Archivo de Público
Lunes, 30 de Mayo de 2011

La patria es un campo de pepinos

·30/05/2011 - 22:58h

La patria tiene estos días las hechuras de un pepino. La gente de Merkel dice que hay una partida de pepinos españoles matando alemanes por Europa y las autoridades de ambos países libran una ruidosa batalla en la que está en juego el buen nombre, no ya de los pepinos como tales, sino de la patria misma donde se ha producido la mortal infección. Las autoridades germanas se apresuraron a revelar al mundo la patria de los pepinos criminales, y lo hicieron sin disponer de pruebas incriminatorias definitivas e irrevocables.

Lanzaron la piedra del origen andaluz de las hortalizas asesinas, pero no está nada claro que la mortal bacteria venga del sur. Es más, hasta podría ser teutona. Europa tiende a creer a Alemania no porque los indicios acusatorios sean impepinables, sino porque unos pepinos infectados aquí confirmarían el tópico de muchos europeos sobre España como país secularmente sucio, descuidado y poco fiable. La gente siempre está encantada de dar por buenos los hechos que parecen confirmar sus prejuicios; y cuando no los confirman se limita a olvidarse de esos hechos, no de sus prejuicios.

Hasta que no se sepa la verdad, asistimos a una batalla de prejuicios, y ahí llevamos las de perder porque en la reputación de Alemania no encaja el hecho de que los pepinos puedan contaminarse en alguno de sus puertos, que el tópico imagina eficientes e impolutos como un quirófano. Los agricultores andaluces merecen ganar esta batalla. Y no sólo por salvaguardar su trabajo y su futuro, sino porque cuando un prejuicio pierde la batalla frente a un hecho la victoria es de todos. Incluso de quienes creen haber perdido.