Martes, 10 de Mayo de 2011

Gallardón presume de deuda ante las críticas de PSOE e IU

El candidato del PP a la alcaldía saca pecho por su gestión: "Hemos hecho bien las cosas"

YOLANDA GONZÁLEZ ·10/05/2011 - 01:11h

Jaime Lissavetzky (PSM), Alberto Ruiz-Gallardón (PP) y Ángel Pérez (IU), en un instante previo al debate de anoche. telemadrid

De aperitivo, deuda. De primer plato, deuda. De segundo, deuda también y de postre, deuda. Cómo no. Este fue el menú y el hilo conductor del debate electoral que anoche mantuvieron en Telemadrid los candidatos al Ayuntamiento de Madrid por IU, PSOE y PP. Ni Ángel Pérez (IU) ni Jaime Lissavetzky (PSM), con más insistencia, quisieron perder la oportunidad de echar en cara al alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, que lleve las riendas, y las siga queriendo llevar, del consistorio más endeudado de España. Los últimos datos hablan de 6.453 millones de euros, el 25% de la deuda de los 8.116 ayuntamientos de España.

En esta ocasión, a diferencia del debate del domingo entre los candidatos a la Comunidad, todos los cabeza de cartel pudieron contraponer sus ideas entre sí compartiendo escenario. Pero en un formato muy encorsetado.

El primero en abrir la veda y mentar la palabra tabú para el equipo de Gallardón fue el socialista Jaime Lissavetzky. Sin anestesia -no podía perder el tiempo porque cada intervención era de tres minutos- le espetó que el "principal problema" y el "lastre" que tiene Madrid es la deuda. "Se ha multiplicado por cinco. Un madrileño debe tres veces más que un barcelonés o un sevillano", continuaba. "Hay que gastar lo que se ingresa y hacer lo que se pueda pagar", decía. Mientras, al alcalde no se le mudaba ni el gesto. Quizá, porque la de ayer no era la primera vez que tiene que dar la cara por ostentar el título de campeón de la deuda en España. Y es que él, un político llamado a ocupar grandes responsabilidades dentro de su partido, según cuentan sus compañeros en el PP, ya tiene muy interiorizado el contraataque.

La receta es como sigue: unas dosis de culpa al Gobierno de España por su gestión económica, otra de asegurar que Madrid se resiente menos de la crisis que el resto de ayuntamientos y una gran dosis de orgullo porque, según sostiene, las inversiones que han servido de autopista para la deuda hacen que la ciudad sea mejor. Ayer, siguió la receta a rajatabla. Y concluyó, también sin mudársele el gesto, que él y su equipo han hecho "bien las cosas".

Pérez, que estuvo más acertado y ágil que Lissavetzky, intentó herir al conservador rascando en dos de sus proyectos estrella: Madrid-Río y el Palacio de Cibeles, sede del consistorio. Y previendo que Gallardón iba a salirle por el lado estético, se anticipó: "Ya me dirá usted que han quedado muy bonitos. Claro, con los 900 millones que ambos proyectos han costado ya podría quedar bonito". El toque humorístico lo puso sobre Madrid-Río, por donde Gallardón había estado montando en bicicleta por la mañana junto a algunos miembros de su equipo.

Para Pérez, Madrid-Río "no es un río, sino el estanque de patos más grande de Europa". Hecha la broma, llegó la reflexión seria. Y trufada de datos: si en estos proyectos estrella Gallardón ha invertido 900 millones, en los 128 barrios más necesitados de Madrid la inversión dista mucho de esa cifra. El candidato de IU la dio: 240 millones.

Respecto a Cibeles, el alcalde buscó poner nervioso al socialista diciendo que el proyecto estaba en el programa de su compañera de partido Trinidad Jiménez. Algo a lo que Lissavetzky contestó con un "me da igual de quién sea la idea. No me gusta".

Y Gallardón, que no se había divertido mucho porque el debate fue muy plano, intentó hurgar en la herida del PSM preguntando al socialista si se hubiese atrevido a criticar un proyecto de la actual ministra de Exteriores si esta hubiese ganado las primarias a Tomás Gómez.

Guerra de cifras

En materia de políticas sociales, las fuerzas de izquierda intentaron acorralar al alcalde acusándole de haber recortado presupuesto. Gallardón lo negó. Y Lissavetzky, cansado de escuchar tantas críticas al Gobierno central, contrapuso el gasto en política social del Ayuntamiento al del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. También afearon ambas formaciones la política de vivienda, la medioambiental y la cultural del actual gobierno municipal.

Para la despedida, llegó el momento de pedir el voto. IU, para "acabar con la resignación". Lissavetzky, para "hacer visibles todos los barrios de Madrid y poner por delante los ciudadanos de los túneles". Y el alcalde optó por una invitación a sus rivales: la de que le ayuden a crear 150.000 empleos, su promesa estrella.

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