Lunes, 16 de Mayo de 2011

El bisabuelo del dr. House

Se recupera en castellano 'Doctor Arrowsmith', novela pionera en tratar las entrañas del mundo de la medicina

JESÚS ROCAMORA ·16/05/2011 - 08:00h

Sinclair Lewis fue el primer Nobel para EEUU.

La biblioteca de un médico sólo debe tener tres libros: la Anatomía, de Gray, la Biblia y Shakespeare. Así se lo dice muy pronto el doctor Vickerson a su joven aspirante a médico en la novela Doctor Arrowsmith (1925), pionera en hacer de los entresijos de la industria médica un tema para todos los públicos, como ya lo demostró la célebre adaptación que John Ford hizo en 1931. Un libro que le valió el premio Pulitzer en 1926 a su autor, Sinclair Lewis, que cuatro años más tarde se convertiría en el primer escritor norteamericano en obtener el Nobel, antes de que la horda de la Gran novela norteamericana (Faulkner, Steinbeck, Hemingway) fuera desfilando ante la Academia sueca.

Doctor Arrowsmith sigue el viaje de Martin Arrowsmithdesde los 14 años, cuando entra a trabajar a las órdenes de Vickerson, su paso por la Universidad, la vida en comunidad, las clases de Anatomía y Fisiología y el choque de intereses a la hora de dedicarse a la medicina. "Estudia. Tienes que convertirte en un gran médico. Ganar cinco mil dólares al año ¡Tanto como un senador de los Estados Unidos!", le aconseja el viejo Vickerson. Una época en que la industria médica comienza a desperezarse como un gigante con capacidad para influir en profesionales y pacientes a través de la publicidad, pero también de otras vías.

La obra critica el culto al progreso, la publicidad y el dinero como medida

Una novela que muestra no sólo el lado heroico de los investigadores, no dejó indiferente en 1925. "Es un periodo en que la política y la crítica radical tenía mucha mayor audiencia en el país", afirma a Público José Manuel Álvarez, responsable de la traducción al castellano. "El libro era mucho más importante que hoy, no tenía aún como rival a la radio ni al cine", dice Álvarez. El éxito de Arrowsmith se debe no sólo a la crítica a "la medicina, la sanidad y la industria que crece en torno a ellas con el único objetivo del beneficio", sino al empuje de dos obras anteriores, Calle Mayor (1920) y Babbitt (1922), "en las que Lewis aborda otros aspectos de lo que está sucediendo en el país, que es un laboratorio de lo que acabará extendiéndose por todo el mundo".

Lewis no deja fleco suelto. Aborda en su crítica, no exenta de ironía, "los inicios del nuevo mundo de la publicidad, del culto al progreso concebido como consumo incesante y el dinero como la medida de todo, la cantidad por encima de la calidad". Es el mundo de la velocidad, el automóvil, la vivienda suburbana con jardín. Se mofa también "de la religiosidad de la nueva burguesía, de su puritanismo hipócrita, de su relativismo moral, en especial con el alcohol, pues es también la época de la prohibición, que tanto nos recuerda a la lucha contra la droga' de hoy", dice Álvarez.

Hijo y nieto de médicos, Lewis (1885-1951) no se fijó tanto en sus referentes familiares como en el científico Paul de Kruif (1890-1971), al que conoció de manera casual en 1922 en Nueva York y con el que pudo materializar su deseo de escribir una novela sobre el mundo de la medicina, de la que ya había tomado notas. "24 horas después de conocer a De Kruif había trazado ya un esbozo del libro. Fue su asesor constante", dice Álvarez. En 1923 acompañó a Lewis rumbo a Barbados para estudiar el escenario de una de las partes de la novela y luego a Londres. Lewis se sumergía en el entorno, estudiaba la distribución de oficinas, trazaba planos de las casas de los personajes y, en definitiva, "componía un plan de la novela, un guión detallado que podría llegar a tener la extensión de una novela corta".

El científico Paul de Kruif fue su asesor durante la elaboración del libro

Rechazo del Pulitzer

Lewis rechazó el Pulitzer "porque no lo necesitaba para nada y también por despecho: a su juicio lo merecía por Calle Mayor o Babbit". También porque "veía venir ya el Nobel sin su ayuda". Fue el primer estadounidense en recibirlo, algo con lo que la Academia ajustaba cuentas, no sin cierto paternalismo, ya ausente con Hemingway, Faulkner o Steinbeck.

Álvarez tiene claro qué nos mueve hoy a ver series como House, de la que Arrowsmithes pionero. "La medicina y la sanidad públicas parecen estar amenazadas en el presente por esas mismas fuerzas que nos describe Lewis en sus inicios y que parecen hoy mucho más poderosas, insidiosas, amenazadoras e implacables que entonces".