Miércoles, 11 de Mayo de 2011

Los ciclistas cargan contra el Giro

Denuncian que las grandes rondas han sacrificado la seguridad

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·11/05/2011 - 00:05h

Los corredores del Leopard, compañeros de Wouter Weylandt, y el estadounidense Tyler Farrar, cruzan la meta de la cuarta etapa del Giro de Italia. EFE

La versión oficial dice que los participantes en el Giro renunciaron ayer a la batalla en memoria de su compañero Weylandt —ciclista belga de 26 años fallecido el lunes tras una brutal caída durante el descenso del Passo di Bocco—, pero muchos también se lo tomaron como un acto íntimo y respetuoso de reivindicación ante las precarias condiciones de seguridad en las que habitualmente se ven obligados a ejercer su profesión.

Alfonso Triviño, secretario general de la Asociación de Ciclistas Profesionales es categórico: "A la UCI (Unión Ciclista Internacional) le interesa más el espectáculo, el morbo, que la seguridad. Los organizadores tienen que cumplir un reglamento donde se especifican unas normas que, desgraciadamente, durante muchas etapas de las rondas no se cumplen. A grandes rasgos, zonas como estrechamientos de calzada o curvas peligrosas tienen que estar debidamente señalizadas con banderas amarillas e incluso con la presencia de agentes".

"A la UCI le interesa más el morbo", denuncia el sindicato de corredores

"En el Tour, sin ir más lejos, estamos cansados de denunciar la peligrosidad de las rotondas, y cada año se sigue pasando por ellas añade Triviño. Y los seguros federativos que cubren los accidentes son muy deficitarios. Tanto, que no es la primera vez que nadie se hace cargo del ciclista herido, ni la organización de la carrera ni la Federación del país por el que discurre".

La indignación del secretario de la organización que agrupa a los ciclistas españoles (y a los extranjeros que militan en equipos españoles) crece a medida que habla: "Hay que convencer a la UCI para que fiscalice las carreras y sea más exigente con los organizadores. Que los ciclistas dejen de ser los payasos en un circo romano".

Triviño reconoce que en España la situación es "algo mejor" que en otros países. Pone la Vuelta a Burgos como modelo —"mientras que la mayoría hacen un simple croquis del recorrido del que debes fiarte por mera buena fe, en Burgos elaboran un libro muy detallado, punto por punto y foto a foto"— y, como reverso, recuerda lo sucedido en una llegada de la última Vuelta a Andalucía: "No habían previsto que el viento se llevara unas pancartas de cartón mal ancladas, que acabaron provocando una caída masiva".

"No puede ser que los ciclistas sean los payasos en un circo romano», añade

Como quiera que es imposible inspeccionar previamente los cientos de kilómetros de los que constan las rondas ciclistas, el proceso es siempre a posteriori. Es decir, se esclarecen los hechos, se dilucidan responsabilidades y, en no pocos casos, es la Justicia ordinaria la que acaba dictando sentencia condenatoria contra los responsables. "Nosotros solemos enviar nuestras quejas o informes a la Asociación Internacional de Ciclistas, quienes a su vez se lo comunican al Consejo de Ciclismo Profesional, que es el encargado de insistir, con escaso éxito, ante los organizadores —explica Triviño—. La UCI no esconde su escasa preocupación por la seguridad y pretende prohibir los pinganillos mediante los cuales se avisa a los ciclistas de cualquier incidencia. Los corredores se plantaron por ello en la Vuelta a Mallorca, y el organismo internacional amenazó con sanciones e incluso con suspender la prueba".

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