Martes, 10 de Mayo de 2011

Camps presenta su oferta cultural en un penal de Franco

La Generalitat no ha dado ni un euro a la memoria de las víctimas

SERGI TARÍN ·10/05/2011 - 01:00h

El president Francisco Camps con Rita Barberá durante la presentación. Juan Navarro

El antiguo monasterio de San Miguel de los Reyes es un mastodonte de granito en mitad de la huerta. El horizonte plano deja entrever el mar y los cultivos agonizan bajo la bota de cemento de la gran urbe. Ahora es la sede de la Biblioteca Valenciana, pero durante la oscura posguerra se habilitó como campo de concentración. Tras sus muros se hacinaron más de 6.000 presos, cuando la capacidad del penal era de 500. Allí se torturó y asesinó hasta bien entrado el franquismo. Y es allí donde Francisco Camps presentó ayer el programa cultural de su partido.

La elección del viejo presidio escoció entre las asociaciones que trabajan con la Memoria Histórica. "Es la segunda bofetada en dos días", se quejó a este diario Matías Alonso, de la fundación Societat i Progrés. La primera "torta" es un mitin de Camps este sábado en el que recordó su infancia y lamentó que Zapatero no haya recibido "la ternura y el cariño que normalmente le transmiten los abuelos a sus nietos". La frase sonó como el estruendo de una bala, ya que el abuelo del presidente del Gobierno que era guardia de asalto fue fusilado por Franco por mantenerse fiel a la República.

Más de 6.000 presos se hacinaron tras los muros del escenario elegido por Camps

Indignación entre las víctimas

En el País Valencià, según el historiador Vicent Gabarda, hay 4.714 ejecutados. La mitad están enterrados bajo el manto de tierra y cal de las decenas de fosas del cementerio de Paterna. Gabarda cuenta que se escogió esta localidad por su proximidad a Valencia y porque contaba "con extensas instalaciones militares que facilitaban una cierta discreción para el asesinato". Aún así, el sonido de los tiros de gracia reptaba hasta las cuevas cercanas, donde vivía la gente humilde y donde aún se recuerda el gruñido del motor de los camiones repletos de prisioneros que a diario llegaban al pueblo.

Uno de aquellos fusilados es Ernesto Silvestre Coves. Su nieto, Josep Vicent González, como Zapatero, tampoco disfrutó del cariño y la ternura del abuelo. Ni de la abuela, que falleció al poco tiempo por un paro cardiaco. "Eso me han contado, pero yo creo que murió de tristeza", puntualiza. Su madre y sus tíos quedaron huérfanos y gracias al enterrador de Paterna, que se convirtió en el tutor de todos, no acabaron en un orfanato. "Es una historia triste, pero también de supervivencia y de orgullo. Aunque no lo conocí personalmente, me ha transmitido el respeto por los valores que defendió y que le llevaron a la fosa", explica González, que durante años ha recopilado cartas, fotografías y documentos y ha reconstruido a través de un libro la historia del abuelo.

La elección de este enclave escoció a las asociaciones de la Memoria Histórica

"El mundo al revés"

No es la primera vez que Camps dispara por la boca contra la Memoria Histórica. En una sesión de control tachó de "ruptura de la concordia" la ley que legisla esta materia. De hecho, desde la Generalitat no se ha destinado ni un euro a exhumaciones o a la reparación moral de las víctimas. En cambio se mantienen calles con nombres franquistas y se han editado manuales para inmigrantes donde se explica la Segunda República como una época de "quema de edificios religiosos y asesinatos" y la dictadura como un periodo "de desarrollo económico". Visiones que aturden y alarman a historiadores como Ricard Camil Torres, para quien "el revanchismo se premia con mayorías absolutas como la de Camps y se persigue a jueces como Garzón, que buscan la reparación de la víctimas".

Noticias Relacionadas