Domingo, 8 de Mayo de 2011

Nadie discute el reino de Obradovic

El técnico serbio gana su octava Euroliga

GERMÁN ARANDA ·08/05/2011 - 23:00h

AP - El Panathinaikos levanta la copa. -

Entre las numerosas banderas del Panathinaikos que poblaban la grada del Sant Jordi, las más llamativas mostraban la cara de Obradovic como si de un icono político se tratara. Razones tienen para idolatrar a un técnico que ha conseguido cinco de las seis Euroligas que tiene el club en sus vitrinas. Además, el serbio no se olvida de quienes estuvieron a su lado: dedicó su triunfo al fallecido padre de José María Izquierdo, que fue ayudante suyo en el cuerpo técnico del Joventut. Que Obradovic es un hombre querido lo demuestra también el hecho de que el primero en felicitarle en el vestuario fue el extécnico madridista Messina.

Al mando del Panathinaikos agrandó su leyenda ganando su octava Euroliga, las mismas que ha cosechado el equipo más laureado, el Madrid, en toda su historia. Él estaba en el banquillo la última vez que se coronó el conjunto blanco.

El Panathinaikos transmitió a la perfección durante todo el encuentro la tranquilidad, y el perpetuo control de situaciones y emociones del técnico serbio. Si a falta de un minuto y medio el Maccabi acortaba diferencias y encendía a su afición (64-69), el Panathinaikos respondía haciendo circular el balón con velocidad y asistiendo a Batiste (que se merendó los tableros) para que anotara fácil después de una puerta atrás.

Como ya hizo en semifinales, el conjunto griego atacó con gran eficacia las presiones rivales en los momentos de riesgo. Al mando un gran Diamantidis, MVP de la final, que a día de hoy podría enseñar muchísimas cosas a Ricky.

En el inicio, el Panathinaikos cargó el juego interior y Schortsanitis se fue pronto al banco con dos faltas. Baby Shaq, como sucedió en la última final ante el Barça, acabó el encuentro casi inédito. Siempre dominó Panathinaikos, pero Maccabi se vivió gracias al acierto exterior de Eidson, Pnini y Blu. En la reanudación, dejaron de dominar también esa faceta cuando empezaron a enchufar triples los americanos Sato y Drew y al Maccabi se le apagó la luz.