Lunes, 9 de Mayo de 2011

A cara de perro

El resentimiento indecente de Camps

ALFONS CERVERA ·09/05/2011 - 08:20h

Lo decía ayer en estas páginas mi querido Luis García Montero. Ninguna campaña electoral debería de hacernos malas personas. O al menos, no peores personas de lo que ya somos. La vida cotidiana nos hincha a sobresaltos y cuántas veces cruzamos de acera para no encontrarnos con nuestro enemigo. O con alguien que se le parece. Las honrosas palabras de mi amigo se quedan en la orilla de los deseos hermosos. Porque al girar la esquina te encuentras con el escupitajo del otro.

Me llama la atención un detalle: en las fotos que envían los partidos a las redacciones destaca la sonrisa profidén de sus candidatos. Un paisaje de tarde escolar, como cuando éramos cagones y la tía Inés nos sacaba en Gestalgar a jugar por el monte, cargada la buena mujer con la fruta confitada y su vocación de maestra sin título en los tiempos del hambre y el magisterio rojo depurado por los abuelos de Camps y los suyos.

Se quedó tan ancho Camps al referirse sin ningún pudor al abuelo de Zapatero

Hablaba de las fotos llenas de sonrisas inocentes en campaña electoral y me sale la herencia rencorosa de quienes tuvieron la posibilidad de jugar con sus abuelos y no como Zapatero y tantos otros críos, unos críos que crecieron preguntándose por el luto perpetuo y la tristeza de la abuela y por el retrato de un hombre joven colgado en las vigas del silencio familiar como si la memoria no tuviera nombre. Se quedó tan ancho el candidato imputado por corrupto (¿he de poner aquí "presuntamente"?: estoy hasta el gorro de tanto miramiento con determinados individuos) al referirse sin ningún pudor, insultantemente, al afecto que el presidente del Gobierno no pudo tener de su abuelo fusilado por los franquistas.

Las fotos que envían los partidos a las redacciones de los medios son el relato fantasioso de una realidad que se hace trizas cuando sus protagonistas salen del papel y se convierten en hombres y mujeres dispuestos a lo que haga falta para lograr la victoria. Unos y otros deberían saber que todo no vale. Cambiar la sonrisa inocente por la cara de perro es como fabricar una criatura que como la de Víctor Frankenstein acabará volviéndose en su contra.

Vuelvo a las palabras de Luis para cerrar las mías. Las elecciones son un momento precioso para sacar al aire lo mejor de nosotros, para destripar el lenguaje y enriquecerlo con un artificio que nunca habría de ser el de Camps y su resentimiento indecente, para no tener que cambiar de acera cuando viene de frente el enemigo. O alguien que se le parece.