Sábado, 14 de Mayo de 2011

Urnas rotas

·14/05/2011 - 08:00h

J­aime Lissavetzky y Ángel Pérez tienen un rasgo común: son candidatos de urna rota. Ni siquiera podrán ser oposición responsable. Es imposible hacer oposición responsable ante mayorías irresponsables, y las absolutas siempre lo son. Por lo demás, nada que ver. Lissavetzky es el Real y Pérez el Atleti. Lissavetzky nació políticamente en la Moncloa pija, y Pérez fue parido en el barrio de Pacífico cuando aún era arrabal del sub-Madrid: descampados, calós navajeros, hogueras neumáticas en la noche y, después, con la modernidad, yonkis y putas de vía de tren. Nada que ver con ahora.

Pérez respira rodeado de amor, todos lo quieren, yLissavetzky vive y muere asaetado de rencores. Es el San Sebastián socialista de Madrid.

Tomás Gómez no le perdona que apoyara a Trinidad Jiménez, y le clava dardos en el pecho cada vez que Lissavetzky airea un pezón. Alberto Ruiz-Gallardón, con un rencor más turbio, se los clava por la espalda: le culpa de la derrota olímpica madrileña. El decreto Lissavetzky sobre dopaje convertía a España, según vocearon miembros del COI, en el paraíso de la aguja en vena para deportistas poco honrados. Así que adiós Madrid.

Lissavetzky es un gentleman five o´clock, culto y dandi, que de gran estadista se va quedando solo en envoltorio, pues sabemos que su programa será incumplido a puerta gayola en cuanto lo manden los mercados. Por lo demás, un tipo cojonudo. Ángel Pérez, como su nombre indica, representa ese Sor Buenismo rojo total que duerme como Angelito por las noches, pero que pierde en plan Pérez las elecciones de por la mañana.

Es tan sorbuenista que ayer, chateando en este periódico, reconoció que no lleva programa: "No hay posibilidad de inversión sin nueva financiación. Por eso no prometemos nada". Es tan honesto que no oculta que, si Madrid fuera Camelot y le votaran, agotaría sus cuatro años de alcalde sin poder hacer otra cosa que cantar La Internacional en el Metro para mendigar las perras de la deuda cosmo-gallardónica.

Lissavetzky encarna ese socialismo high standing de sólida formación intelectual y menos sólidas convicciones morales, socialismo de chalet y martini en el Ritz que nace en Felipe y no muere nunca. Una pizca de pelotazo cuando el ladrillo empieza a hervir y una cucharadita de OTAN Sí cuando hay que rehogar a bombazos atómicos Afganistán.

Pérez, su dioscuro, no quiere ser víctima paradigmática del voto útil, ese que solo ha servido para encumbrar a tanto inútil. Pero da lo mismo, compañero. La izquierda fabrica aquí las urnas rotas. Madriles iacta est.

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