Sábado, 14 de Mayo de 2011

El hombre que baila a Morente y Lagartija Nick

Israel Galván llega al Festival de Otoño de Madrid con los espectáculos La curva y La edad de oro

PAULA CORROTO ·14/05/2011 - 13:22h

Graciela del Río - Israel Galván camina por las calles de Madrid.

Israel Galván (Sevilla, 1973) acaba de regresar de las Islas Reunión, en el oeste del oceáno Índico, muy cerca de Madagascar, donde ha recibido uno de los mayores aplausos de toda su carrera. "Nos hemos encontrado con uno de los públicos más entusiastas", confirma el bailaor por teléfono a este periódico. Un frenesí flamenco entre playas de arenas blancas y cocoteros.

A este éxito transoceánico se le suma en los últimos días el premio Max al mejor intérprete masculino de danza por la pieza Israel Galván vs Los 3.000, que se representó en el Price el año pasado. Y ahí no acaba la explosión de este bailaor,  que empezó a curtirse "de chico" en los tablaos sevillanos hace ya más de dos décadas: durante los próximos días será una de las estrellas del Festival de Otoño de Madrid con su nuevo espectáculo La curva (a partir del uno de junio en Las Naves del Español) y una revisión de La edad de oro (este sábado en el Auditorio de Getafe). Gerard Mortier, director del Teatro Real y un águila para hallar valores vanguardistas, ya le ha fichado para una obra que se estrenará en diciembre de 2012. Galván, el chico que empezó a admirar con la misma emoción a Enrique Morente y a los Lagartija Nick, ha alcanzado la madurez artística.

"Soy un bailaor que está siempre yéndose a la guerra. Siempre en tierra de nadie"

"Tengo 37 años  y lo que me pide ahora el cuerpo es disfrutar del baile de otro modo. Siento que ya ha pasado mi baile más físico y que avanzo hacia lo espiritual. Pero sin renunciar al riesgo. Si no, no sería yo mismo. Soy un bailaor que está siempre yéndose a la guerra. Siempre en tierra de nadie", comenta el creador, que desde sus inicios como coreógrafo en 1998 ha sabido conjugar con mucha destreza la tradición más pura del flamenco y la más absoluta vanguardia en piezas como la kafkiana La metamorfosis, la apocalíptica El estado de las cosas y la minimalista Solo

Su última obra, La curva, que fue estrenada en el prestigioso teatro suizo Vidy-Lausanne, y ahora se podrá ver en Las Naves del Español, es precisamente un homenaje a su sino artístico. A esa sensación adrenalítica de estar siempre al borde del precipicio. Y es una forma también de cerrar el círculo a esta etapa con la cual ha dado su salto definitivo. "La obra es la curva de mi vida profesional, que siempre ha ido desde el lado del flamenco ortodoxo, en el peso de la tradición que sé que tengo que llevar, y desde ese otro lado que significa un baile más  libre", señala el bailaor, quien afirma no quedarse ni con el flamenco tradicional ni con el más innovador: "Lo que más me gusta cuando bailo es cuando se unen la cabeza y el corazón, esa parte más estructurada y la otra, más libre, más abstracta", reconoce.

Pasional e imaginativo, en sus coreografías Galván se atreve a lanzar sillas al suelo tras haber construido con ellas una especie de torre, o a mancharse de tiza mientras zapatea, como sucede en la pieza Solo. "Lo de las sillas es una idea que vi en una película de Vicente Escudero. Cuando se recogían los bares después de un baile se tiraban las sillas. Eso producía un sonido percuvisivo que me pareció muy interesante. Quizá en mis espectáculos me arriesgo a presentar ideas y ver luego cómo resultan", explica.

Propuestas extremas

En La Curva, el bailaor pone en escena dos propuestas extremas: una cantante jonda, Inés Bacán, y una pianista suiza de música contemporánea, Sylvie Courvoisier. "Quería trabajar con dos sensibilidades de mujer. Con la madre y con la novia. En este caso, una de ellas simboliza la tierra y la otra, el aire", sostiene. Como un paso más hacia el despojamiento de los pilares puros flamencos –Solo era casi una oda al minimalismo del baile–, la obra no cuenta con  guitarras. "Me gusta que las cuerdas del piano también puedan coger esa curva y suenen como un grajeo, como si fuera un piano jondo", admite el bailaor.

Pero en este equilibrio entre lo vanguardista y lo ortodoxo, Galván no puede evitar las enseñanzas de sus predecesores. Su espectáculo La edad de oro, que interpretó por primera vez en 2005, es un aplauso a los artistas flamencos de finales del siglo XIX y  principios del XX. Un espectáculo que suele repetir cada cierto tiempo, "aunque siempre con una manita de pintura, le cambio algunas cosas y le dejo otras", dice. Ahora cree que el flamenco también vive una edad de oro –, aunque, desgraciadamente, según él, ha perdido a uno de sus artistas más notables: Enrique Morente. "Él me hizo la música de La Metamorfosis y desde el principio me acogió con cariño. Yo le tengo como referente. Y ojalá llegue a ser como él, no solo en lo profesional, sino en lo personal", confiesa.

Quizá un paso en este acercamiento a Morente ya lo haya dado con su nuevo espectáculo en el Teatro Real, una coreografía en la que ha puesto todas sus energías. "En este caso, además, no quiero coreografiar por coreografiar, sino estar más cerca de los artistas, apoyarme en ellos. Pero lo que quiero es ser yo mismo. No voy a cambiar porque me invite", zanja.

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