Miércoles, 18 de Mayo de 2011

China come con miedo

Una nueva oleada de escándalos alimentarios sacude el gigante asiático

DAVID BRUNAT ·18/05/2011 - 21:51h

AFP - Un mercado municipal en el centro de Pekín.

Ni un alimento escapa a la sospecha en China, donde una nueva e interminable oleada de escándalos alimentarios tiene al país en pie de guerra. Ternera, cerdo, pollo, vegetales, fruta o pan son algunos de los alimentos que la policía ha decomisado en las últimas semanas debido a que habían sido falseados o contaminados deliberadamente.

La situación se ha vuelto tan grave que incluso el primer ministro, Wen Jiabao, ha afirmado que los granjeros y productores "necesitan unas lecciones de humanidad", mientras éstos responden que no se sienten responsables de la seguridad de sus alimentos y dicen, según una encuesta, que la confianza en sus propios productos es de sólo 6 puntos sobre 10.

Esta semana se han descubierto fresas que, tras ser engordadas químicamente, eran pintadas de rojo y rociadas con químicos para que olieran, precisamente, a fresa. Aunque el caso más sonado ocurrió el martes, cuando las autoridades apartaron del mercado más de 1.000 pollos alimentados con minerales para que pesaran más. La principal sustancia encontrada es polvo de barita, usado como relleno para pinturas y plásticos y habitual en el sector de la extracción petrolera.

Este último caso se ha producido en la ciudad de Chongqing, donde hace 15 días se incautaron más de 26 toneladas de leche en polvo contaminada con melamina, un aditivo altamente tóxico que hace dos años provocó un enorme escándalo al causar la muerte de al menos seis bebés y contaminar a más de 300.000. En esta ocasión la melamina, una resina plástica que se usa para elevar artificialmente el nivel de proteína de la leche y superar así los controles de calidad, se encontró en leche en polvo destinada a la producción de helados.

También la industria porcina está en la picota: "La carne de decenas de millones de cerdos que han muerto de enfermedad y luego han sido procesados como jamón y salchichas inunda los mercados de China cada año", afirmó Yang Guoying, antiguo director general de dos compañías agrícolas, al diario Global Times. Eso se une al uso generalizado de clenbuterol en las granjas más grandes del país, lo que ya ha provocado un estallido de protesta popular. "El clenbuterol es sólo la punta del iceberg", continuó Yang. Según el experto, al menos el 10% de los cerdos en los últimos diez años han muerto de enfermedades como la gripe porcina en China.

El trabajador de una fábrica en Cantón, al sur del país, contó días atrás al diario Nanfang Daily cómo la carne de cerdo fallecido por enfermedad era sumergida en nitrito, un aditivo muy tóxico, durante dos días, con el fin de preservar el color de la carne durante su procesamiento. Entonces era ahumada por la noche con más colorantes y cuyo resultado era bacon con una pinta inmejorable.

"Hoy existe una cadena industrial clandestina alrededor de los cerdos muertos. Hay gente que se dedica a recolectarlos en las granjas y revenderlos a las factorías", indicó Yang. Esos intermediarios suelen ser granjeros que gozan de buenas conexiones con la autoridad alimentaria local, lo que confirma que el soborno a los funcionarios es una práctica habitual en el negocio.

Ni siquiera el pan se salva. El abril, la policía de Shanghai destapó el escándalo de los panecillos blanqueados con lejía para hacerlos pasar por frescos. La empresa distribuyó su producto, al que además cambiaba la fecha de caducidad de los envoltorios una vez ésta vencía y los sacaba al mercado como "nuevos", durante años. Centenares de miles de unidades, si no millones, llegaron al consumo público.

Aunque en la cadena de falsificaciones y uso de sustancias ilegales, sin duda la más estrambótica es la red de restaurantes que convierten el cerdo en ternera sumergiendo la carne en un líquido especial durante 90 minutos. El resultado es una "ternera" que se utiliza en estofados o como ingrediente para pastas y arroces. El extracto se vende en Shanghai y la policía ha efectuado registros en tres provincias donde su uso es común en locales de comida barata.