Domingo, 15 de Mayo de 2011

Las emergencias y el valor de lo público

JOAN SUBIRATS ·15/05/2011 - 08:00h

En momentos como los del terremoto de Lorca, uno puede darse cuenta de la significación de lo público. Alguien puede imaginar que la existencia de planes de emergencia y de coordinación de administraciones y organismos, la seguridad que proporciona una estructura de sanidad pública o la cobertura ante riesgos extraordinarios o catástrofes imprevistas que proporciona la entidad pública Consorcio de Compensación de Seguros es algo natural, que ocurre en todas partes.

Nada de eso. Tenemos ejemplos bien recientes que nos ilustran de lo que significa una lógica mercantilizadora y sus efectos. El caos que se originó en agosto del 2005, tras el enorme impacto del huracán Katrina en Nueva Orleans, dejó un enorme rastro de críticas tanto sobre la labor de prevención que podía haberse hecho como, sobre todo, en relación con la gestión de las ayudas a los afectados, que en su gran mayoría eran personas de color con muy pocos recursos.

El Katrina ilustra sobre lo que significa una lógica mercantilizadora

Faltó coordinación, se trató a los afectados como "refugiados", hubo una clara desatención hacia la gente más necesitada que, obviamente, dejaban sentir su voz de manera mucho menos potente en ese escenario de mala gestión.

El presidente Bush y su administración probusiness no dejó precisamente en buen lugar la capacidad de Estados Unidos para abordar ese tipo de situaciones en las que se pone a prueba la fuerza de lo público. Contrasta ello con la probada capacidad de Cuba y de su aparentemente frágil y burocratizado aparato administrativo para afrontar constantemente situaciones de riesgo catastrófico provocadas por los habituales huracanes del Caribe. No sólo logran trasladar a centenares de miles de personas en poco tiempo sino que son muy contadas las ocasiones en que hay muertes o heridos.

Un ejemplo más cercano, que ha sido asimismo objeto de todo tipo de análisis y de planteamientos críticos, es la gestión de la gran nevada que obligó a cerrar el gran aeropuerto de Heathrow en Londres el pasado mes de diciembre, dejando colgadas a miles de personas en todo el mundo. Como se comprobó posteriormente, la compañía privada que gestiona el aeropuerto, filial de Ferrovial, desatendió inversiones que se consideraban necesarias para afrontar situaciones de emergencia como las que se desencadenaron en toda Europa por la inesperada ola de frío glacial.

Tras Lorca habrá que analizarqué podría haber funcionado mejor

La prensa británica consideró, tras el incidente que dejo inutilizado el gran nudo del aeropuerto londinense, que no podía permitirse que infraestructuras de contenido estratégico y de interés nacional estuvieran sometidas a la lógica de la competitividad, ya que ello conllevaba decisiones que al final pagaban los ciudadanos, difuminándose las responsabilidades. Situaciones similares pueden darse en servicios públicos clave, como los relacionados con la energía o las telecomunicaciones.

En el caso de Lorca, una vez superado el comprensible y necesario esfuerzo inmediato de solidaridad y de ayuda a los afectados, no deberíamos olvidarnos de pasar cuentas sobre qué podría haber funcionado mejor, quién era responsable de ello y qué lecciones sacamos de todo ello desde el punto de vista de la gestión y el interés públicos. Manteniendo, al mismo tiempo, la tensión sobre el grado de cumplimiento de las promesas de unos y otros a los afectados, muchos de ellos inmigrantes con pocos recursos. En L'Aquila aún están esperando muchas promesas hechas por Berlusconi tras el terremoto de abril de 2009.