Sábado, 14 de Mayo de 2011

El socialismo, en manos de Dios

El PSOE andaluz necesita un milagro

·14/05/2011 - 08:00h

La campaña socialista languidece en Andalucía como una distinguida dama victoriana que contemplara con perplejidad y desgana un mundo que ya no comprende del todo, pero que todavía no ha sustituido completamente a aquel mundo de antaño donde, en fechas como éstas, ella se exhibía en los mejores salones y cosechaba los elogios de tantos admiradores que hoy parecen haber desaparecido. Las campañas ya no son lo que era. Los mítines ya no son lo que eran. Los votantes ya no son lo que eran. Y algo peor: no sólo no son lo que eran, sino que además ya no son los que eran. Ahora son más mayores, menos numerosos y bastante escépticos.

El clima y la asistencia al mitin que organizó esta semana el PSOE en la barriada sevillana del Parque Alcosa no eran un buen augurio para la candidatura que encabeza Juan Espadas. Pese al atractivo cartel formado por José Antonio Griñán, Carme Chacón y el propio Espadas, el público no llenó a reventar. Había demasiados claros alrededor del apenas millar de simpatizantes que acudieron. La engrasada máquina del partido en Sevilla parece necesitar una revisión a fondo. Ni siquiera se veían vecinos en los balcones, asomados aunque sólo fuera para cotillear un poco.

La asistencia y el clima del mitin del Parque Alcosa no son buen augurio

El público sólo parecía entusiasmarse cuando oía mentar a Felipe Gónzález, en otro tiempo apodado Dios por sus compañeros. Andalucía todavía es tierra felipista. Y guerrista también. Eso es muy bueno para el pasado, pero no tan bueno para el presente. Y, sobre todo, letal para el futuro.

A los socialistas les queda únicamente una semana para hacer que la sangre corra de nuevo con brío por los lánguidos corazones de sus votantes. La masa socialista, en otro tiempo joven y arrolladora, compone la triste figura de la dama recluida en un rincón de sus arruinados dominios y sitiada por unas hordas convencidas de que ha llegado su hora.

Los socialistas deberían soltar a Felipe González y a Alfonso Guerra por esas plazas de Dios, a ver si ellos logran reanimar a la vieja dama victoriana. En realidad, sólo un milagro puede salvar al PSOE, pero los milagros son cosa de Dios y, como todo el mundo sabe, hace demasiado tiempo que Felipe dejó de ser Dios.