Sábado, 14 de Mayo de 2011

De las fiestas populares de África a las pistas de baile europeas

Congotronics vs Rockers, que une músicos del Congo, EEUU, Argentina y Suecia, inician gira por España

CARLOS FUENTES ·14/05/2011 - 19:00h

El supergrupo volverá en julio al Festival de Benicàssim.

Cuando la música africana daba señales de agotamiento, dos productores belgas buscaron a principios de siglo una alternativa al empacho de ritmos tradicionales. Marc Hollander y Vincent Kenis viajaron a un país en ruinas, la República Democrática del Congo, para indagar en ritmos que ampliaran el público de la música étnica. En 2004, sin hacer mucho ruido, el sello Crammed editó el disco Congotronics, de los desconocidos Konono Nº1.

La reacción a la letanía de distorsión interpretada con likembé, un piano de pulgar fabricado con una caja de madera barata y pestañas de latón reciclado, grabada a pelo con altavoces viejos, fue estruendosa. De repente, Björk quiso ser africana y llamó al grupo de Kinshasa para grabar Volta. También festivales de pop electrónico se rifaron al grupo del septuagenario Mawangu Mingiedi.

Siete años después, la audacia ha vuelto a repetirse: Konono Nº1 lidera el proyecto Congrotronics vs Rockers, donde el techno africano se mide con sonidos rock de la argentina Juana Molina, los californianos Deerhoof y los suecos Wildbirds & Peacedrums.

En el proyecto están Konono nº1, Juana Molina y Deerhoof, entre otros grupos

"Intentamos crear un lenguaje común, construir puentes entre dos mundos. Es un objetivo ambicioso, pero es posible", explica Marc Hollander horas antes de llegar hoy a Madrid con una gira que volverá en julio al Festival de Benicàssim. ¿Y existe conexión entre la polirritmia del Congo y el pop contemporáneo? "Sí y no", admite Hollander. "Konono Nº1 quiere modernizar su música tradicional y su sonido tiene semejanzas con el rock, sobre todo por la distorsión", añade el productor belga, que apela a la revisión de Congotronics que el año pasado editó con versiones de artistas como Animal Collective, Andrew Bird o Glenn Kotche, el baterista de Wilco. "Tuvimos mucho éxito y decidimos dar un paso más en esa dirección, ahora en vivo, con esta colaboración cara a cara".

A esta genuina alianza de civilizaciones se apuntó la argentina Juana Molina, cuyo ambient vocal se antojaría aceite para el agua fresca de Congotronics. Nada que temer, asegura esta hija de tanguero. "Siempre es más interesante intentar algo nuevo que recrearte en lo que ya existe. Ahora hemos revisado un par de canciones y han adquirido aromas distintos", explica la autora de Tres cosas, sin negar que no fue sido cosa fácil. "El principal dilema que se presentó fue cómo resolver los compases de nuestra música común: ellos trabajan con uno por tres y nosotros solemos hacerlo en dos por cuatro, así que buscar un punto de encuentro dio muchos dolores de cabeza. Pero Konono Nº1 y Kasai All Stars nos han regalado todo su empeño y al final lo logramos". Hizo falta un intercambio de propuestas musicales a través de Internet y una sesión de ensayos realizada durante una semana de pruebas en Bruselas.

Un funeral bailado

"Intentamos crear un lenguaje común, construir puentes entre dos mundos"

Músico de largo recorrido desde que en 1977 formó el grupo de avant-rock Aksak Maboul, Hollander reconoce que la influencia urbana de Kinshasa, una de las ciudades más cosmopolitas, ruidosas y violentas de África, ha jugado un papel fundamental en el invento. "Konono Nº1 empezó haciendo músicas tradicionales, pero al trasladarse a la capital se vio obligado a amplificar sus instrumentos para lograr que el público pudiera entenderlos. Y como resultado apareció una música con mucho groove, casi punk-rock o electro-punk.

Es maravilloso que una música concebida para acontecimientos sociales como fiestas populares o funerales haya terminado por convertirse en la preferida para bailar de la gente joven en Europa y EEUU. ¡Es casi un milagro!", exclama.

Hollander ya trabaja en la grabación de un disco con los artistas participantes en la gira Congotronic vs Rockers junto a grupos de nuevo cuño como Skeletons, Hoquets y la cantante Maia Vidal. "No tenemos un plan, más bien funcionamos siempre por impulsos en función de nuestra curiosidad. Y este es un proyecto con el que había soñado desde hace años".