 147 muertes de 2008, en el punto máximo de la crisis económica. Puede que la cifra sea más alta debido al estigma asociado con el suicidio.

VIDA DIFICIL

Kannan vivía en un campamento en Jebel Ali, sobre las afueras de Dubái, que alberga a miles de trabajadores.

Hace mucho que los Estados del Golfo Arabe son criticados por grupos de derechos humanos por las condiciones de los obreros, donde a menudo se encuentran apiñados en pequeñas habitaciones, compartiendo instalaciones básicas para vivir, cocinar e higienizarse.

Un informe de 2010 de Human Rights Watch dijo que los gobiernos de Oriente Medio y Asia no habían alcanzado los estándares mínimos en lo referente a resolver los abusos de que son objeto los trabajadores inmigrantes.

El Gobierno de EAU ha implementado reformas como la introducción de un receso de medio día, la restricción del trabajo a la intemperie en los abrasadores meses del verano boreal y un sistema de protección salarial.

Algunos problemas comienzan en los países de origen de los trabajadores, donde son reclutados con falsas promesas de buena remuneración para enviar a casa.

Muchos trabajadores, a quienes les prometieron salarios poco realistas, toman préstamos de 2.000 a 4.000 dólares para pagar a las agencias de reclutamiento, aunque la ley en los Emiratos prohibe dicha práctica.

"Ellos llegan aquí después de tomar enormes préstamos en sus países de origen, trabajan de sol a sol para cancelar el préstamo, para luego irse con el préstamo aún pendiente", dijo K. V. Shamshudeen, quien dirige un grupo de apoyo a trabajadores indios en EAU.

Shamshudeen dijo que los trabajadores a menudo afrontaban peores condiciones de vida que sus familias en sus países de origen, quienes se benefician con los ingresos enviados desde el Golfo.

"Mientras las familias viven en residencias de dos plantas, estos hombres se alojan en camas de pisos múltiples y hacen fila cada mañana para usar el baño. Renunciar a todos los placeres de la vida por tu familia es una suerte de suicidio", comentó.

(1 dólar = 3,673 dirhams)