Miércoles, 16 de Enero de 2008

Hollywood mata por las novelas de este escritor

Cormac McCarthy creó el papel que borda Javier Bardem en la película de los Coen 

ÁNGEL RAMOS ·16/01/2008 - 11:58h

RAÚL ALLEN.

Dicen que cuando a John Ford le preguntaban por qué prefería rodar en el desierto y no en los cómodos platós de los Estudios de Hollywood, como hacían todos sus contemporáneos, contestaba que era el único lugar donde se podía apreciar con toda su intensidad un rostro humano.

A Cormac McCarthy (EEUU, 1933) es posible que le pase igual. Los personajes de sus exitosas novelas son un reflejo del panorama desolador en el que viven. Hombres solitarios, aislados por sus circunstancias, que se enfrentan a un terreno hostil, lleno de trampas y poblado, normalmente, por otros tan solitarios como ellos pero mucho más violento.
Entrar en sus ficciones es hacerlo en la psicología de sus personajes: a veces simple y otras retorcida a más no poder, pero siempre terrible y primariamente violenta, como si la incapacidad de comunicarse con sus semejantes los empujara a una escalada de violencia que ellos mismos no pueden controlar.

Los muy malos

Sus malvados más conocidos son Anton Chigurh (No es país para viejos, Mondadori, y papel con el que Bardem ha ganado el Globo de Oro al Mejor actor de reparto) y el Juez Holden (Meridiano de Sangre, Mondadori). Con aspecto humano pero con un alma más negra que el tizón, ambos encuentran en la violencia la respuesta a su existencia. El primero, como una forma de llenar una vida sin otro aliciente que acabar con la de otros. El segundo, como el medio de asegurarse la obediencia y el poder sobre sus semejantes.
El horror arbitrario de estos hombres parte una misión,que es una mera excusa para dar salida al terror sordo (y mudo) que convierte a hombres normales (Chigurh) en bestias histriónicas (Holden).

Entrar en sus ficciones es hacerlo en la psicología de sus personajes: a veces simple y otras retorcida a más no poder 

Los más buenos

Frente a ellos, los asesinos, también están los hombres normales como el protagonista de El Guardián del vergel (Debolsillo), John Wesley Rattner, la pareja protagonista de En la Frontera (Debolsillo), Billy y Boyd. Son retratos mucho más tiernos.
El primero es un superviviente de los tiempos de la Depresión, pobre como una rata. Los otros, presas fáciles de un entorno en el que la naturaleza salvaje -otra vez el dichoso escenario- se tornará como una aliada frente a la maldad de los hombres que los rodean.
Los buenos guardan también un paralelismo con los malos: todos ellos tienen un pasado del que no les gusta hablar, que los lastra, que los ha dejado sin palabras.

La voz de su amo

En todos estos personajes es imposible no buscar la huella personal de McCarthy. ¿Sería posible que estos no fueran más que un modo de expresión del autor? Las respuestas llegaron en forma de novela en 1979, cuando la mente del escritor alumbró Suttre (Debolsillo) y en la que un hombre, Cornelius Suttre, abandona su cómoda vida para convertirse en pescador.

Anton Chigurh no tiene otro aliciente en la vida que acabar con la de otros y así lo entendió Javier Bardem 

A partir de ahí, construye el relato de una vida anónima que descubre un mundo ahí fuera que le es completamente extraño y hostil repleto de prostitutas, asesinos, vagabundos y otras joyas parecidas y que, sin embargo, le hacen sentirse vivo y apreciar mucho más su propia existencia. Muchos han pensado que McCarthy estaba abriendo su alma con Suttre y contando las veladas circunstancias que lo llevaron a abandonar su vida y convertirse en escritor.

La última, en la carretera

Sobre estos retratos descarnados aparece "el Hombre", protagonista de su última novela La carretera. Sin nombre, adrede, como para confundirse con cualquiera de nosotros.
"El Hombre" se encuentra ante el páramo silencioso de una Norteamérica que ha sufrido un ataque nuclear. Su misión: sobrevivir y mantener con vida a su hijo pequeño. Su pasado: una esposa que se suicida abandonándolos a los dos en el medio del camino. Sus enemigos: los pocos y desesperados supervivientes que viven entre los que se encuentran terribles bandas  de salvajes caníbales, antes hombres que han retornado a un estado primitivo.

Su esperanza: la fe en encontrar, personas buenas que todavía crean que es posible salvarnos de la catástrofe. A sumar: hombre silencioso y anónimo, su misión, su pasado, sus enemigos y un ambiente hostil... el resultado es cualquier personaje de Cormac McCarthy. Demostrado, la fórmula funciona.

La historia de un hombre silencioso


Hasta que a Cormac McCarthy no le concedieron el Premio Pulitzer jamás había concedido una entrevista televisada. “Es la primera vez que hago esto”, dijo sonriendo a Oprah Winfrey, la todopoderosa presentadora que lo consiguió cazar siempre aceptando sus condiciones. La entrevista que resultó un desastre. Oprah le preguntó que si no estaba preocupado por los millones de personas que leían sus libros y McCarthy, manteniendo el tono susurrante y cortante de toda la entrevista, le dijo “en realidad no”.

La entrevista concluyó con una cuchillada de la presentadora, incómoda no se sabe si por la pasividad mostrada por el escritor, ella está acostumbrada a que le hagan bastante la pelota (recuerden a Tom Cruise dando saltitos por todo su plató). Al final Oprah apostilló: “Es usted, un tipo diferente de escritor… léanlo si quieren si no da igual”.

Después de la entrevista, que pensaba ahondar en el lado más humano del escritor, los fans se quedaron un poco a dos velas. Ni siquiera se sabe muy bien dónde vive (El Paso, Knoxville, Galveston, Santa Fe… a saber, pero cerca e la frontera con México), ni se tenía demasiado material gráfico de él en la actualidad excepto las dos o tres fotos de promoción. Él, como Pynchon o Salinger, se ha convertido en una especie de eremita de la literatura norteamericana, que espera que sus libros hablen de él y no él de sus libros. Al parecer Cormac McCarthy espera vivir tranquilo y poder viajar por todo el Sur recopilando historias sin que sus interlocutores sepan quién es. 

Sabemos que nació en Providence en 1933 y que, siendo niño se trasladó con sus padres a Knoxville (Texas). Criado en la fe católica, desde joven fue un incansable viajero, se alistó en el ejército y vivió cuatro años destinado en Alaska donde tuvo un programa de radio. Volvió a la Universidad, se casó y en 1965 publicó El Guardián del vergel, que ya lo consagró como uno de los escritores americanos más interesantes.

Tras la publicación de Meridiano de sangre (1985) alcanzó ventas millonarias y, a partir de ahí, la fama mundial con la trilogía de la frontera Todos los caballos bellos (Nacional Book Award 1995), En la Frontera y Ciudades de la Llanura.

Sin embargo, se sospecha que sus tres divorcios son una costosa empresa económica que sus ventas no pueden resolver. Quizá encuentre en los platós la paga extra.