Miércoles, 11 de Mayo de 2011

"Después de Fukushima, no hay argumentos"

Un documental y un recital recuperan la figura del poeta y filósofo Gary Snyder

PEIO H. RIAÑO ·11/05/2011 - 07:00h

El poeta visitó el año pasado su casa de la infancia en la zona del Lake City de Seattle. AP Photo

Gary Snyder es el poeta que subió una colina y bajó una montaña. Cuando hace 60 años se aupó a su primera torre de incendios, a los 22 años de edad, en el parque natural de North Cascades en Washington, frontera con Canadá, una página en su biografía se dobló. Como no pudo renovar su contrato de guarda forestal, se fue a San Francisco, donde conoció la filosofía zen, abandonó sus estudios de antropología, cursó estudios de arte oriental y empezó a escribir su poemario cardinal, que tardó en completar 40 años absorbido por el budismo y la cultura china: Mountains and Rivers without End.

Ya en su primer libro, Riprap (1959), Snyder escribe con las botas de montaña puestas sobre sus experiencias en Yosemite. Poco después, el crítico Kenneth Rexroth, en la antología Poesía americana del siglo XX, observa que el poeta "propone una nueva ética, una nueva estética y un nuevo estilo de vida". Ahí se describía al joven autor como un "técnico consumado", con un "estilo seguro y flexible, capaz de manipular cualquier material". Los elogios llegaron a oídos de Allen Ginsberg y a sus chicos Beat, que le adoptaron de inmediato.

"El ser humano no tiene ni idea de con lo que está jugando", señala

Era el lado exótico y rural de aquel comando urbanita desbocado, un tipo que hablaba a Jack Kerouac y Neal Cassady de espiritualidad, que escribía contra el asalto a la naturaleza del hombre y utilizaba la métrica china y los haikus como herramienta de su voz poética. En el camino tuvo tiempo para apartarse de ellos y seguir acercándose a los osos, los halcones y las montañas. Hasta convertirse en un referente fundamental en la literatura norteamericana, a cuyo valor poético se suma la solidez de su ideario intelectual y moral.

De manera premonitoria, avisó de que EEUU, Europa y Japón tenían un hábito insostenible: "Son adictos al uso masivo de energía, a grandes tragos e inyecciones de combustible fósil []. Pondrán en juego la futura salud de la biosfera (con el uso de la energía nuclear) para conservar su costumbre", apuntaba en 1974 en Turtle Island, ensayo con el que logró el Premio Pulitzer de 1974. Parte de aquel escrito está incluido en el único libro publicado en España, por Árdora Exprés, bajo el título La mente salvaje.

Energía sin control

De esos apuntes vienen estos titulares: "El ser humano no tiene ni idea de con lo que está jugando", contestaba el poeta a este periódico desde su casa en la sierra nevada de California, cerca de Nevada City, al preguntarle por la catástrofe nuclear de Japón. "Incluso los científicos apenas saben lo que tienen entre manos. Robert Socolow, profesor de la Universidad de Princeton y uno de los más notables expertos atómicos, dice que, a pesar de los excelentes argumentos a favor de la energía nuclear como fuente de energía inagotable, está claro que los seres humanos no pueden manejar las complejidades y responsabilidades que conlleva. Después de Fukushima, no hay argumentos".

"EEUU, Europa y Japón son adictos al uso masivo de energía", escribe 

Este jueves aterriza en España, en su segundo viaje a un país que no le reconoce su vasta producción, para recitar, tras la proyección de un documental sobre su vida, en La Casa Encendida de Madrid y luego en Barcelona. Sin restarle categoría, el ecopoeta Snyder denuncia el crecimiento incontrolado y la naturaleza entendida como enorme depósito de suministros ¿Cree que la poesía puede parar este tren desbocado? "Uno: si no hay nada más, relájate y disfruta. Dos, imagina que hubiera alguna forma de reducir la marcha y pararlo, implica una forma de pensar nueva. Si eso no es posible Tres, busca alguna manera de apearse. Y si eso no es posible, uno: ayuda a los demás a apreciar el viaje y sus vidas. Recuerda que todo es efímero y que la misión de nuestra vida es ser conscientes", dice.

El panorama no es nada alentador, quizás lo mejor sea huir a las montañas... "¡Cielos, no! Las pobres montañas no necesitan otra invasión de gente despistada de la ciudad. Necesitamos volver a aprender a cultivar, vivamos donde vivamos", contesta. Su idea de "verdadera contracultura" es "crecer con menos".

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